Psicoanalista y Psicologa Malaga

El botellón

El tema del botellón está de moda. De moda no porque sea un movimiento de reciente creación, sino más bien porque es algo que lleva en las calles unos diez, quince años y es ahora cuando las autoridades quieren tomar medidas efectivas. Supongo que se han decidido a actuar porque los vecinos de las zonas dónde se ubica la movida no paran de quejarse y con razón, y no porque esa sea una manera un poco riesgosa de diversión para quienes la practican.

Lo alarmante a la hora de abordar este tema, no es la preocupación de dónde ubicar el "botellódromo". Inquietante es que nadie escuche a los jóvenes y que nadie se pregunte que les lleva a beber en demasía. No es que el alcohol sea malo, lo que es malo es el mal uso y las consecuencias que eso puede tener. Es cierto que hay quién disfruta tomándose una copa, pero ¿de verdad es divertido beber hasta vomitar? ¿es divertido meterse los dedos para luego poder beber más alcohol? ¿es divertido levantarse al día siguiente sin acordarse de nada y con mal cuerpo? ¿es tan gratificante poder ser sociable sólo bajos los efectos del alcohol? Así visto y dramatizando un poco, es una diversión un poco costosa y hasta un poco dolorosa.

Para encontrar alternativas a este acto social, hay que tener en cuenta que son varias las variables que intervienen y que no se puede abordar sólo desde una perspectiva. Habría que tener en cuenta a los vecinos, a los jóvenes, a los dueños de los bares, pero sobre todo, habría que conocer la realidad psíquica de cada sujeto. Es decir, habría varios factores a tener en cuenta. Además de estas consideraciones, hay que observar qué es lo que se repite cada fin de semana: que sujetos de cualquier edad y sexo, se reúnen cada sábado para beber en grupo. Lo significativo es que lo hagan en grupo.

¿Qué ocurre cuando estamos en grupo?
En 1921, el Doctor Sigmund Freud escribió un libro titulado "Psicología de las masas y análisis del Yo". Ahí Freud se pregunta qué es una masa y por qué medios ejerce una influencia sobre los propios individuos que la componen. Es decir, si el botellón, lo podemos calificar como un fenómeno de masas, podemos preguntarnos qué es lo que cohesiona a todas esas personas y por qué el propio acto de reunirse en masa ejerce sobre cada individuo una influencia similar.

Todos los que participan del botellón se hallan fundidos como si fueran una unidad e individuos que por separado no se atreverían a realizar ciertos actos, son capaces de llevarlos a cabo bajo la influencia del botellón. El botellón como significante que cohesiona a los individuos en dicho acto donde se produce una exaltación o intensificación de la emotividad y la sensación es la de estar entregados todos a una pasión que los une en lo que llamamos el encuentro con el otro.