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Corren tiempo modernos, y parece que tener más de un hijo es toda una proeza y un fenómeno extraño. Por pereza, por razones económicas, por razones laborales... por las razones que cada uno piense, la realidad es que en España cada vez hay más hijos únicos.
Por otro lado, es común que surjan dudas entre aquellas personas que deciden tener sólo un hijo: "¿no será un mal criado por no tener hermanos?", "¿no se sentirá muy solo?"... Los niños que no comparten su vida con hermanos, pasan por los mismos procesos psíquicos que los niños que sí tienen hermanos. ¿Cuáles son esos procesos psíquicos? Entre otros, descubrir que los niños vienen de padre y madre, porque aunque no vea a su madre embarazada ve a otras mujeres y la investigación acerca de su propio origen la hace igualmente; sentir celos y envidia por la llegada de un nuevo miembro familiar, porque todo niño tiene cerca algún primito o vecino que va a tener un hermanito. Alguien puede pensar que en el seno familiar, tener hermanos puede ayudar a aprender a defenderse, a luchar por lo suyo, a competir, puede llegar a ser más divertido... No digo que esto no sea cierto, pero salvo que pretendamos criar a nuestro hijo aislado del mundo, sin educación y sin límites, las posibilidades de desarrollarse se dan a muy temprana en edad entre los amigos, la guardería, familiares... El problema no es que haya hijos únicos, sino hijos solos, sin el calor y la paciencia de un cuidador. El desarrollo de un hijo único, como la de cualquier otro hijo, depende de la educación que le den sus padres. Tal vez tener un solo hijo pueda traer más problemas para los
padres que para los propios hijos. En el sentido de que a los padres
les puede generar sentimiento de culpa no haberle dado un hermanito
a su hijo, por poner todas sus expectativas en un solo hijo y que luego
nada salga como esperaban. Nada es igual para ninguna familia ni tampoco
es definitivo, todo depende de lo que cada uno sea capaz de construir.
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