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ADICCIONES
Esta semana, para plantear la realidad de las adicciones, expongo las
preocupaciones expresadas en forma de cartas y que son respondidas por
psicoanalistas profesionales:
Carta 1: Soy psicóloga, llevo muchos años trabajando en
una asociación con mujeres maltratadas, he conocido a muchas
mujeres de alcohólicos y he observado en ellas un hecho común,
todas adoran a sus maridos. Todo son muestras de conmiseración,
de amor, de comprensión infinita, aunque sea otra cosa muy distinta
lo que dicen de ellos. Sin embargo, en general, los alcohólicos
son hombres especialmente celosos, irascibles, malhumorados. Y este
es un hecho que me ha llamado poderosamente la atención, el amor
desmesurado que profesan a los alcohólicos sus mujeres, a pesar
de criticarlos a veces con acidez, son incapaces de abandonarlos.
Respuesta: En realidad la pregunta que deberíamos hacernos es
¿quién es el adicto?: el alcohólico, con su adicción
al alcohol o la familia del alcohólico con su adicción
al alcohólico. Las mujeres de los alcohólicos tienen en
general una historia de desengaños amorosos y de relaciones con
hombres que las maltratan, o bien, son incapaces de abandonar esa única
relación, que por otra parte, las hace tan infelices. No es por
azar que estas mujeres "eligen" el destino que desde fuera
aparece como impuesto, pero tampoco es consciente esta elección,
es evidente, como usted bien ha observado, que una parte de ellas acepta
y goza de esta relación, mientras que otra se resiste a ella
y sufre. La elección del objeto amoroso, está sobredeterminada
desde el inconsciente, pero sobredeterminada no quiere decir inmodificable.
Esta modificación, por supuesto, sólo es posible en el
marco de la relación analítica.
Carta 2. Queridos amigos: no sé cómo comenzar esta carta,
y me atrevo a escribirles por una amiga, que está atravesando
una situación realmente difícil con su marido, que es
alcohólico. Ustedes decían en la carta que la familia
del alcohólico está implicada de alguna manera en lo que
le pasa al paciente. Yo les aseguro que el caso de mi amiga debe ser
una excepción, porque ella lo único que hace es sufrir
por su marido. Quisiera que ustedes me recomendaran una manera de infundirle
el miedo necesario para que dejara de beber. Gracias, un saludo.
Respuesta: Como siempre insistimos, que su amiga, o que usted no se
den cuenta conscientemente de que ella está implicada en el problema
de su marido no tiene nada que ver con la implicación real, queremos
decir que todos los mecanismos que intervienen en la perpetuación
del hábito son inconscientes, tanto para el paciente como para
los que le rodean. Es decir, únicamente abordables con tratamiento
psicoanalítico. Por otro lado, esa idea que usted expresa en
la carta sobre cómo se debe asustar a los pacientes para que
dejen de beber, está muy extendida entre las familias de los
alcohólicos. El castigo, la reprimenda no es la solución,
los alcohólicos son personas profundamente torturadas por su
hábito, dirigen hacia sí mismos las más duras críticas,
el castigo al que son sometidos desde su interior (nosotros diríamos
desde su superyo) es mucho más fuerte que el castigo al que nosotros
desde fuera le podamos someter, independientemente de lo duro que pueda
parecer éste. La vía de acceso, vuelve a ser, nuevamente
individual, y pasa por el diván.
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