Genoveva Navarro psicoanalista Malaga

 

 

 

 

 

 

 

 

Me he encontrado personas que para hacer su vida mas llevadera tratan de no darle importancia a lo que les pasa, ni a sus experiencias, ni a sus sentimientos, ni a las casualidades, ni a lo que se les repite en su historia. Tratan de relativizar el malestar que les produce su vida cotidiana comparándolo con desgracias mayores. No le dan un lugar a sus vivencias alegando que hay cosas muy malas como para sufrir por tonterías. ¡Cómo voy a llorar por lo mala que es mi suegra cuando hay gente que se muere de cáncer! ¡Como me voy a preocupar de lo mal a gusto que estoy en mi trabajo si hay tanta gente sin trabajo! ¡Cómo voy a sufrir por mi matrimonio si hay niños que pasan hambre!

 

No ocuparse de lo que ocurre en nuestra vida, -por qué nos pasa lo que nos pasa y por qué no nos pasan otras cosas, y por qué reaccionamos de un modo y no de otro-, es un mal invento porque lo que nos configura a cada uno de nosotros son nuestras circunstancias. Si hace varios meses que me quejo de que me duele una rodilla, ¡voy al médico!, y no le resto importancia diciendo que más les dolerá los pies a los indígenas que van descalzos por la selva. Entonces cuando nos duele algo de la mente, el corazón, del psiquismo, hay tratarlo adecuadamente.

 

¿Por qué buscar refugio en lo externo y lejano? Lo cercano tiene más peso que lo lejano porque requiere de nuestra implicación, y eso es preguntarnos qué queremos, quiénes somos, de qué estamos hechos; es comprometerse con nuestra nobleza, con nuestra sinceridad, con nuestro brío vital; es sostener el amor y no la destrucción.

 

La vida cotidiana, -pagar facturas, familia de sangre y familia política, trabajo, amigos-, es fuente de malestar (que no de trastornos). Sabiendo qué nos irrita y por qué, podemos desarrollar habilidades para manejarnos de otra forma y así el día a día no resultará pesado. Eso nos hace más libres. Pero hay gente que prefiere no saber nada y esconderlo todo rápidamente debajo de la alfombra. O tomar alguna píldora, que tal vez tenga algún efecto pero que no inventa soluciones a medida. Imaginemos, Sara toma una píldora porque está muy afectada por la muerte de su madre, y Carmina toma la misma píldora porque se está separando.

 

Es cierto, a nuestro alrededor hay cosas horripilantes y devoradoras, pero no hay que adoptar los problemas de nadie y banalizar los nuestros. Primero interésate de lo que te pasa a ti y luego ya veremos. Estando más contento, ya habrás arreglado la parte del mundo que esta más a tu alcance.

 

Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalisita
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 605 963 410