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FIESTA EN INTERIORES
-juicio previo-
Puse un pie adelante, en algún lugar, con el riesgo que eso
tiene. Me encontré esta fiesta: caras comunes, gente borracha
para poder reírse, conversaciones del pasado, mujeres diciendo
que todos los hombres son iguales, silicona, un poco de botox, hombres
hablando de lo locas que están la mujeres, y en general lo barato
que se compra en Mercadona
¡uf! Poco prometedor ¿verdad?
Ahora, con el riesgo asumido, quién es capaz de dar un paso adelante,
pero esta vez en firme.
El riesgo que asumo, es anticiparme a todo acontecimiento. Cualquier
tiempo de espera, yo lo lleno de sensaciones. Ese es mi fuerte. Tan
fuerte que a veces consigo paralizarme. Impregno los espacios de
bueno, de cualquier cosa posible: aburrimiento, repetición, ilusión,
perfección, palpitaciones, nerviosismo, paz, lujuria, vergüenza...
en definitiva pre-juzgo.
El único servicio que se atreve a cubrir este tipo de riesgos
es el psicoanálisis. Si quiero disfrutar de más fiestas
que las interiores, tengo que pensar en sacarme un seguro de ese tipo.
Ya se lo puede imaginar cualquiera. Mi especialidad es vivir las fiestas
dos semanas antes de ir a la fiesta. También soy especialista
en salir con los chicos antes de que sean mis novios, si es que llegan
a ser mis novios. Otra especialidad mía es saber qué va
a pasar en los cursos a los que nunca llego a inscribirme. En definitiva
mi especialidad es adelantarme a todo. Mi madre me dice siempre que
si soy la pitonisa Lola.
Para qué negarlo, a mí, Pili, de 33 años, me resulta
imposible ir vacía a cada encuentro. Como he dicho antes, yo
me encargo, durante las horas previas, ¡qué digo durante
días previos!, ¡incluso meses!, de irme cargando de todo
tipo juicios. Así no hay quien viva la vida. Además, imagínense
lo cansado que es: si la fiesta es el ultimo domingo del mes y yo me
pongo a pensar desde el día quince
¡no hay quien
resista tanta juerga! Normal, tanto darle vueltas a la cabeza al final
uno acaba mareado, tumbado en el sofá muerto de asco y diciendo:
"siempre lo mismo, qué rollo de vida, voy a tener que mudarme
de ciudad a ver si vivo cosas nuevas".
Pude vencer a mis pensamientos y finalmente fui a la fiesta. Fui cargadita.
Cargadita de mi propia mierda, ni de alcohol ni de drogas. Y claro,
no pude saborear la novedad. Indiferente, esa podría ser la palabra
más acertada. ¡Cuantas veces imaginé el encuentro
y luego fue distinto! Como no podía dejar de comparar lo que
estaba ocurriendo con lo que tenía que ocurrir según la
fiesta de mi cabeza, no dejaba lugar para disfrutar lo que allí
estaba sucediendo realmente.
En lugar de un juicio previo, ¿qué tal si practico un
juicio final?
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