Psicoanalista y Psicologa Malaga

 

TE LO DIGO A LA CARA

"Te lo digo a la cara: ¡idiota, eres un idiota!". Así dice la conocida canción de Los Ronaldos. ¿Es necesario decir las cosas de esta manera? En ocasiones es necesario escuchar de los otros cosas que no nos gustan, para que podamos crecer. Pero evidentemente todo depende de dónde y cómo se diga. Todos conocemos a gente que presume de que ellos no se callan, de que no tienen pelos en la lengua, de que son transparentes pero, ¿eso sirve para algo?

Siempre han existido, y ahora con tanto reality show, tenemos la oportunidad de ver a muchas personas que se presentan y se definen como sinceros. En este tipo de programas luego podemos comprobar que estas personas gastan más energía de la cuenta, a veces hasta agotarse, en poner de manifiesto los defectos, problemas o carencias de los demás. Podríamos preguntarnos qué bajo que criterio lo hacen. Estas personas, además, suelen verse rodeadas de conflictos.

A mí, en más de una ocasión me parece que más que sinceridad, esa es una actitud de incordio. A veces decirle al otro todo lo que se piensa sirve más para molestarle que para hacerle un bien.

No digo que ahora uno tenga que callarse siempre. Como en todo, hay un momento para cada cosa, un tiempo para hablar y un tiempo para callar. Y precisamente saber cuándo es el momento es uno de los criterios de la salud. Más que vanagloriarse de no tener pelos en la lengua, habría que presumir de poder conversar sin arremeter contra nadie, de hablar sin la intención de molestar, o más allá de querer tener la última palabra.

En estas actuaciones de mal denominada sinceridad, es interesante poder observar y reconocer las situaciones. ¿Para qué ser un observador? Además de ahorrarnos una batalla para ver quién gana imponiendo su razón, reconocer las situaciones es lo único que nos permite actuar de otra manera.

No pensemos que reconocer situaciones es fácil. Por ejemplo, María, que va de sincera, le va a decir a su compañero de trabajo que es un pelota y que le tiene harta, y que por eso ha conseguido el puesto que tiene. Si María reconociera la situación podría pensar: "Él ha preferido someterse al jefe para tener trabajo, ¿sería yo capaz de una cosa así?". Pero como he dicho, reconocer las situaciones, no siempre es fácil.

En definitiva, no se trata de ser sincero con el otro e ir diciéndole todo lo que pienso. Tal vez se trate más bien de poder transformarse con las situaciones que se observan. Transformarme yo, no el otro. Cuando observamos una situación, está bien que la tomemos como referencia para hacernos pensar, para tenerla en cuenta y que a nosotros no nos pase eso; o para reflexionar: "A mí no me pasará eso, ¿no?". El encuentro con los otros es una oportunidad para crecer.