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¿PARA QUIÉN ES LA CUSTODIA? A principios de semana varios diarios dieron la siguiente noticia: "Un juez retira la custodia a una madre por inducir a su hijo a estar en contra del padre. El progenitor consigue la tutela del menor, que tiene 14 años, y suspende las visitas y cualquier contacto con la mujer y su familia. Se recomienda que el niño reciba tratamiento especializado". Muchas cosas me llaman la atención de esta noticia. En primer lugar, el hecho de que las parejas recurran a la vía judicial para resolver sus cuitas maritales, dejando sus vidas en manos de la ley o en la subjetividad del juez. Claro, que cuando no se es capaz de conversar, antes de llegar a las manos, mejor es la ley. No poder conversar, implica que la pareja no puede llegar a un acuerdo sobre lo que es mejor para el chico ni sobre lo que es mejor para ellos. Generalmente, cuando se llega a la justicia, es que ya se ha establecido una guerra entre los padres, y ese no dejar que un padre vea a su hijo, o viceversa, suele responder a venganzas entre la pareja. Es cierto que hay casos que alguno o ninguno de los padres está capacitado para educar a los hijos. Pero la mayoría de las veces, la negación a que el hijo vea a uno de sus padres obedece a celos, envidias y otros sentimientos hostiles. Al leer la noticia, queda una sensación de que es sorprendente que la custodia la tenga un padre. Y es que, en lo que parecen tiempos modernos, aún nos sigue llamando la atención que la custodia la pueda tener un padre. Ya sabemos que un padre y una madre no es un ser, no es que se sea padres automáticamente por el hecho de concebirlos, puesto que hay padres que no pueden ejercer como tales, y también hay personas que no son padres y ejercen de ellos. Lo que es indispensable para los niños es que sepan que vienen de padre y madre, indistintamente de quién los críe: la abuela, un tío, dos mujeres, dos hombres. Parece una obviedad que los niños entiendan que vienen de padre y madre, pero hay adultos, especialmente mujeres, que se empeñan en que el hijo es suyo, como si lo hubiesen concebido ellas solas. Y precisamente en esta situación puede tener origen el síndrome de enajenación parental, en el que el hijo no quiere ver a uno de sus padres. Otra de las razones por las que puede tener origen este síndrome es porque un miembro de la pareja de forma consciente o inconsciente se dedica a hablar mal de la otra parte. Otra cosa que me llama la atención es la sentencia: de no tener
contacto con el padre, va a pasar a no tener contacto con la madre,
¿acaso no es la misma extraña situación? Además,
el juez insta al padre a que pida ayuda a un experto para el niño.
Tal vez al menor le haga falta terapia, para que más allá
de cómo actúen sus padres, pueda tener su sitito, se forme
un criterio propio, no tenga miedo a opinar, sepa escoger su camino,
en definitiva una terapia para que se conozca mejor y pueda crecer sano.
Quizá en otra ocasión podría instar a que los padres
acudan a terapia para que dejaran de tratar al niño como una
pelota y como objeto para calmar su furia. |
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