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Genoveva Navarro psicologa psicoanalista malaga

Quiero compartir una experiencia, que seguro que muchos de vosotros también la habéis vivido. Me pongo a buscar en Google maps una calle que no sé dónde está. La encuentra pero me quedo igual porque sigo sin saber dónde está. Entonces recurro a la herramienta zoom, para que el mapa se haga más pequeño, y así poder tener más referencias de los lugares anexos. Ahora sé a que barriada pertenece esa calle, pero sigo sin hacerme una idea de por dónde está esa calle. Vuelvo a recurrir al zoom para alejar, ahora sí, aparecen más puntos de referencia que me permiten ubicar más o menos esa calle en concreto.

Pues algo así es lo que ocurre con ciertas emociones que nos embargan. Se hace necesario tomar perspectiva para saber dónde estamos, qué está pasando, y qué podemos hacer. Porque si uno permanece muy cerca anda desorientado.

Os voy a contar la experiencia de Lorena. Tiene 43 años, y lleva en análisis 3 años. Ella solía hablar mucho de las discusiones que tenía con su marido, que si Vicente no se acuerda nunca de llamarme, que si Vicente nada más mira por él y no cae en servirme a mí la comida, cómo Vicente sabiendo lo que me gusta siempre hace lo que no me gusta…es que no sabe tratarme, y yo se lo explico pero no lo entiende, y al final él se enfada porque dice que yo siempre estoy con la escopeta cargada, y yo me enfurezco, y al final acabamos siempre mal.

Cuando Lorena empezó su análisis se quedaba solamente en la descripción de la situación, responsabilizaba a su marido, y se lamentaba del profundo dolor que todo esto le causaba. En el transcurso de las sesiones ella iba reconociendo su parte de implicación y decisión en las cosas que le ocurrían, se hacía consciente de su propia historia porque aunque ella era la protagonista de su vida había cosas que ella nunca había reparado en ello. Todo esto le iba permitiendo acotar sus emociones.

En otro momento posterior del análisis contó una de esas situaciones con su marido, pero ahora el relato era de otra forma: “estábamos desayunando y mi marido se terminó las últimas galletas sin decirme si quería, eso despertó en mí un sentimiento horrible de despreció que me enloqueció. Yo sé que la culpa no era de él, y que no se trataba del hecho en sí, lo que me enfurecía era el despertar de ese sentimiento que habitaba en mí”. ¿Se dan cuenta entre como contaba Lorena al principio las cosas, y como las puede contar ahora? Lorena ha podido separar ese sentimiento de los hechos, porque cuando el sentimiento está muy pegado a los hechos, no se diferencia nada y uno cree que lo que siente es por lo que está pasando. Como cuando uno esta dentro de una calle desconocida y no sabe con qué colinda. Lorena pudo averiguar el origen de ese sentimiento que venía de muy antiguo. El trabajo en análisis, entre otras cosas le ha permitido hacer ese zoom que le da otra perspectiva para ubicarse y hacer otro tipo de maniobras. Y claro, así la misma vida es otra.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Málaga