Psicoanalista y Psicologa Malaga

ENFADARSE


Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
Aristóteles

Es de sobra sabido que ante la vida existen distintas formas de posicionarse. Así, se puede encontrar gente del lado de los fumadores o gente del lado de los no fumadores. Gente del lado de los puntuales o gente del lado de los impuntuales. Según en que bando nos coloquemos, el humo o los impuntuales molestará o no. Ahora el planteamiento sería el siguiente: ¿qué es más perjudicial: el humo o montar en cólera para rebatir tus derechos de no fumador o puntual? Ahora que cada cual examine qué le hace más daño.

¿Para qué nos enfadamos?
Por un lado, como no hay nadie que haga igual que uno mismo, hay que ser tolerantes y pedir las cosas con modales y educación. Porque hay que ser respetuosos para que los demás te puedan respetar. Por otro lado, ¿alguien se ha preguntado que pretende conseguir con los enfados? Se pueden manifestar los desacuerdos de forma civilizada, pero la cuestión es para qué sirve llevar el enfado hasta invadir los límites del otro, ¿acaso es para hacerle daño y sufrimiento? ¿o acaso es para que el otro modifique sus formas? ¿un modo de manipulación? ¿o acaso recurrir al enfado es una forma de exigencia?

Está claro para todos, que cada uno tiene sus principios, valores, pero lo que no queda claro, es que los demás no tienen porque hacer como uno. Muchas veces da la sensación de que los enfados esconden un dictador, si las cosas no son como yo pienso, entonces armo la guerra. Otras veces y visto de un modo más moderado los enfados esconden un educador, un intento de educar o enseñar a los demás. Que cada cual reflexione para qué se enfada, y el porqué molestarse por tantas cosas ¿acaso es un intento de que el mundo sea a nuestra imagen y semejanza?

¿Por qué nos enfadamos?
Desde el psicoanálisis se apunta que la agresividad es fruto de una posición del Yo: "yo o el otro" en lugar de "yo y el otro". En realidad, no es la otra persona quien nos enfada, sino nosotros mismos. El que se enfada no acepta a los demás. En muchas ocasiones el miedo, la inseguridad, los celos, la envidia, se manifiestan como enfados o ira. Por ejemplo un enfado, de forma inconsciente puede tener origen en el tratar de humillar al otro en lugar de festejar sus éxitos, gracias a una acción que él se atrevió a hacer y nosotros no. Muchas veces el hecho o la palabra que despiertan la ira no son su verdadera causa.

A toda persona hay que dejarle hablar, dudar, plantearse cuestiones, elaborar. Y si esto ocurre en tratamiento mucho mejor. Porque hablar delante de un amigo sí que produce cierto alivio, pero más tarde la preocupación volverá a aparecer. Lo que diferencia hablar con un amigo, de asociar en sesión, que para muchos puede parecer lo mismo, es que con el desarrollo del tratamiento se favorece un cambio de posición psíquica, de tal forma que los síntomas no vuelvan a aparecer.