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Para el ser humano nada está fijado en un código de instintos. Los animales  no se tienen que plantear cuándo tienen que tener relaciones sexuales, tampoco reflexionan si dichas relaciones les han gustado o no, o si el otro ha disfrutado. Los animales tampoco comen por placer ni para celebrar nada. Y los animales tampoco se cuestionan si es el momento de ser padres o no, si quieren o no quieren. Los animales no tienen que tomar decisiones. Para nosotros, los seres humanos entran en juego el deseo y las decisiones.

Se puede tomar la decisión de tener un hijo pero no tener el deseo, si no ¿cómo se podría explicar que haya parejas que sin tener problemas físicos no puedan concebir un hijo? Y se puede desear tener un hijo sin haberlo decidido o sin tener una gran explicación para ello.

Frente a la maternidad o la paternidad, nos encontramos con una amplia variedad de situaciones y emociones. Hay mujeres que quieren justificar su deseo de ser madres diciendo que tienen mucho instinto, o al revés, en lugar de decir que no quieren un hijo queda más suavizado, incluso aceptado socialmente si dicen “no tengo un hijo porque no tengo instinto maternal”. No hay muchas parejas que tengan un hijo sencillamente porque sí, con esa única justificación. Lo hacen por otras razones: para salvar la relación, para contentar a la pareja, por presión social…

Una dificultad humana es que la relación que tenemos con el deseo no siempre es directa y lógica del tipo: lo quiero, lo consigo y soy feliz. Cada uno tiene una forma particular de relacionarse con el deseo: se puede esquivar el deseo porque para conseguirlo uno tiene que manifestarse, apostar y arriesgar; se puede mantener el deseo insatisfecho para así tener siempre algo que alcanzar; puede entrar pánico en el momento de conseguirlo por si eso no era lo que uno realmente quería…

Además del deseo hay otros factores en juego, una del lado del ser –ser madre-, y otra del lado del tener –tener un hijo. Como podemos ver, hay razones suficientes para entender que abordar  la maternidad o la paternidad no es algo sencillo.

 

Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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