|
|
Un, dos, tres, cuatro… Ni huir, ni arremeter contra nada. Dos es lo mínimo para que haya pareja. Pero para la realidad psíquica, un sujeto no es sólo uno. Así que una pareja tampoco estará formada por dos sujetos. Por ejemplo, María es una persona y Pepe es otra. Pero resulta que María no es ella sola, María está vinculada a sus padres por la educación que le han dado, a sus profesores, a personas significativas de su entorno, está unida a unas palabras y no a otros, según la importancia que le da a los significantes. Así María y Pepe son dos, pero son muchos a la vez. Ser persona es pensar, vivir, tener reacciones biológicas. Pero ser además sujeto psíquico implica ser divididos. ¿Qué es ser dividido? Tener una parte consciente y otra inconsciente. Es decir, no sólo existe la lógica racional. Por eso si tenemos en cuenta en cualquier escena interviene nuestro inconsciente y que la palabra "relación" implica al menos dos, quizá podamos acercarnos a la complejidad que supone la relación de pareja. Más allá de las diferencias anatómicas, hombre, mujer, masculino y femenino, son significantes que cada cual tiene que conquistar. Dos posiciones distintas, dos maneras de ver el mundo, dos maneras de gozar. Hombre y mujer, dos posiciones irreductibles, donde el hombre se sitúa en el campo de lo necesario y la mujer en el campo de lo paradojal. ¿Qué relaciones nos sostienen? ¿qué relaciones nos enferman? Cuando una relación de pareja no marcha bien, no es porque sea debido a un mal novio o una mala novia, sino a cómo cada uno se posiciona en cada situación. Por ejemplo, un novio puede ser malo o poco adecuado, pero no porque lo sea en la realidad sino porque yo lo idealizo y no cumple mis expectativas. Cuando algo incomoda en una relación de pareja, no se trata de averiguar si eso que les pasa es realidad o fantasía. Se trata más bien de que algo supone una molestia. Puede ser que mi marido no me quiere o puede ser que yo necesite de la fantasía de mal-querer. Es decir que la realidad psíquica es distinta de la realidad objetiva, y la realidad psíquica lo envuelve todo. Por tanto, no se trata de convencer al otro para que sea como yo. Porque así se establecería una lucha por ver quien se lleva a su terreno al otro. Se trata más bien de conversar y aceptar que la realidad del otro es distinta de la mía. ¿Sabías que…?
|
|
|