Psicoanalista y Psicologa Malaga

Carta de un trabajador


Querido,

Hay días como hoy en los que no quiero trabajar. Días como hoy en los que me muevo bajo la concepción cristiana del trabajo: ganarás el pan con el sudor de tu frente. Y así, la verdad, parece como si todo fuese un castigo.

Menos mal que no me llego a creer mis pensamientos enfermizos. Menos mal que no acabo doblegándome a la pereza. Al fin y al cabo el trabajo aporta más cosas buenas que malas. Si consigues el trabajo que deseas, obtienes autoestima. Si trabajas en lo que te gustas, te produce satisfacción.

Trabajar, además de cubrir las necesidades económicas también cubre necesidades afectivas. A la hora de trabajar, como en cualquier otro ámbito de la vida es muy importante tener en cuenta los aspectos psíquicos de la persona. Me gustaría señalar que las tramas afectivas inconscientes suelen ser junto con la intolerancia al éxito, las causas más frecuentes que perturban el desarrollo y el buen funcionamiento empresarial. Los sentimientos y los afectos, tanto en la vida laboral como en la personal, en ocasiones, interrumpen las relaciones. Por eso que muchas veces no se trata de que "me va mal el trabajo", de que "tengo un jefe muy dictador", de que "tengo unos compañeros un poco trepas". Lo que hay detrás de todo esto en numerosas ocasiones son sentimientos. La mayoría de los afectos existentes -ya sean celoso, envidias, rencores, odio, amor, deseo, etc.- pueden mostrarse de una manera consciente, pero muchas veces, tales afectos no se manifiestan sino bajo la forma de equivocaciones donde hago fracasar al otro, errores que llevan a cuestionar la efectividad de un socio… Equivocaciones tras equivocaciones que a la larga deterioran las relaciones y el proceso comunicativo.

Hay que tener en cuenta que nos cuesta reconocer nuestros defectos. Vemos y oímos lo que nos interesa, y lo que no nos interesa no lo queremos ver ni oír. Nos engañamos a nosotros mismos para llevar siempre la razón. Si algo nos molesta de la otra persona, es por algo que vemos de nosotros reflejados en ella. Desplazamos nuestros defectos hacia otras personas. De esta forma trabajar en equipo resulta complejo.

A mí, en general, no me gusta responsabilizar a nadie ni de mis éxitos ni de mis fracasos. Partimos, para seguir hablando, de que todo sujeto está implicado en su vida y en su situación, somos responsables de nuestros actos: si somos médicos, somos responsables de haber estudiado medicina, si tenemos éxito en lo que hacemos, lo hemos conseguido con nuestra implicación, con nuestro trabajo, con la participación en ello de nuestro deseo, pero esto que parece más fácil de aceptar cuando algo va bien, nos resulta muy difícil de aceptar cuando algo va mal, cuando nos va mal, nos cuesta hacernos responsables de ello y tendemos a culpabilizar a la sociedad, a nuestros padres, a los compañeros de trabajo, etc. Esta es obviamente una posición infantil, en la cual uno mismo no se quiere hacer responsable de su implicación como sujeto.

Un beso, un puñado de letras y ya veremos que más. En el fondo, yo sé que la única manera de encontrar amor es en el gesto de dar amor a los demás.