Genoveva Navarro Psicoanalista Malaga

Se acabó agosto, y aunque todavía hace un calor como para estar en la playa o bajo el aire acondicionado, hay que ponerse a trabajar. Así que no es extraño tener más la mente en un granizado a pie de piscina, que en la próxima reunión. ¿Cómo es tu vuelta de las vacaciones?

 

  1. Con un poco de pereza de que suene el despertador y un poco de temor por la desorganización de los primeros días. Pero con las pilas cargadas
  2. Un año más te repites: otra vez lo mismo, no soporto el ritmo trepidante del curso y siento cómo la vida me lleva por delante.
  3. Para ti la vuelta de las vacaciones suponen una crisis. Te vuelves irritable, duermes mal, te afecta físicamente. No le ves nada positivo a volver a trabajar: ni el dinero, ni los compañeros, ni el trabajo en sí.
  4. Lo acepto con resignación. A nadie le gusta trabajar pero es lo que toca en esta vida.

 

SOLUCIÓN

 

Si tu respuesta ha sido a. ¿Acaso a todos nos tiene que gustar levantarnos al alba? Es normal tener sentimientos encontrados. Además está bien ser permisivo con uno mismo y tener presente en todo momento que los primeros días son de ajuste. Pero cuando a uno le gusta su trabajo conforme pasan los días ganan más los pros que los contras.

 

Si tu respuesta ha sido b. Quizá sea el momento de plantearte por qué te sometes a un ritmo infernal, ¿es por una elección libre? ¿Lo vives como algo que se te impone? No dejes que esto se repita en tu vida. Tómate el trabajo de pensar qué estas haciendo, sólo o con ayuda si no puedes, y haz que este año sea el principio de un cambio

 

Si tu respuesta ha sido c. Uf, aquí está todo enmarañado y se hace necesario tirar del hilo para ver que está ocurriendo. Una incorporación al trabajo no puede suponer tanto caos. Pide ayuda ya.

 

Si tu respuesta ha sido d. La vida brilla cuando uno adquiere compromisos desde la libertad. La resignación es una clara muestra de que uno no ha apostado por hacer lo que le gusta.