Acerca de las adicciones


No podemos dejar de ser dependientes
Pero si podemos elegir de qué ser dependientes


Para hablar de las adicciones hay que diferenciar entre salud y enfermedad. La sustancia en sí no es mala. Lo perjudicial es el uso que se hace de ella. Así no es lo mismo beberse una copa o drogarse y que no afecte en nada la vida del sujeto, que beber o drogarse hasta estropearse la vida, deteriorando las relaciones familiares y sociales, jugándose el puesto de trabajo o robando. El problema llega cuando la bebida, la droga se instrumentaliza, es decir, cuando se bebe o se toma droga "para olvidar los problemas", "para aparentar lo que no se es" o "para no afrontar la realidad". Desde este punto de vista, podría decirse que el origen de las adicciones es un disturbio emocional. Otra causa de la adicción es social.

Comúnmente se entiende por adicto a aquel que depende o necesita de alguna sustancia para vivir. Pero ¿de qué sustancia hablamos? ¿Sólo hay adictos a las drogas y al alcohol? ¿también puede pensarse en los adictos a fármacos, a ciertas personas, determinadas comidas, a perfumes…? Cuando alguien sólo se puede hacer las cosas de una determinada manera o bien es adicto o bien es perverso.

El humano nace inmaduro, sin otros se moriría. Es esa extrema dependencia la que lleva al niño a adjudicar a su madre una omnipotencia que él luego deberá hacer caer, y no es que la madre sea omnipotente, sino que el niño supone así a la madre. No poder desmitificar a la madre -por llamarlo de alguna manera- hace que el sujeto se relacione en esa especie de simbiosis con el mundo y las cosas. El sujeto de la adicción está atrapado en esa relación primaria. Así, sin Ella, la sustancia se muere.

La adicción es un síntoma que muestra la manera que tiene el sujeto de relacionarse con el mundo. Para el psicoanálisis, la adicción tiene un carácter compulsivo inconsciente, que lleva al enfermo a consumir esa sustancia que le es imprescindible para su existencia. Un impulso lo obliga a ello, no sabe vivir de otra manera. Esta compulsión es lo que forma el hábito y lo que la sociedad condena como tal.

Para el tratamiento de las adicciones hay que tener en cuenta el aspecto inconsciente de la mente humana, que al ser considerada permite ver la problemática psíquica y relacional. El psicoanálisis tomará la adicción como cualquier otros síntoma, en tanto formación del inconsciente. No le importan los hechos sino la manera en que el paciente los vive.


¿Sabías que…?
Amar la dependencia. Tanto para el marxismo como para el psicoanálisis el hombre es social, está en extrema dependencia con el otro. Si no hay una persona humanizada que lo acoja en los brazos no hay humanización posible, ni sociedad posible. Amar la dependencia, amar la dependencia que tenemos de los otros, al contrario de lo que se cree, protege contra la falta de autoestima, de los trastornos del deseo, el hastío, el enclaustramiento, la rebeldía, el pánico. Hay muchas patologías de las que se deriva una continua dependencia de los demás, y en realidad tienen que ver con la no aceptación de la imposibilidad de independencia, desde el principio está el otro semejante, no podemos dejar de ser dependientes, aunque sí podemos elegir de qué depender.