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Un, dos, tres, cuatro…
Una sola vida para cada hombre. La vida no es cíclica, ni hay acontecimientos que se repitan idénticamente. Por eso las cosas hay que arrancarse a hacerlas, alejándose de todo aquello que suponga inhibición, síntoma o angustia. Hay quien se rige por frases como "es que eso no lo he hecho nunca", o "mejor en otro momento". La única manera de crecer es con el propio ejercicio de hacer. La teoría está muy bien, pero en algún momento hay que saltar a la práctica. Sólo se puede ser mejor padre después de haberlo sido una vez; o sólo se puede amar mejor si se ha amado alguna vez. Esto quiere decir que no se puede esperar a tener las condiciones ideales para tomar una decisión. Por un lado porque lo ideal no existe y estaríamos dejando pasar el tiempo sin más. Y por otro lado, si nos damos cuenta de las indicaciones de la realidad, es el propio curso de nuestra vida el que determina si estamos preparados para algo o no. Cuando se dice que no existen las condiciones ideales, no significa que todo se deba hacer a la ligera. Quiere decir más bien que hay que ser más tolerantes con el grado de exigencia, estar en buenas condiciones es posible y es lo deseable, pero estar en las condiciones ideales es casi delirar. Porque lo ideal no existe sino en el pensamiento. El momento oportuno existe, pero no hay que esperar a que llegue, sino que hay que crearlo. La diferencia está entre hacer y no hacer. Aunque sólo haya una vida para cada uno, estilos de vida puede haber tantos como personas. No se puede negar la compleja variedad del mundo humano y de su vida anímica. Ningún estilo de vida es mejor que otro, son modos distintos de estar, y todos son respetables. Cada uno vive de aquella manera que su psiquismo tolera. Hay quien trabaja media jornada laboral y quien trabaja 11 horas al día; hay quien está con su familia 24 horas al día, y hay quien visita a su familia dos veces al mes. Y todos pueden estar contentos y todos pueden llevarlo bien. Por eso que no hay patrones de vida, ni un modelo idóneo a seguir. Que yo no pueda llevar la vida de mi vecino no significa nada, o sí. Podría querer decir que yo no me permito una vida como esa, o bien que mis deseos van por otro camino. Pero si se anhela mucho esa otra vida, habrá que revisar nuestros deseos y ponerse a trabajar para conseguirlo. No obstante, hay que tener cuidado de que ese "mirar al vecino" no sea una cuestión de envidia o no sea esa tendencia humana a infravalorar lo propio. Como dijo Freud a veces la cultura impone ciertas pautas como si todos
fuésemos iguales. Y esa imposición genera un malestar,
el malestar en la cultura.
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