Psicoanalista y Psicologa Malaga

EL CHISTE

Es Freud quien se ocupa del estudio del chiste, porque éste desemplea un importante papel en la vida anímica del sujeto. Además también hay que tener en cuenta el peculiar encanto que el chiste tiene en nuestra sociedad.

Freud diferencia entre el chiste, lo cómico y el humor. El placer del chiste surge del ahorro del gasto psíquico de una represión: se hace un chiste en lugar de que un pensamiento sea reprimido. Por ejemplo en un funeral alguien podría hacer un chiste sobre la persona fallecida para no tener que reprimir algún pensamiento inadecuado que se le viene a la cabeza. De algún modo el chiste nos libera de tener que reprimir en determinadas ocasiones algunas ideas que no podemos aceptar fácilmente. El placer de lo cómico es el gasto de representación ahorrado, es decir alguien en nuestro lugar hace una representación con la cual nos reímos de nosotros mismos. Y el placer del humor es el ahorro del gasto psíquico de un sentimiento. En los tres mecanismos de nuestro aparato psíquico se origina el placer de un ahorro.

La euforia que se tiende a alcanzar gracias al chiste es el estado de ánimo propio de una época de la vida en la que se puede llevar a cabo la labor psíquica con muy escaso gasto, esto es, el estado de ánimo de la infancia, donde no se conoce lo cómico, no se es capaz de comprender el chiste y no se necesita del humor para sentirse feliz en la vida. Es decir, que el mecanismo muestra una reconquista de un placer que, por motivo de una inhibición, una representación o un sentimiento, estaba coartado.


Todos hemos oído que la risa puede ser un camino terapéutico. Pero no cualquier risa provoca un cambio. La risa es un fenómeno de descarga de excitación anímica. Y además reúne las condiciones necesarias para que una suma de energía psíquica, utilizada hasta entonces como carga, sucumba a una libre descarga. Para que la risa llegue a ser terapéutica tiene que provenir de algún proceso cuya elaboración sea inconsciente. Así, un chiste, una situación cómica o un momento humorístico hablan del sujeto, de cómo se constituye el aparato psíquico de ese sujeto en concreto. No es lo mismo resolver una cuestión de forma breve mediante un chiste, un lapsus o un sueño, algo que dura un instante, que mediante un síntoma que está presente en todos nuestros actos.

Entre el sueño y el chiste existe cierta relación. Además de compartir las técnicas: desplazamiento, condensación, errores intelectuales, contrasentidos… el chiste y el sueño se sitúan en la región de lo inconsciente. El proceso del chiste en la persona que lo cuenta es el siguiente: un pensamiento preconsciente es abandonado por un momento a la elaboración inconsciente, siendo luego acogido en el acto el resultado por la percepción consciente. A pesar de ser dos funciones anímicas que presentan coincidencias también muestran diferencias. El sueño es un producto anímico totalmente asocial, no tiene nada que comunicar a nadie, no sólo no necesita aspirar a ser comprendido, sino que los sueños sólo pueden subsistir encubiertos por su disfraz. El chiste es la más social de todas las funciones anímicas encaminadas a la consecución de placer. Tiene que hallarse ligado a la condición de compresibilidad y la deformación tendrá que detenerse antes de hacerse irreconocible.

El sueño y el chiste surgen en dominios totalmente diferentes de la vida anímica y en puntos del sistema psicológico muy alejados uno de otro. El sueño se encamina predominantemente al ahorro de displacer, y el chiste, a la consecución de placer. Pero no hay que olvidar que a estos dos fines concurren todas nuestras actividades anímicas.