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La succión o el "chupeteo", que aparece ya en los niños de pecho y puede subsistir hasta la edad adulta e incluso conservarse, en ocasiones, a través de toda la vida. Es un acto al que falta todo fin de absorción de alimento, es decir se hace por placer. Incluso hay quien no se chupa el pulgar sino otro dedo o, incluso, los dedos de los pies. A veces, al mismo tiempo aparece un instinto de aprehensión, que podemos observar cuando los niños se pellizcan el lóbulo de la oreja, o cualquier otra parte del cuerpo de otra persona o incluso una mantita o elemento externo del que se hacen acompañar. El fin es puramente el placer que dicho acto depara al niño. La succión suele ayudar a conciliar el sueño o, incluso, produce una reacción similar a la naturaleza del orgasmo. Además, con frecuencia se combina con el frotamiento de determinadas partes del cuerpo como el pecho o los genitales. Muchos niños pasan así de la succión a la masturbación. Algunos padres y madres nos preguntan asustados qué hacer cuando ven que sus hijos no sólo se chupan el dedo, sino que también tocan alguna parte de su cuerpo. Frecuentemente se considera el "chupeteo" como una de las "mañas" sexuales del niño. Como saben la sexualidad infantil tiene que ver con la búsqueda de placer y la succión es eso, el descubrimiento de una acción muy placentera que el niño repite una y otra vez. No todos los niños, claro está, se chupan el dedo, ni todos lo realizan durante el mismo período de tiempo. Hay que suponer que llegan a ello aquellos niños en los que la importancia erógena de la zona labial está reforzada. ¿Qué hacer? Nos preguntarán los padres, ¿dejar que el niño y la niña se chupen el dedo hasta que dejen de hacerlo, que incluso hay personas que lo hacen durante toda la vida? ¿les reprimimos y le quitamos la maña? Como decíamos antes, este comportamiento puede conservarse durante toda la vida, aunque habitualmente se convierte en una conducta privada por la opinión social que pudiera despertar, lo que más refuerza la idea de que es un acto sexual. Si lo reprimimos, y nos volvemos insistentes con el niño, podemos ocasionarle una insatisfacción que puede ser perjudicial, pues como vemos ese acto satisface una necesidad que sólo encuentra esa forma. Muchos niños dejan de chuparse el dedo conforme van creciendo y queda como una anécdota, otros lo hacen cuando temen la risa de los compañeros, otros simplemente dejan de interesarse por esa conducta. Es habitual que muchas personas que se muestran inclinadas al exceso en la bebida o en el tabaco eran chupeteadores, es decir, que en ellos la zona labial jugaba desde siempre un importante papel. Si a esos chupeteadotes le hubiesen reprimido esa satisfacción en su momento, de mayores pueden padecer repugnancia ante la comida y vómitos histéricos.Justamente por la duplicidad de funciones de la zona oral, la represión se extiende a la alimentación. Desde siempre ha habido fórmulas para que el niño vaya aborreciendo o distanciándose de ese gusto: se untaban sustancias en el dedo del niño, se tiraban las mantitas, se le regañaba, pero lo que está claro que la única forma de dejarlo es sustituyéndolo por otro placer. Lo mejor será no obsesionarnos más si cabe que el propio niño, ir marcándole ciertos límites para que no se haga tan dependiente de esa conducta, para que pueda pasar sin ella, como también hay que hacerlo con el chupete, que muchas veces se utiliza en exceso para calmar al niño y luego cuesta mucho que renuncie a él. Cuando podemos tener distintas fuentes de satisfacción nos hacemos más libres, más que reprimir al niño y avergonzarlo, los padres deben inculcar valores saludables, uno de ellos, como digo, es aprender a diferir el placer. Explicando esto un poco más, todos tenemos que aprender que hay deseos que no podemos satisfacer de inmediato, el niño en un principio quiere calmar su necesidad rápidamente… poco a poco debe aprender que hay momentos y lugares adecuados para ello. Y con este simple esquema podemos ir renunciando a hacer algo que, pasado un tiempo, no nos dará el placer que nos daba con un añito, dos añitos.
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