Psicoanalista y Psicologa Malaga

CARTA DE UN PACIENTE

Querido,

Yo soy paciente en la doble acepción de la palabra. Por un lado, paciente es una persona que tiene paciencia. Y por otro lado, paciente también es también aquella persona que toma sesiones de psicoanálisis. Y quizá la forma de ser más paciente con la vida es ser más paciente de psicoanálisis.

Al principio, cuando comencé mi tratamiento pedía a mi terapeuta, o más que pedir le instigaba a que me dijera "cómo podía cambiar, cómo, cómo, cómo". Hoy doy gracias a mi terapeuta de que nunca se metió en mi vida privada: ni en mi vida amorosa, ni en mi economía, ni en mi forma de divertirme… Menos mal que nunca me dijo que dejara de salir con ningún chico. Sabiendo como somos los pacientes, acabaríamos responsabilizando al psicoanalista de nuestra situación.

Está claro que el terapeuta no dice lo que hay que hacer, ni tiene ninguna varita mágica que pinte la vida como uno quiere. Pero una de las cosas que yo he conseguido con el tratamiento es cambiar mi forma de pensar. Y es eso precisamente lo que me ha permitido abordad la realidad de otra manera.

Si alguien se da de baja en el trabajo le trataban como un depresivo; si alguien se lleva mal con los compañeros de clase, todos le tratan como un amargad. Así la gente en lo primero en que se fija es en la apariencia del comportamiento, y lo entiendo, porque hasta que uno no conoce el psicoanálisis no se puede imaginar que no todo es apariencia. El psicoanalista sabe que detrás de todo eso, hay algo, en concreto el inconsciente. Que el terapeuta te trata de forma diferente al resto de la gente, permite que te vayas transformando.

Lo que yo más valoro de este tiempo de tratamiento es que ya no me hace falta enfermarme para hablar. Ahora si algo no me gusta (la muerte de un ser querido, un gesto de un familiar, etc.) soy capaz de ponerlo en palabras en lugar de que me entre un dolor de cabeza o una lumbalgia.

Pero sobre todo, lo que valoro es que ya no hago responsable a nadie ni de mis desdichas ni de mis dichas. Atrás han quedado la suerte, los malos hombres, los compañeros traidores. Antes mi posición era pasiva, y sólo cabía sufrir y quejarme. Ahora sé que no hay excusas para justificar mi vida. Ahora sé que lo que tengo o lo que me pasa es porque lo deseo o por que no lo deseo, es porque trabajo para lo que deseo o porque no trabajo para lo que deseo.

Un beso, y desde aquí te animo a que tome las riendas de tu vida.