Psicoanalista y Psicologa Malaga

 

NO PONGO LA MANO EN EL FUEGO

Hace unos días, en una acalorada discusión, yo llegué a asegurar al 100% que el título de una película era "El deseo" en lugar de "El secreto", y hasta llegué a tener actitud retadora dada mi plena seguridad. Luego me tuve que comer mis palabras. También en otras ocasiones he metido la pata enfadándome con alguien por no contestar a mis mensajes, para darme cuenta más tarde de que yo no había llegado a enviar tales mensajes. Otras veces regaño a mi novio por perderme las llaves del choche, y después de buscarlas un buen rato descubro que están en el bolsillo de mi pantalón (y en tono jocoso me permito decir: "Pues yo no las he metido ahí, habrá sido magia"). A más de uno le han pasado cosas de este estilo. Precisamente por fenómenos como éstos yo no pondría la mano en el fuego por mí.

Estos sucesos, si se pueden llamar así, no son fruto del Alzheimer, ni del cansancio, ni de la falta de sueño. Son fenómenos normales que les ocurren a las personas. Hay veces que pensamos cosas y luego nos creemos que la hemos hecho o dicho. Porque pensar o fantasear tiene como consecuencia la satisfacción de haberlo hecho en la realidad.

Otras veces hacemos cosas de las que luego ni nos acordamos. Pero no porque tengamos alguna enfermedad. Más bien olvidar es un índice de salud, ya que no podemos recordar constantemente todo lo que nos ha sucedido. Hay que añadir que los olvidos no son al azar, si los estudiamos minuciosamente, uno olvida aquello de lo que nada quiere saber, olvida aunque sea porque eso supone fastidiar a otro.

Lejos de ser hechos para preocuparnos, las equivocaciones que se ejemplificaban al inicio pueden servirnos más bien para conocernos a nosotros mismos, ya que se tratan de hechos en los que estamos implicados, en los que algo se dice de nosotros.

Algunas funciones de nuestro aparato psíquico intervienen en estos hechos: fantasear, reprimir, olvidar… y todo esto se deja notar en nuestra vida cotidiana. Por esta razón, insisto en no poner la mano en el fuego por mí, y por las mismas razones tampoco por otros. O quizá confiaría en mi hacer y en el de otros, pero teniendo en cuenta la presencia del inconsciente.