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ELLA VINO Y ME ATACÓ Era un día normal. Normal, quiere decir para mí que predomina la alegría sobre otros sentimientos, que me encuentro a gusto trabajando, que tolero los imprevistos, que aprecio a otras personas, que las cosas suceden de forma tan natural que la vida parece fácil. Pero de repente me atacó. Llegó la envidia y me atacó. Una picadura virulenta, que si quiere te ataca tres frentes. El psíquico. El físico. Y el social. Lo que más me fastidia es que Ella es muy independiente, siempre actúa por su cuenta. En esta ocasión su objetivo no era lo típicamente admirado por todos. Qué va, no se trataba de algo brillante, grande, magnífico, nada que se aproximase al sobresaliente. Y esso me sorprendió mucho. ¿Sabéis cual fue su objetivo? Una mujer que más que admirable era motivo de lástima. Su presencia casi era fantasmática, no mostraba nada malo, pero tampoco bueno. Y sin embargo, yo por un momento deseé ser una pobre mujer. La veía un ser absurdo insípido con suerte, y sin embargo, por un momento deseé ser como ella. Quiero explicar lo de la suerte. Ella hasta su treintena apenas había trabajado. Y simplemente con un trabajo de dependienta y ahora, con un hombre a su lado, le bastan para su felicidad. Como si el amor fuera suficiente para vivir. Siempre se muestra calladita y de acuerdo con todo, como el apéndice de ese hombre al que ahora ama. Pues yo, por unos instantes desee ser esa "sometida feliz". Ojo, para colmo de esta envidia absurda, yo apenas conozco a esa persona, aún puedo contar las veces que la he visto. Me he envidiado sólo de una apariencia, supongo por aquello que siempre pensamos que el otro tiene lo que a mi me falta. Curiosa la actitud de la envidia ¿verdad? Pero esta vez la picadura mordaz no ha traspasado los límites de la acción. Aunque me atacó por sorpresa, tengo que decir que no sufro lesiones. El veneno de la mordedura de la Envidia no me ha hecho arremeter contra nadie. Tal como la vi venir la dejé marchar. Estoy contenta de poder contarlo, porque hay quien se muere envenado sin darse cuenta de que fue picado. A consecuencia de ese ataque sorpresa, he querido poner algún sistema para eliminar la Envidia, pero luego lo he pensado mejor, y me da la impresión de que el factor humano no se puede hacer desaparecer. Como hoy lo cuento, parece que he conseguido burlarme de Ella. Existe un arte, o mejor dicho una ciencia, que te permite pasar siempre por delante de la Envidia.
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