Psicoanalista y Psicologa Malaga

 

Carta de un "ex-pobrecito"

Las palabras son carne para el cuerpo,
Y el alma enferma de palabras.
Miguel Oscar Menassa

Querido,

Hoy voy a hablarte de mis alegrías. No pienses que es un día especial ni que ha ocurrido un acontecimiento extraordinario. Es que me he dado cuenta de que uno vive según habla: si uno sólo habla de aspectos negativos, vive como un triste; si uno habla de los acontecimientos positivos, uno vive como un alegre. Me he dado cuenta de que yo no quiero ser pobrecito para nadie. Sin ser muy consciente, hubo un tiempo donde era capaz de captar la atención de todos a través de la compasión. Casi, me atrevo a decir que minaba mi vida para alimentar la lástima. Pero eso se acabó. Para tener gente a mi lado, era mejor tener otros motivos.

No sé si te habrás fijado, pero para la gente es muy fácil hablar de lo mal que le va. Por lo general casi nadie cuenta sus logros. Además, muchos amigos sólo se acercan a uno si está mal. Sin embargo, cuando todo va bien, nadie te pregunta nada, los amigos están escondidos.

Esto no es una exageración. Es un fenómeno que realmente ocurre. He llegado a pensar que la gente disfruta del mal ajeno. O tal vez la gente no quiera saber de los éxitos ajenos, para que no les suscite envidia. A mí me da igual, espero no contagiarme del maldecir de los otros. Cierto es, que hubo un momento, donde todo para mí era hablar en negativo, un momento donde yo parecía regocijarme en el sufrimiento, que no era tanto la realidad como algo exagerado por mí. Me estoy construyendo un cuerpo con las palabras que todos sueñan: pintar, escribir, crear, felicidad, tranquilidad, proyectos…y esa será la vida que yo lleve.

Dostoyeski decía "el hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías". Yo, como he aprendido que la vida de cada uno son las frases que decimos de nuestra propia vida, quiero señalar la importancia de hablar de nuestras alegrías. Así que no entiendas que contar los éxitos es vanagloriarse. Contar los éxitos es tener una vida distinta a la queja.

Las cosas no cambian de la noche a la mañana, el "de repente" no existe, ni tampoco se nace de una manera u otra. Todo es fruto de un trabajo de varios años. Si uno sabe hacer lo que corresponde, al final la realidad siempre te acaba recompensando. Para eso es importante trabajar para la vida o construcción, y no para la muerte o destrucción. Hay que saber cuidarse de los deseos que uno tiene para consigo mismo. Porque no siempre queremos lo mejor para nosotros.

Para que veas que los deseos hay que producirlos, te traigo un ejemplo. Cuando veo un árbol, aseguro que hubo una semilla que lo generó. Pero una semilla no me asegura que vaya a haber un árbol. Así que, llegado un momento de la vida, si uno se encuentra amante, trabajadora… será entonces la muestra de que lo habíamos deseado.

Un beso repleto de deseo y nada de que me llamen "pobrecitooo". He sabido cuidarme de mis tendencias masoquistas y ahora aprendo a sumar deseo de vida.