Psicoanalista y Psicologa Malaga

 

Querida familia,

Estoy cansada. Más bien decepcionada. Creía yo que me podía salvar de los enredos familiares, quizá porque pensaba que nuestra familia era especial.

Después de los últimos hechos acontecidos, he visto que no estamos a salvo de nada. No porque seamos malas personas, sino porque la estructura familiar trae consigo esos enredos. ¿De qué enredos hablo? Pues de la envidia entre hermanos o entre padres e hijos, los problemas económicos o de herencia. Para colmo, se establecen alianzas entre los miembros, y alguno se queda sin aliado. Me parece que nadie está a salvo de esas cuestiones familiares. Pienso que lo mejor es que cada uno se ocupe de su propia salud, y así, cuando tengan que acontecer esas cuestiones se podrán resolver de una manera más civilizada. Si cada uno de nosotros se cuida su salud psíquica, será más fácil que la familia permanezca unida y sin grandes altercados. Tampoco diría, que estas dificultades sean únicas de las relaciones familiares, entiendo que allí donde haya humanos, dónde se den relaciones, existe complejidad.

Es duro ver, cómo uno no sabe hablar, y en lugar de plantear las cosas tranquilamente, empieza a chillar, a discutir, a sacar trapos sucios.... ¡toda una batalla campal! Pero claro, hay temas más difíciles de tratar que otros, no todo es tomar café, salir a pasear o reírse.

La verdad es que las disputas familiares son muy desagradables, ¡claro, cuando se ve afectada nuestra relación con nuestros seres queridos... pareciera que el mundo se tambalea!

En fin, que yo os quiero mucho, pero que aunque nos une un lazo de sangre, no tenemos que pensar de la misma manera. Y tal vez esa sea una gran dificultad. Nos ha unido el destino, nos ha educado la vida, y obligados por la sangre tenemos que querernos y respetar nuestras diferencias.

Mamá y papá lo han dado todo por nosotros, y así lo haremos nosotros con nuestros hijos. Y este hecho también es duro: lo que recibimos se lo damos al siguiente, no al que nos lo dio, eso parece que es ley. Digo que es duro porque siempre existe una falta de agradecimiento o delicadeza hacia nuestros padres, que queda saldada con los hijos.

Menos mal que nada es para siempre, y este sentimiento de tristeza también desaparecerá. Un beso querida familia y hasta el próximo encuentro.