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DESALIENTO
Utilizando esta carta como introducción, vamos a aprovechar para hablar del optimismo. La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y el pesimismo radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades. Desde la primera planificación de nuestros objetivos ya pueden encontrarse diferencias entre estos dos modos de contemplar la realidad: los pensamientos optimistas y positivos predisponen a una planificación más positiva. En el otro lado están los estados de ánimo pesimistas, los cuales sesgan nuestros recuerdos en una dirección negativa, haciendo más probable que contraigamos decisiones más temerosas y esperando peores resultados. Los optimistas conservan una serie de características, como capacidad de automotivación, sentimiento de competencia para alcanzar sus objetivos, asegurarse de que todo irá bien cuando pasan por momentos difíciles, flexibilidad para alcanzar los objetivos por vías diferentes o para asumir que no se han alcanzado y capacidad para descomponer una tarea compleja en otras más sencillas y manejables. El optimismo es más que la creencia de que todo irá bien. Se trata de estar convencido de que uno dispone de la voluntad y los medios de llevar a cabo sus objetivos, cualesquiera que éstos sean. El optimismo no es lo mismo que la alegría, el optimismo proporciona una tranquilidad psíquica y claro que alegra la vida, pero no necesariamente siempre. Cuando ocurre una desgracia, por ejemplo, la persona optimista estará triste, pero no desesperada. Las creencias de las personas sobre sus propias habilidades tienen un profundo efecto sobre éstas. La habilidad no es un atributo fijo sino que, en este sentido, existe una extraordinaria variabilidad. Las personas que se sienten eficaces se recuperan pronto de los fracasos y no se preocupan tanto por el hecho de que las cosas puedan salir mal sino que se aproximan a ellas buscando el modo de manejarlas. En el momento de pesimismo se pueden destacar dos elementos: La dificultad real de la situación a resolver y la dificultad interna de la persona para enfocar la situación adecuadamente. Saber leer la realidad de las situaciones es algo complicado, la mayoría de las personas analizan las situaciones desde el subjetivismo. Las personas optimistas se centrarían en las circunstancias positivas, en la posibilidad de mejorar la situación, teniendo en cuenta las deficiencias pero sabiendo que se pueden superar. Hay que restar dramatización a los hechos y saber que todo tiene
dos caras.
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