Se encuentra raro, espeso, no sabe exactamente lo que le pasa. Le invade un malestar indefinido que le causa molestias para vivir estos días. Piensa que puede ser culpa de la Navidad, que no le gusta.

Después de la cena de Nochebuena y la comida de Navidad, hay mucha gente que sufre intoxicaciones, empachos, o alergias inesperadas. Por comer demasiado, por comer cosas que sabemos a ciencia cierta que nos sientan mal, por ser arriesgados y hacer experimentos. ¿Qué hago hablando de nutrición? Es una analogía de lo que ocurre con las relaciones estos días tan señalados: nos dejamos llevar y acabamos contando cosas que no queremos, pedimos consejo a quién sabemos que nos va a dar una respuesta que no nos gusta, soltamos verdades e ironías y que pase lo que tenga que pasar…

¿Y cuál es el resultado? A veces uno detecta claramente cuál es el alimento en mal estado, pero otras muchas veces uno no sabe a qué atribuirlo. Hay que tener cuidado de con quién me relaciono y cómo. Hay que tener cuidado con las esperanzas de cambio que uno deposita en los demás. Hay que tener cuidado de no sumarse a la sintonía que otros llevan, porque no todas las melodías son interesantes bailarlas. Y hay que tener cuidado de uno mismo: ¿por qué quiero cambiar a la gente?, ¿por qué me gusta provocar?

¿Usted es de los que tiene cenas agradables y en buena sintonía? ¿O en sus cenas siempre hay notas desafinadas? ¿Cree que es cuestión de azar y suerte? Existen fiestas en las que se producen buenos encuentros, donde se comparte calor emocional, risas y conversaciones más o menos interesantes.

Estas consideraciones no son de eficacia instantánea. Pero son consideraciones que ha de tener presente si quiere que las próximas fiestas sean para usted diferentes. Tiene un año por delante para hacer algo. Usted verá lo que quiere hacer. La culpa no es de la Navidad, pero tanto encuentro social evidencia más lo que hay y lo que no hay.

 

Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalisita
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 605 963 410