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Carta de un psicoanalista
El psicoanálisis ha supuesto para mí una posibilidad distinta para entender las cosas. Tal vez antes era capaz de responsabilizar al mundo de mis desdichas: si suspendía era culpa del profesor, si fracasaba en el amor era porque "todos los hombres son iguales", si no encontraba trabajo era mala suerte. Mi posición era pasiva y sólo cabía sufrir y quejarse. Ahora sé que no hay excusas para justificar mi vida. Ahora sé que lo que tengo o lo que me pasa es porque lo deseo o por que no lo deseo, es porque trabajo para lo que deseo o porque no trabajo para lo que deseo. En numerosas ocasiones me preguntas si yo me psicoanalizo. Claro que sí. Hay un texto de Freud, titulado "psicoanálisis terminable e interminable", es decir las dos cosas a la vez. Para un paciente el tratamiento podría terminar con el restablecimiento de la capacidad de trabajo y de goce del sujeto. Para un psicoanalista el tratamiento dura mientras dura su carrera profesional. Si yo trabajo para tu inconsciente, pero el mío no lo toca nadie, sería como decir: para ti sí existe el inconsciente, pero para mí no. Un día, alguien en tono jocoso, o mejor vamos a decir, en tono bromista, chisteó: "Ja ja, ¿y los psicoanalista qué sois, muy felices?" Y me hizo reflexionar. Entendí que en el camino del psicoanálisis se puede trabajar cada felicidad en particular, que cada uno se puede construir una vida posible, y así la felicidad no es única, sino que hay una felicidad para cada uno. También entendí que los psicoanalistas estamos más acostumbrados a ponerle palabras a los acontecimientos, estamos más entrenados en contar la vida, cosa ésta que no es fácil. Entre otras cosas el análisis permite tener capacidad de sustituir un objeto amoroso por otro (por ejemplo no quedarse estancado ante la pérdida de un amor, un trabajo, un ideal), y eso es estar sano psíquicamente. Acerca de los mitos del psicoanálisis también podría decirte algo. Por ejemplo, el psicoanálisis no se basa en la hipnosis, ni tampoco en las regresiones; el método es la asociación libre. El paciente tiene que hablar de todo lo que se pase por la cabeza en el transcurso de la sesión. Por eso, es un mito eso de que en psicoanálisis sólo hay que hablar del pasado, del sexo o de la enfermedad que uno tenga. Otro de los mitos es que se piensa que el psicoanálisis sólo trata la sexualidad: en psicoanálisis la sexualidad es todo aquello tocado por la palabra, es decir de todo lo que se puede hablar. Otra creencia común y poco acertada es pensar que el tratamiento es muy largo, pero para cada paciente es diferente, y desde la primera sesión hay cambios. La duración depende de la problemática y de la inquietud de la personas. Así, habrá quien sólo tenga que resolver una cuestión concreta, habrá otras personas que acudan sabiendo que están mal pero no saben lo que les pasa, habrá personas que quieran transformar toda su forma de concebir las cosas, o habrá quien quiera desarrollar su creatividad Un beso, y no pienses que para psicoanalizarse hay que estar loco.
Basta con querer llevar el timón de tu vida o querer sentirte
mejor contigo mismo. |
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