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Llega nuestra sección aprendiendo a educar. Querer mucho no es sinónimo de educar mejor, por eso permitirnos hablar de las cuestiones educativas puede ayudarnos a mantener un equilibrio entre los afectivo y lo educativo, ayudarnos a no dar prioridad a los sentimientos y afectos instintivos ante lo que debe ser una justa, sana y razonable educación. Hoy hablaremos de algo muy interesante y controvertido a la vez: la desnudez de los padres, ¿es bueno o malo que los padres se bañen desnudos con sus hijos? Muchos presumen que bañarse con sus hijos es un gesto de libertad. Lo cierto es que las opiniones con respecto a este tema son amplias y variadas. Mostrar a los hijos la desnudez del cuerpo como algo natural es correcto, siempre y cuando se establezcan unos límites. Podríamos pensar que ver las similitudes y diferencias entre el cuerpo del niño y el de sus padres, podría contribuir a elaborar las diferencias sexuales de una manera más rápida y segura. Sin embargo eso no es del todo cierto, porque en cierto momento, todos los niños varones, al ver la falta de pene en la madre, creen que ya crecerá. Por otra parte, las niñas frente a la visión del pene del padre o del hermanito, caen presas de la envidia al pene pudiendo o no aceptar que a ellas les falta. Si en un primer momento, los padres se muestran desnudos frente a sus hijos, este acto no tiene por que ser causa de perturbación es su desarrollo sexual y emocional. El problema de que los niños vean desnudos a los padres, se origina cuando el niño ha crecido y persiste esa costumbre por parte de los componentes de la familia. En ese momento podría pasar frente a los ojos del niño, que la madre se convierta en una mujer deseable, lo mismo que la hermana y el resto de las mujeres y es natural que comience a tener fantasías sexuales conscientes e inconscientes con ellas. Y a la niña le pasa lo mismo frente al cuerpo desnudo de su padre y de sus hermanos varones. Entonces sólo es recomendable, esta costumbre de exhibirse desnudo delante de los hijos, hasta un tiempo prudencial, la edad de cese va a depender del desarrollo intelectual y emocional del niño. Cuando se sobrepasan estos límites, se despierta precozmente en el niño, el deseo sexual, lo que puede ser causa de múltiples trastornos en el desarrollo de su personalidad, debido como hemos dicho antes, a que sus fantasías sexuales van a recaer sobre los objetos familiares prohibidos. Cuando advertimos que nuestro hijo o hija, nos observa con excesivo interés mientras nos desnudamos, mientras nos duchamos o mientras vamos al baño con la puerta abierta, debemos interpretar que algún deseo sexual le hemos generado. Cuando esto pasa, lo mejor es comenzar a poner límites. Prohibirle la entrada al baño mientras nos aseamos o a la habitación cuando os estéis cambiando de ropa y evitar por todos los medios que te vea desnuda. Y esto mismo es válido y aplicable al padre y al resto de los hermanos. Es preferible mostrarse más severos y mantenerse firmes en dicha actitud que aferrarse a la idea de que el niño es puro de pensamiento y no tiene sexualidad. Diariamente, podemos observar que hay niños mucho más activos e inquietos que otros, más o menos caprichosos, y esto muchas veces es muestra de una sexualidad precoz, como estamos explicando, muchas veces avivada por la conducta de los adultos. Tanto para padres como para educadores hay que entender que lo que para un adulto no es nada para el niño puede resultar una fuente de excitación que no puede canalizar. Y no son pocas las veces que encontramos a padres y madres que duermen, que se bañan, que abrazan y besan a sus hijos con tanta necesidad que parece que descargan en ellos sus anhelos afectivos. Ni reprimir, ni una excesiva tolerancia y falta de límites, nuestro psiquismo necesita leyes que deben irse imponiendo en nuestro crecimiento. La labor educativa es un trabajo continuo, de muchos años, que impone a los que la realizan un importante esfuerzo de tolerancia.
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