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MASTURBACIÓN INFANTIL
La pasada semana les hablábamos de cuestiones teóricas
sobre nuestro desarrollo psicosexual y cómo nos íbamos
constituyendo desde una sexualidad autoerótica, que encontraba
satisfacción en el propio cuerpo, a una sexualidad donde se busca
un objeto exterior como fuente de esa satisfacción.
Como imaginarán eso acontece en la pubertad, aunque hay que reconocer
también que mucho antes ya hubo una primera elección,
quiero decir que para el niño y para la niña el primer
objeto de satisfacción fue su madre o la persona que desempeñó
esa función.
Claro, imagínese que fue la persona encargada de darle todas
las satisfacciones, a partir de esa imagen forma un ideal que le va
a acompañar a lo largo de toda su vida. Muchas veces se suele
decir a nivel coloquial que fulanito se buscó una novia igualita
a su madre, o que menganita tiene un novio que se llama como su padre,
otras veces reproducimos en nuestras relaciones de pareja los conflictos
que hemos mantenido anteriormente con nuestros padres.
Pero estos asuntos acontecen a posteriori, queremos hablar de esos interrogantes
que se hacen padres y madre ante diversas situaciones de sus hijos.
Por ejemplo, ¿qué hacer cuando nuestros hijos se tocan,
de forma insistente, sus genitales? ¿hay que tratarlo como una
masturbación, hay que reprimirles?
Es una situación muy frecuente y como ya decíamos la semana
pasada, lógica, porque los niños van descubriendo su propio
cuerpo así como las reacciones que se producen cuando se estimula
cada parte. Dijimos que todo nuestro cuerpo es erógeno, aunque
hay determinadas zonas predispuestas como son los genitales, la boca,
el ano.
A veces el niño estimula otras partes de su cuerpo, como si dijéramos
tiene la manía de tocarse el pelo, la oreja… y no nos molesta
tanto como el hecho de que la zona que se toque sean los genitales.
Eso sí nos llama la atención, tal vez porque nos recuerda
la masturbación del adulto. Pero tanto una cosa como la otra
le producen satisfacción, calma y por ello lo repite, aunque
va cambiando sucesivamente una zona por otra.
Por eso, no hay que reprimir esa maña del niño como si
se tratara de un adulto que se masturba en público, el pequeño
no le da ese sentido. Nuestra labor sí será irle limitando,
en el sentido que al igual que si a nuestro hijo o hija le encantan
las chuches, no le dejamos que las coma a todas horas, tendremos que
irle mostrando que no puede tocarse en todo momento… eso le irá
mostrando al niño que tiene que limitarse frente al mundo exterior.
Educarle, que es de lo que se trata, no reprimirle. Porque cuando le
cortamos de golpe algún interés o maña o manía,
lo que estamos haciendo es que esa acción la vaya a repetir a
escondidas o bien, que se constituya como un síntoma, transformando
lo que era un proceso normal en una detención patológica.
Por tanto, dejen que sus hijos se vayan desarrollando, que tengan su
propio ritmo. Pues seguro que si tienen hijos de distintas edades podrán
comprobar como en cada una de ellas muestran intereses distintos y formas
distintas de relacionarse.
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