Psicoanalista y Psicologa Malaga
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LA REALIDAD NO IMPORTA

Querido,

Andaba el otro día atrapada en pensamientos que nada bueno me aportaban. Yo sé que difícilmente me puedo aplicar los consejos de otros. Lo mejor son palabras que capten mi atención. Por eso, obedeciendo a ese principio, salí en busca de palabras que me liberaran.

Qué sorpresa, cuando escuché de otro, que la libertad no existe, entre otras cosas porque difícilmente puedo escaparme de mi ideología. Y que la realidad no importa, sino lo que cada uno piensa de la realidad. Y esas fueron las palabras que me sirvieron algunos días.
Qué más da tener un padre trabajador y educado, si yo pienso que es un amargado y que poco da a los que están a su alrededor incluido a mí. O que más da tener un trabajo de cierta consideración, donde se gana algo más que la mayoría y se trabajan justo ocho horas si yo pienso que el trabajo es una condena y que me quita la vida.

Y así, según lo que tú piensas, puedes llamar toda una vida a tu padre perro judío o dejar trabajos que en realidad te convenían.

Querido, la realidad da igual, es más, no sabemos si las cosas que han pasado son así o no, ni si son verdad o no, lo que importa es lo que tú piensas de la realidad. Por eso hay que analizar lo que uno piensa y no darle la espalda. Es con ayuda de otros que uno puede construirse un nuevo pensamiento y así poder tener nuevas relaciones con el padre, con el trabajo, con el novio, con la lectura o con lo que se tercie. Como te he dicho otras veces, en ocasiones lo más difícil es deshacerse del "qué pensarán" y del "qué pienso".

Relacionado con el tema de cómo uno puede vivir su propia vida, cayeron en mis manos unas palabras de Almafuerte, que decían algo al respecto: "vive la vida como una vida ajena, es decir: como quisieras que tu compañero, que tu hermano, que tu hijo, viviera la suya". Esto también fueron palabras que me impactaron, porque es cierto que en ocasiones, uno es más considerado con la vida de los demás que con la de uno mismo. Como el típico ejemplo ese, de que se trata mejor y con más respeto al hijo del vecino que al tuyo propio.

Aunque la realidad nos parezca complicada, me he dado cuenta de que somos capaces de adaptarnos a cualquier circunstancia. Por ejemplo, yo puedo sentir pena por mi amigo que se ha quedado cojo, pero resulta que él ha rehecho su vida, ha encontrado mujer y es capaz de desenvolverse. Entonces la pena es mía, está en mí y no en la realidad del otro, que ha conseguido vivir feliz a pesar de las dificultades. En este sentido, todos somos fuertes. De esta forma la compasión o la autocompasión son más una cuestión de pensamiento que de realidad.

Sabiendo que todos somos fuertes, empieza el día para mí. Un beso.