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CARTA A UN IMPUNTUAL Querido impuntual, Casi siempre llegas tarde, a citas de trabajos, a citas con chicas, con amigos, con la familia. Lo que se repite es que llegas tarde. Tu acto de impuntualidad lo veo un doble atentado. Por un lado es como si no tuvieses en cuenta al otro y no fueses capaz de valor su tiempo. Por otro lado y evidentemente, tampoco eres capaz de administrar tu tiempo. De verdad estoy cansada de que siempre tengas una excusa para justificar tu impuntualidad: un día es el tráfico, otro día el teléfono, otro día se te avería el coche, otro día es un olvido, montones de factores externos que parecen que atentan contra ti. Pero, ¿dónde queda tu responsabilidad? Es más lógico pensar que hay algo en ti que te hace llegar tarde. Pensando de esta manera estás dejando a un lado la mala suerte, y así puedes hacer algo para que las cosas te ocurran de manera diferente. Yo, que quedo contigo muy a menudo, tengo que tener muy claro donde
posicionarme: si enfadarme o no enfadarme. Por mi forma de afrontar
la vida cotidiana, tengo muchos factores a mi favor para no enfadarme
aunque la situación no sea justificable. El impuntual trata de escabullirse de su hora. Se cree que por no llegar nunca a tiempo también podrá ser impuntual a la hora de la muerte. Y lo que no sabe es que la hora de la muerte es la que te busca. Ya sé que sólo puedo comprometerme con mi deseo y no con los tuyos ni con los de nadie. Cada cual sólo está en condiciones de exigirse a uno mismo. Así que un beso y trata de manejar tu tiempo, en lugar de que el tiempo te plantee tantas contrariedades.
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