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No te conozco
En numerosas ocasiones, se escucha en boca de la gente: "¡Es
que le conozco a la perfección!" Nada tan lejos de la realidad.
En otras ocasiones, sin embargo lo que se escucha es: "¡Yo
creía que le conocía, pero eso me ha sorprendido mucho!"
Comentario éste, más certero que el anterior.
Nunca se termina de conocer a las personas. ¿Por qué?
Son varias las razones que nos invitan a pensar que las personas cambian
su forma de actuar según dónde, con quién y en
qué momento interactúan.
Somos diferentes con cada persona
Según con quién nos relacionemos en cada momento podemos
actuar de una manera o de otra. Si estoy con una persona muy liberal,
eso me permite a mí actuar más suelta, menos inhibida.
Por el contrario, si estoy con una persona muy censuradora, reprimida
y con muchos tabúes, hará que yo me comporte muy limitada,
coartada, hasta remilgada. Todo esto quiere decir, que el interlocutor
invita a un tipo de comportamiento. Por tanto, mi variabilidad de carácter
o comportamiento, no sólo depende de mí.
A veces el arte está en saber elegir la compañía
que queremos tener para poder comportarnos como más nos gusta.
Somos diferentes con el tiempo
Con los años se gana experiencia, conocimiento, cambian los gustos,
en definitiva con el paso del tiempo uno crece. Si una persona ha sumado
tantas cosas a lo largo de su vida, no cabe esperar que su comportamiento
sea el mismo a los quince, a los treinta o a los cincuenta años.
Y menos mal que ocurre esa modificación de actitud.
La vida es cambio y hay que entender que habrá cambios en nosotros
y también en los demás.
Somos diferentes en cada situación
Está claro que no se requiere de mí la misma inteligencia
si estoy en un coloquio que si estoy con mis amigos. Tampoco se requiere
de mí el mismo afecto, si estoy ante mi pareja que si estoy ante
unos desconocidos. Ni tampoco puedo ser igual de bromista en mi puesto
de trabajo como en una fiesta. Es decir, que más allá
de las cualidades de mi interlocutor, cada situación requiere
de mí un plus de inteligencia, de humor, de sensualidad, de ironía.
Nadie se despierta todos los días igual. Ni todos los días
son iguales. Porque en cada encuentro, sea con la misma persona o con
personas diferentes, se va sumando experiencia. Porque no vivimos atrapados
en el tiempo. Así ¿no es fácil que alguien me sorprenda?
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