Psicoanalista y Psicologa Malaga

Tragedias


Este fin de semana, la noticia relevante y trágica era 18 víctimas mortales en el albergue de Todolella. Muchos se pueden preguntar qué puede hacer un psicólogo en un momento de crisis y si es efectiva su presencia.

Nadie está exento de sufrir una crisis. Pero ¿Qué es una crisis? Es estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos habituales. En otras palabras la crisis es un estado que existe cuando una persona pierde su equilibrio emocional por un hecho inesperado, es la reacción emocional a una situación no la situación misma. Un ser humano normal que se enfrenta a una situación vital devastadora y anormal.

Podemos clasificar la crisis en dos tipos: las circunstanciales, que son crisis accidentales o inesperadas. El rasgo más sobresaliente es que se apoya en algún factor ambiental, como por ejemplo: desastres naturales, víctimas de crímenes violentos, divorcio y otros. Y por otro lado las crisis de desarrollo son aquellas crisis que están relacionadas con el traslado de una etapa a otra, como por ejemplo de la niñez a la adolescencia, de adulto a la etapa de vejez

Las crisis circunstanciales, como la tragedia de este fin de semana, se pueden resolver de muchas maneras, pero la única forma positiva es el crecimiento, si uno acepta y asume la situación devastadora puede afrontar el futuro y retomar la tarea de vivir, trabajar, jugar y amar. Otras formas más dramáticas son la muerte o la debilidad en forma de enfermedad psicológica, la locura.

Para sobrevivir la crisis hay que cuidarse. Cuidar la salud, hay que conservar la salud y el bienestar del cuerpo. Cuidar los sentimientos, en los primeros momentos los sentimientos de rabia, culpa, tristeza o remordimientos deben ser identificados y se les debe dar alguna forma de expresión para que entre otras cosas, no lleven a una explosión descontrolada o a un consumo excesivo de energía. Cuidar la mente, afrontar los hechos, ajustar las conductas a las nuevas circunstancias, revisar metas, aprender nuevas formas de relacionarse con la gente.

En un primer momento el psicólogo provee de apoyo a las personas y sus familias para ayudarles a recuperar su equilibrio psicológico, permitiendo identificar, comprender y manejar las tareas psicológicas planteadas por la crisis y necesarias para el duelo. Es importante el acompañar, estar, y tener mucho cuidado con negar, banalizar y con aumentar lo que la persona siente o relata. Aquí los tópicos y consejos del tipo "sé cómo te sientes","el tiempo lo cura todo", "tienes que ser fuerte", "ya verás, que esto va a pasar", pueden ser contraproducentes, no ofrecen ningún apoyo. Lo que realmente ayuda es legitimizar sus preocupaciones diciéndole que era normal todo lo que pensaba y sentía, le situamos en un contexto de normalidad, haciéndole saber que se trata de unas reacciones normales a una situación ocurrida que no es normal. No se trata de reconstruir y volver a la normalidad sino sólo de aceptar lo que viene, acompañar, ventilar los problemas, no buscar interpretar o explicar. Ya ocurrió. Ante preguntas tan difíciles que hacen los implicados en estas situaciones: "¿Porqué a mí? No es justo", "Ahora empezábamos a vivir"...siempre se intenta responder con sinceridad, ya que hay preguntas que no tienen respuesta, y así se les comunica, explicando que el control de la vida o la muerte no esta en nuestras manos, pero lo que sí puede hacer es continuar nuestra vida, ya que hay personas de nuestra familia que nos quieren y posiblemente al fallecido le hubiera gustado que nos ocupásemos de ellas ante su ausencia. De todas las experiencias de la vida por muy duras que éstas sean siempre podemos aprender