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CARTA PARA ASPIRANTE A PROFESIONAL Querido aspirante a profesional, Quiero entender que el profesional se va haciendo y que difícilmente llega a un tope. Es más, uno será mejor profesional si entiende que siempre habrá gente por encima y gente por debajo. Darse cuenta de que uno sabe mucho, pero que cuanto más sabe más le queda por saber, es lo que permite el crecimiento y no quedarse estancado. Así que es mejor que no se lo crean nunca, porque si no se apoltronan. El que cree que llegó, se cae. Y si realmente eres bueno, nunca busques ser felicitado ni denigrado, simplemente tienes que querer trabajar.
Quizá alguna vez te hayas planteado dejar tu trabajo, pero es común que quien tiene algo tiende a dejarlo. Se deja porque se tiene. Lo que no se tiene no se puede dejar. Siempre deseamos otra cosa. Pero eso no es ni malo ni bueno. Hay que apañárselas con eso. Aunque eso sí, dudar es humano, pero dudar demasiado sería síntoma, puede que una forma de ponerse la zancadilla, y formas de autosabotaje hay muchas. Te cuento. Es un mito y una falsedad que la gente siempre quiera su propio bien. Por ejemplo, hay personas que son capaces de hacerse mal por joder al otro. Otro ejemplo se da cuando uno es capaz de trabajar contra sí mismo para mantener su forma de pensar: destruir tu vida para tener razón, tener un novio de mierda para tener razón, o perder un trabajo, cómo no, para tener razón. En otras ocasiones no eres mejor profesional por que no quieres que se beneficien de tu actuación: si piensas que alguien se puede aprovechar de lo que dices o haces, acabas sin hablar ni hacer. Querido profesional, la otra parte nunca debe ser un problema. Uno tiene que cumplir con su función. Si el cliente, el usuario, el paciente, es un impertinente, uno tiene que ocuparse y alegrase de no ser como ellos. Y si alguno habla mal de ti, publicidad te está haciendo. Hablar bien o mal de alguien, es publicidad, porque luego sólo se recuerda que hablaron de ti, no si lo hicieron bien o mal. Un beso de quien sigue trabajando con constancia. Aunque yo sé
que la constancia tiene recompensa, las mejores recompensas no suelen
ser económicas.
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