Psicoanalista y Psicologa Malaga

 

AYER ME DI UN FESTÍN INTERRUMPIDO POR TELÉFONOS

Martes 10 de julio. Pleno verano y ayer me di un festín. El festín no fue de pescadito y cerveza sentada a orilla del mediterráneo. Tampoco fue de helado de chocolate. Ni de hombres que bebían los vientos por mí.

Fue un festín de palabras. Escuché muchas cosas entre ellas que era mejor vivir acompañados que solos. Que a los hijos es mejor tratarlos como personas pequeñas, luego como adolescentes y luego como adultos, y no tratarlos como "mis hijos", como si de una posesión se tratara. También me impactó otra cosa de las que allí se dijo: hay veces en la vida, que hay que reconocer cosas horribles, por ejemplo que gracias a mi compañero maniático y maltratador yo me fui del trabajo y ahora me he conseguido otro trabajo mejor, casi se podría decir que estoy en deuda con ese sin nombre porque gracias a su sadismo yo he mejorado mi calidad de vida.

Cuando terminó el acto yo me sentía cargada de energía, ilusionada, con otra visión de algunas cosas. Ni alcohol, ni sexo, ni tampoco drogas. Fueron suficientes unas palabras para producirme esas sensaciones. Me di cuenta que no hace falta ser joven para disfrutar, ni para sentirse vivo.

Claro, en defensa de mi emoción tengo que decir que me entregué a la charla, estuve allí escuchando. Porque había una pareja que no paraba de hablar, hacerse carantoñas y hablarse al oído, ¿no hubieran estado mejor en un parque? También había gente que salía cuando quería porque sus teléfonos no paraban de sonar. Sonaban durante al menos un minuto, torpes para encontrarlos e incapaces de apagarlos hasta que llegaba a la puerta de salida. Respecto a lo de los teléfonos, merece que le dedique unos cuantos párrafos.

Cuando un móvil suena en un sitio que no debe sonar ¿qué pasa? Se me ocurren muchas cuestiones. ¿Se trata simplemente de personas despistadas?¿son personas tan imprescindibles que no pueden apagar su móvil? ¿o se trata de personas que están allí de rebote y su verdadero interés es otro? No puedo evitar atender a las explicaciones que tienen en cuenta el inconsciente. ¿Son personas envidiosas que quieren sabotear el encuentro? ¿son personas generosas que quieren invitar a la charla al que está al otro lado del teléfono? Supongo que cada uno tiene su excusa de la que difícilmente se hace responsable.

Sea cual sea la razón, me parece una falta de consideración hacia el toro. Y hay que decirlo, se trata de personas mal educadas que no les importa molestar a los demás con esas músicas estrambóticas.

En fin, "un festín en el que todos los corazones se abrían", si uno quería. Un subidón a base de palabras que ni el más zafio de los politonos podía estropear.