Radical

En el diccionario radical se define como extremoso, tajante, intransigente. ¿Debemos mantener posturas radicales? ¿o por el contrario, hay que ser menos radicales? En la vida se presentarán ocasiones para todo, a veces habrá que mostrarse radical y otras veces no tanto.

¿Cuándo conviene ser radical?
Si entendemos radical como persistente y obstinado en los propios deseos, objetivos, metas… siempre habrá cabida para esta cualidad. Ser insistentes en lo que deseamos no significa que haya que ser insistentes o inflexibles en los modos de conseguirlo. Por ejemplo, alguien puede querer ser profesor cueste lo que cueste. Pero ese costo no debe suponer sufrimiento, sino más bien ese coste debe suponer tenacidad, paciencia, creatividad: "si no puedo así lo voy a intentar de otra forma", "ahora no lo he conseguido pero como tengo toda una vida voy a seguir intentándolo". El que se mantenga tajante en sus propósitos, acabará alcanzando algo.

De ser exigente, sólo se puede ser con uno mismo. Nada se puede pedir ni esperar de los demás, para que no quepan decepciones. Si a alguien hay que pedir, sólo puede ser a uno mismo, fruto del compromiso con sus principios, su esfuerzo y su trabajo. Por eso, que si se trata de ser radical, tiene que ser respecto a uno mismo.

Un alto nivel de autoexigencia es una elección para personas que entienden que la vida es algo más que comodidad. La autoexigencia tendría que utilizarse para el propio bienestar y no como una imposición inflexible y autoritaria.

¿Cuándo conviene no ser radical?
Al hablar de radical, rápido se asocia a "blanco o negro", "lleno o vacío", "todo o nada". Muchas veces por mantener posturas extremas uno puede salir perjudicado, en el sentido de que hay mucha gente que se posiciona de la siguiente manera: o es como yo digo o nada. Por ejemplo, si yo no puedo llegar al inicio de una reunión que se celebra a las seis de la tarde, digo "no voy", en lugar de incorporarme a la hora que pueda. Otro ejemplo sería quien dice: o amas según mis criterios o eres un mal novio y te dejo. Si uno pudiera ser menos radical, podría pensar: no amas igual que yo, pero no eres tan mal novio y estoy bien contigo. Las personas radicales podrían intentar ver otras posiciones intermedias en vez de ir de un extremo a otro.

La conclusión es que hay que ser más tolerantes. Tolerantes no en los deseos propios sino en los modos de producción. Y tolerantes en los acuerdos, por aquella cuestión de mejor un poco que nada, siempre que el deseo esté puesto en esa actividad.