Psicoanalista y Psicologa Malaga

Entrevista ficticia a Nazim Hikmet

Soy poeta,
silbando voy por las calles
y dibujando en las paredes
mis poemas en forma de rayos
Nazim Hikem

Esta semana, el poeta invitado es Nazim Hikmet (1902-1963). El escritor nacido en Salónica tenía alma de luchador, aguantó las peores tempestades de la vida, pasó la mayor parte de la suya en la cárcel, y fue fiel a todo lo que creyó justo, aunque estuviese equivocado.

- Respecto a la tristeza se pueden decir varias cosas. Que por lo general surge por algo que se ha perdido o por algo que no se ha podido conseguir. ¿Qué dices tú, Nazim? ¿hay algún otro motivo que pueda llevarnos a la tristeza? ¿puede ser cuando uno no es capaz de aceptar la realidad?
¿Será esta tristeza la nostalgia de querer estar donde no puedo, estar en estos soleados días de invierno? ¿No será un sueño lo que me hizo caer en este estado? ¿No será la soledad la que se abalanzó sobre mí? ¿No será que hemos apoyado ya la escalera en la cincuentena?
Esta tristeza mía, esta segunda fase de mi tristeza ha de andar de puntillas y marcharse como llegó.
Basta con acabar este poema. Basta con que una carta llegue o que escuche una noticia en la radio.

- Para ti que has tenido una vida compleja, ¿qué significa el verbo vivir? Me pregunto qué valor le das a la vida, si la sientes una carga, una desgracia, un juego, una broma…
El vivir no admite bromas. Has de vivir con toda seriedad, como una ardilla, por ejemplo; es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir; es decir, toda tu tarea se resume en una palabra: VIVIR.
Es decir: has de tomar tan en serio el vivir que a los setenta años, por ejemplo, si fuera necesario plantarías olivos sin pensar que algún día serían para tus hijos; debes hacerlo, amigo, debes hacerlo, no porque, aunque la temas, no creas en la muerte, sino porque vivir es tu tarea.

- Nazim, tú que conoces los límites reales de la cárcel, ¿qué consideras más duro? ¿muros de piedra? ¿o los muros del corazón?
La separación estaba sobre la mesa, entre la taza de café y el vaso de limonada. Fuiste tú quien la puso ahí […]
La separación estaba sobre la mesa en la cajetilla de tabaco […]
La separación estaba sobre la mesa en el punto donde apoyabas el codo.
En lo que pasaba por tu mente estaba la separación, en lo que escondías en mí, en lo que no escondías, la separación estaba en tu serenidad, en tu miedo ilimitado estaba la separación.
Enamorarse, así, de repente, como si se abriese una puerta…