Psicoanalista y Psicologa Malaga

MEDALLA DE ORO

Anoche soñé que batía el record nacional de 200 braza. Yo salía del agua, vi el tiempo y sonreí. Al rato los compañeros empezaron a decirme: "¡Eres la primera de España!", "¡eres la mejor!". Al despertarme, me acuerdo, que lo que más me impacto fue la tranquilidad, la serenidad, podríamos llamarlo incluso frialdad con que afronté en el sueño ese gran éxito, casi espectacular. No hubo alarma por los resultados, ninguna reacción desmedida.

En realidad también podría haber soñado otras cosas. Por ejemplo podría haber soñado que ganaba cuatro mil euros al mes y todo como si nada, sin apenas reaccionar. O podría haber soñado que había publicado tres libros y seguía escribiendo con el mismo empeño que el primero. O podría haber soñado que tenía una familia, una buena casa, un buen coche, una buena vida, y sin alardear.

Lo común a todos esos sueños es la tranquilidad, o indiferencia hacia los resultados. Muchas veces en la vida, por no decir siempre, hay que hacer las cosas sin fijarse demasiado en los resultados. Si me doy cuenta de repente que soy campeona de España, que gano dinero, que tengo éxito social… puedo asustarme y perder la cabeza.

Asustarnos porque no podemos olvidar el texto de Freud "los que fracasan al triunfar". En él viene a decir que el triunfo y el éxito, pueden llevar a la neurosis y la melancolía. Y es que hay personas que no pueden disfrutar de los logros que obtienen. Personas que cuando consiguen alguna meta perseguida, les entra culpa, miedo, o que cuando el éxito está apunto de llegar hacen autosabotaje y lo echan todo a perder.

Con el éxito también se puede perder la cabeza, en el sentido de sobrevalorar algo en un momento puntual. Perder la cabeza, hasta llegar al punto de tener pensamientos erróneos que nos lleven a actitudes tales como acomodarse en determinadas posiciones por pensar que siempre va a suceder así, o no seguir trabajando por pensar que se puede vivir de las rentas.

Ni la victoria ni el triunfo son nada. Son momentos y de igual forma hay que seguir trabajando: "No hay ser, no existe el llegar, por eso que todo progreso es un trabajo constante".

El caso más reciente nos lo ofrece la selección española de baloncesto. Pese al gran esfuerzo de los periodistas de colgarle al equipo español la medalla casi en octavos de final, el conjunto español supo no precipitarse ni anticiparse a acontecimientos. En el equipo español, tanto los jugadores como el entrenador, hacían declaraciones de este tipo: "Bueno, hoy hemos ganado, pero esto se gana partido a partido", "tenemos que seguir trabajando, somos un equipo", "hoy ya ha pasado, hay que estar contentos, pero tenemos que ponernos ya a trabajar para el siguiente…" Los jugadores pusieron el trabajo constante y los periodistas la pasión, por lo general más sensacionalista que comedida.

En este caso todo ha salido bien, por eso he traído como buen ejemplo el del equipo de baloncesto, porque si no recuerdan mal con la selección de fútbol, ocurrió todo lo contrario.

Enhorabuena al conjunto español. Juventud y trabajo son compatibles.