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COSAS QUE PASAN -Gladis Glover- Una joven modelo se traslada de su pequeño pueblo a Nueva York para conseguir fama y popularidad. La chica no tiene apenas dinero, pero sí mucha ambición. Y la rubia, que parecía tonta, es más inteligente que todos. Aprovecha la idea de publicitarse en las calles y hace una locura a simple vista: poner su nombre y su foto en 8 carteles bien ubicados en la ciudad. Esta chica es Gladis Glover la protagonista de "Una rubia fenómeno". Entre otras cosas, ella no necesitó más que la valla publicitaria para conseguir, por ejemplo, un préstamo, sin necesidad de presentar ninguna documentación ni aval. En la película finalmente Gladis Glover consigue su objetivo de conseguir fama y popularidad. Esta trama de la película, por ser de 1953, no está desfasada. A muchas personas se les abren puertas por el simple logro de haber mostrado su rostro en televisión, muchos escritores alcanzan la fama sólo por el hecho de que los convocan los periodistas, muchas películas consiguen records de taquilla sólo por la promoción que hacen. Damos credibilidad a personas, libros, películas por el mero hecho de verlo en televisión y en revistas, sin reparar en el trabajo que se ha hecho hasta llegar a ser conocidos. Automáticamente otorgamos valor a determinadas personas o trabajos por su aparición en los medios, un valor que no siempre tienen. Dicho de otra manera, "el hábito no hace al monje", o la fama y el reconocimiento mediático no es siempre sinónimo de profesionalidad. Parece que hoy día todo funciona por apariencias. Lo que hay detrás de la publicidad en muchas ocasiones es el dinero y no la calidad del producto o el aspecto profesional. Si nos dejáramos guiar por las apariencias pensaríamos que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, cuando en realidad es la Tierra la que gira alrededor del sol. Nuestros sentidos nos engañan, y la publicidad y los medios también pueden hacerlo, en el sentido de que nos dejamos llevar por lo que vemos, sin ir más allá. Hace un mes hubo una noticia en un periódico nacional que decía: "Hay tratamientos muy eficaces para combatir la depresión. Es conveniente dar siempre fármacos a los pacientes y, cuando sea necesario, una terapia psicológica. Para las depresiones más resistentes está indicado el electroschock". No porque esas palabras salgan en un afamado diario debemos darles credibilidad. Es responsabilidad de cada ciudadano educarse durante toda la vida y construirse un criterio. No deberíamos guiarnos sólo por las apariencias. Ni tampoco deberíamos dejar que la publicidad nos ciegue. Ah, y que a nadie se le ocurra someterse a un electroshock para mejorar en su depresión. Siempre es mejor analizar esos sentimientos que tenemos y no nos atrevemos a reconocer.
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