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Usted no dudaría que todos somos diferentes, ¿verdad? Aunque en un primer momento todo el mundo reconoce este hecho, cuando toca experimentarlo en las propias carnes no se admite con facilidad. Lo que se supone un conocimiento obvio para todos, queda muy cuestionado con las respuestas que se dan cuando la diferencia entra en juego. Se da en cualquier relación –de pareja, de amistad, familiar, entre vecinos, entre compañeros- y es el germen de los problemas de la vida cotidiana: mi padre no me entiende, mi madre es mala, mi hija es una egoísta, no le importo a mi novio, mi nuera solo va a lo suyo… Cada uno de nosotros cree que su forma de desenvolverse es la más acertada y que los demás están equivocados.

Es muy importan tener presente que cada uno ha encontrado una fórmula para vivir, y lo que a mí me vale no le vale a otro, y lo que a otros le sirve no me sirve a mí. Por eso no hay una postura mejor que otra, ni una mejor forma de hacer las cosas. Cada uno es como es, implica que cada uno tiene su propia historia y unas experiencias únicas, y por eso considera importante determinadas cosas y obra como obra.

De este modo, las relaciones son peligrosas no porque el otro me vaya hacer una fechoría, sino porque ponen de manifiesto que no hay correspondencia simultánea porque cada uno tiene su propio ritmo, es único. Esto que se vive con un malestar considerable, no es algo a solucionar, sino que hay que aceptarlo y aprender a manejarse con ello. Por eso que no se trata de no tener relaciones, ni de cambiar constantemente de apoyos sociales, ni de una búsqueda para encontrar a nuestra alma gemela.

Las cosas son como son, y las gente es como es, y a partir de esa condición de no reciprocidad, se puede decidir hacer algo junto a alguien, ¿acaso no es una posibilidad maravillosa? Y que nadie piense que para eso es mejor solo. Solo se experimenta la misma falta de correspondencia y puede ser peor. Así que las relaciones son peligrosas porque constantemente remiten a la complejidad del ser humano, y este desconocimiento del psiquismo del ser humano es fuente de angustia y otros malestares.

 

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalisita
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Málaga