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¡No, si a mi no me pasa eso!
Estrenamos Julio, carné por puntos y llega la operación salida. ¿Os habéis preguntado alguna vez que por qué a pesar de los esfuerzos de la DGT el número de accidentes a penas se reduce? La gente sigue dejándose la vida en el asfalto y las listas de muertos se repite cada tanto recordándonos que la muerte está presente. Desde el psicoanálisis sabemos que el sujeto está implicado en todo lo que le pasa. Suena fuerte, pero con esto quiero decir que las personas están implicadas en las cosas que le pasan. No podemos olvidarnos de que tenemos inconsciente. Según la lógica de la conciencia, no tiene sentido que nadie quiera morirse. Pero si tenemos en cuenta el descubrimiento que hace el psicoanálisis, podríamos decir que ese sujeto era todo pulsión de muerte. A veces trabajamos demasiado a favor de nuestra propia muerte. Esto quiere decir que realizamos acciones que ponen en peligro nuestra integridad y supervivencia. Arriesgarse con el coche, con el trabajo, con el sexo, fumar en exceso, comer en exceso Además de tener en cuenta los deseos, no podemos pasar por alto que el ser humano no tiene conciencia de su propia muerte. Por eso, esa frase tan común que se escucha en boca de todos: ¡No, si a mí no me pasa eso! La nueva modalidad del permiso de conducir tiene un objetivo claro: sensibilizar a los conductores para reducir las cifras de fallecidos y aumentar también la responsabilidad al volante. Durante años la Dirección General de Tráfico implanta campañas para intentar concienciar a la población, pero la falta de resultados positivos es lo que nos ha llevado a este sistema de puntos. ¿Servirá de algo? Aún no nos podemos adelantar a los resultados, pero para que esta modalidad sea efectiva, además de tratarse de una cuestión de premio y castigo, debería tener en cuenta el deseo inconsciente de las personas. Hay personas que van por la vida como si fueran inmortales. Hay que darse cuenta de nuestra fragilidad sin caer en la desilusión, todos tenemos que hacernos responsables de los resultados. En definitiva, hay que educarse para que la vida nos vaya bien. No sólo hay que conducir cumpliendo las normas para evitar la pérdida de puntos, sino para cuidarnos a nosotros mismos y a las demás personas con las que compartimos la vía pública. Somos egoístas, eso ya lo sabemos, pero podemos civilizar nuestras tendencias para que al final de cada día podamos tener la conciencia tranquila.
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