Psicoanalista y Psicologa Malaga

 

LA ACTUALIDAD AL DIVÁN
"unos van al psicólogo, otros buscan ese apoyo en la televisión"

Hace unos días aparecía en el periódico un titular que decía: "unos van al psicólogo, otros buscan ese apoyo en la televisión". En el artículo se hablaba, entre otras cosas, de un programa de televisión, de esos en los que los invitados tratan de solucionar ante las cámaras y delante de todo el país, las desavenencias de sus vidas. Aunque yo diría, que más que solucionar sus preocupaciones, las muestran.

Por qué alguien podría elegir un programa de televisión para intentar mejorar su vida, en lugar de un consultorio, habría que preguntárselo a ellos. Pero lo que está claro, es que los resultados de ir a un sitio u a otro, no son los mismos.

En el artículo, se explicaba algo así: "muchos de los que vienen al programa se animan, dicen que se hacen más fuertes al decir lo que sienten delante del público". Lo importante para el ser humano es hablar, pero no de cualquier manera. A modo de comparación: uno tiene derecho de comer y de dormir y muchas otras cosas, pero uno no come ni duerme de cualquier manera, ni en cualquier sitio; ¿por qué entonces, aún teniendo derecho de hablar, hay que hablar de cualquier manera y en cualquier sitio?

Para la transformación de las personas no es bastante la mera comunicación de los problemas. Freud en 1900 se dio cuenta que la simple comunicación, el simple conocimiento, no exime a la persona de sus padecimientos, y que si hubiera algún efecto, estos serían poco duraderos. Renunció con ello al método catártico y al método hipnótico, produciendo un nuevo método, la asociación libre, que en el campo de la transferencia psicoanalítica, permite la transformación del paciente. No sólo basta el mero desahogo, sino que lo terapéutico lo constituye el desarrollo de la capacidad de transformar el discurso, es decir, poder hablar de otras cosas. El discurso de la mayoría de las personas está recortado de una manera particular que le hace vivir la vida de ese modo.

Estos "programas de las sillas" como se les suele llamar, más allá de que sean un espectáculo, un entretenimiento o una terapia, cumplen también otra función. Sirven como ejemplos de vida. Y es que, mucha gente dice no hacer cosas, porque nunca han tenido nadie de quien aprender. No tener ejemplos cerca no es una excusa, porque el mundo es mucho más que el mundo que el pequeño entorno que nos rodea. No todo se aprende en la familia, se aprende también de los compañeros de trabajo, la televisión, la literatura. Pero claro, uno se resiste a no hacer las cosas de manera distinta a su familia.