Genoveva Navarro Psicoanalista Malaga

Frases tan bonitas y verdaderas como las que podemos leer en esas imágenes a veces traspasan las fronteras del amor y se convierten en una verdad que causa mucha ruina. Porque una cosa es prodigarse en elogios, y otra cosa vivir como si una madre fuera el único pilar que nos sostiene, la máxima autoridad, la única referencia.

La madre es una figura privilegiada porque es nuestro primer objeto de amor. No hay objeción a que madre no hay más que una y como ella ninguna. Pero es preciso diferenciar que una cosa es que una madre sea única y especial, y otra cosa es que una madre sea todo. Funcionar con la lógica del todo está muy mal orientado y conduce al desastre.

Esto no es una exageración. Son muchas las personas –más mujeres que hombres- que funcionan asumiendo que su madre es todo para ellas y ellas todo para su madre, una simbiosis que hace que los deseos estén mezclados y no se distinga qué quiere una y qué quiere otra. También los decires de una y otra se prestan a confusión. Esto genera agresividad, frustración, tristeza, sin sentido.

De forma consciente, nadie reconocería estar ubicados en esa postura extrema. Pero muchos están ahí posicionados, cuenta de ello dan muchas situaciones que vemos en las consultas: una mujer que se queja de no encontrar pareja estable porque no hay hombres que valgan la pena y se queda asistiendo a su madre; un hombre que se separa y se queda a vivir con su madre para siempre; una mujer que tiene un hijo para dárselo a sus padres; alguien que solo encuentra trabajos precarios y nunca consigue establecerse como adulto.

Cuando una madre ocupa mucho espacio en nuestra cabeza, corazón, acciones… deja poco espacio subjetivo para que aparezcan otras posibilidades.