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Hay quien le cuenta a su médico de cabecera “que lo está pasando muy mal porque sus padres se están separando”, “que sus hijos le dan mucho trabajo”, “que está nervioso porque en su trabajo las cosas están regular y están echando gente”. ¿Por qué se le cuenta a un médico esas cosas?

Hay quien le cuenta a su abogado “que se siente muy mal por su separación y no saben qué hacer y que no saben cómo van a salir de esa”, “que no duerme porque tiene unos vecinos ocupas muy escandalosos”, “lo canalla que es su jefe que es un mentiroso y lo hipócritas que son sus compañeros”. ¿Por qué se le cuenta a un abogado esas cosas?

Hay quien le cuenta al profesor de su hijo “que lo está pasando regular económicamente”, “lo harto que está de su marido porque no ayuda en casa”, “que se siente decaído porque sus padres están muy mayores y están enfermos”. ¿Por qué se le cuenta a un profesor esas cosas?

Muchos de los sentimientos que experimentamos son efecto de una manera de pensar. La medicina trabaja con el cuerpo, el derecho con las leyes, y la enseñanza con el conocimiento. Ninguna de las disciplinas puestas como ejemplos trabaja sobre los pensamientos.

Muchas de las situaciones que se viven cada día pueden resultarnos incómodas no sólo por lo rocambolesco de la escena, sino porque nos despiertan un estado turbulento que no se alcanza bien a explicar de qué se trata ni por qué pasa. Esto sucede porque para los humanos nada es natural ni instintivo, todo es un proceso de aprendizaje que además está mediatizado por la palabra. No es así para los animales, ni tampoco para un bebé recién nacido. Esto hace que muchas experiencias sean vividas de forma extraña Ese sentimiento de extrañeza no siempre es bien acogido y produce ciertos desajustes. De esto tampoco sabe la medicina, el derecho o la enseñanza.

Según lo que estemos buscando, las cosas se las podemos contar a uno u otro profesional. Si lo único que buscamos es un desahogo, compasión, o darle la murga a alguien, tenemos que seguir contando nuestras cosas a quien no se debe. Si lo que queremos es saber un poco acerca de lo que nos está pasando y los sentimientos que eso produce, mejor hablar con un psicoanalista, así se produce una apertura y se puede hacer otra cosa con la vida.

 

Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Málaga