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ENFADARSE
Es de sobra sabido que ante la vida existen distintas formas de posicionarse. Así, se puede encontrar gente del lado de los fumadores o gente del lado de los no fumadores. Gente del lado de los puntuales o gente del lado de los impuntuales. Según en que bando nos coloquemos, el humo o los impuntuales molestará o no. Ahora el planteamiento sería el siguiente: ¿qué es más perjudicial: el humo o montar en cólera para rebatir tus derechos de no fumador o puntual? Ahora que cada cual examine qué le hace más daño. ¿Para qué nos enfadamos? Está claro para todos, que cada uno tiene sus principios, valores, pero lo que no queda claro, es que los demás no tienen porque hacer como uno. Muchas veces da la sensación de que los enfados esconden un dictador, si las cosas no son como yo pienso, entonces armo la guerra. Otras veces y visto de un modo más moderado los enfados esconden un educador, un intento de educar o enseñar a los demás. Que cada cual reflexione para qué se enfada, y el porqué molestarse por tantas cosas ¿acaso es un intento de que el mundo sea a nuestra imagen y semejanza? ¿Por qué nos enfadamos? A toda persona hay que dejarle hablar, dudar, plantearse cuestiones,
elaborar. Y si esto ocurre en tratamiento mucho mejor. Porque hablar
delante de un amigo sí que produce cierto alivio, pero más
tarde la preocupación volverá a aparecer. Lo que diferencia
hablar con un amigo, de asociar en sesión, que para muchos puede
parecer lo mismo, es que con el desarrollo del tratamiento se favorece
un cambio de posición psíquica, de tal forma que los síntomas
no vuelvan a aparecer.
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