Apreciación 2
Apreciación. ¿Sabíais que la terapia es un proceso?
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Tel 951 91 81 21
Otras colaboraciones: a pie de calle, problemas de pareja
Apreciación. ¿Sabíais que la terapia es un proceso?
Genoveva Navarro
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Apreciación. ¿Sabíais que es distinto conseguir algo y sostener ese logro?
Genoveva Navarro
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Presentación. Hola, soy Genoveva y te cuento brevemente cómo trabajo y cómo en qué momento me encontré con el psicoanálisis.
Genoveva Navarro
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Lo inconsciente. Hoy os traigo algunas ideas que expone Freud en su texto «algunas observaciones sobre el concepto de lo inconsciente en el psicoanálisis (1912). Nos cuenta que del conocido experimento de la “sugestión hipnótica” realizado por Bernheim, se pueden extraer algunas enseñanzas. Entre ellas ésta: la idea del acto prescrito durante la hipnosis no se limita a devenir en un momento dado objeto de la conciencia, sino que se hace eficaz. Pasa a convertirse en acto en cuanto la conciencia advierte su presencia. Dado que el verdadero impulso a la acción es la orden del médico, no podemos por menos de suponer que también la idea de esta prescripción ha llegado a hacerse eficaz. Sin embargo, esta última idea no es acogida en la conciencia, como sucede con la idea del acto de ella derivada, sino que permanece inconsciente, siendo así, a un mismo tiempo, eficaz e inconsciente. En resumen: el acto deviene consciente. La orden del médico permanece eficaz e inconsciente
La sugestión posthipnótica es un producto de laboratorio, un hecho artificialmente provocado. Pero la vida anímica de los pacientes está llena de ideas eficaces, pero inconscientes. De ellas proceden todos los síntomas. El carácter más singular del estado anímico histérico es, en efecto, el dominio de las representaciones inconscientes.
Una idea latente o inconsciente no es necesariamente débil. Estamos acostumbrados a pensar que toda idea latente lo era a consecuencia de su debilidad se hacía consciente en cuento adquiría fuerza. Pero existen ciertas ideas latentes que no penetran en la conciencia por fuertes que sean. Así, pues, denominaremos preconscientes a las ideas latentes del primer grupo y reservaremos el calificativo de inconscientes (en su sentido propio) para las del segundo, que son las que hemos observado en las neurosis. La expresión inconsciente no designa ya tan sólo ideas latentes en general, sino especialmente las que presentan un determinado carácter dinámico, esto es, aquellas que, a pesar de su intensidad y eficacia, se mantienen lejos de la conciencia.
Ciertas formaciones que aparecen con frecuencia en los individuos sanos, por ejemplo, los lapsus linguae, los errores de memoria, el olvido de nombres…pueden ser referidos sin dificultad a la actuación de intensas ideas inconscientes, lo mismo que los síntomas neuróticos.
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
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Venimos de celebrar el 14 de febrero, ¿qué significa este día para ti? Más allá de si es un día comercial o no, a mí me parece una excelente ocasión para hablar del amor. Así que para mí, para ti, para todos los amantes de la vida, y del amor. Porque el antídoto es amar: amor, amar, ama y haz lo que quieras. Y digo antídoto porque a veces lo que se torna difícil no es que seamos mortales, sino la propia vida.
¿Estás dispuesto a amar? Cuando uno está dispuesto a amar, se hace la magia. Pero en muchas ocasiones estamos demasiado acompañados de nuestros fantasmas, y queda poco espacio para otras cosas. Quizá no te hayas dado cuenta del tiempo que mal gastas con conflictos reales o imaginarios, y ese es uno de los beneficios que tiene la terapia, que puedes hacerte consciente de cosas que padeces pero te pasaban desapercibidas, dejando la energía libre para bien vivir.
Dedicar tiempo a ocuparte de las cosas que te importan, de eso que quieres que forme parte de tu vida, alegra. Y mejor cuidarlo, porque es carísimo perder lo que no tiene precio. Y no es que ya lo harás cuando tengas ganas o estés mejor, es justo al revés. Freud dijo muchas cosas importantes referente al amor, una de ella es que cuanto más interesado estemos por los objetos del mundo la insatisfacción será menor. Las relaciones con el mundo traerán su pizca de desencuentro, pero resultará menos doloroso que el exceso de sufrimiento de una vida sin amores.
El amor es un tema jugoso que nos suele interesar a casi todos. Comparto una entrevista que le hicieron al psicoanalista Gustavo Dessal. Habla de temas como ¿el verdadero amor tiene que doler?, y de la diferencia entre el enamoramiento y amor.
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
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Pacientes poco pacientes. Estamos acostumbrados a leer sobre qué cualidades debería tener un profesional de la salud mental para elegirlo, y cómo deberíamos sentirnos en el espacio de la consulta. En cambio hay un aspecto muy interesante que también tendría que ser tenido en cuenta. Y es que en numerosas ocasiones es el propio paciente el que pone barreras, y es su propia resistencia la que le hace sentirse incómodo, estancado, y eso le lleva a interrumpir o abandonar el tratamiento, y no comprometerse con ninguno.
Freud, escribe en “recuerdo, repetición y elaboración” (texto de 1914), que la manera especial que tiene el paciente de recordar es a través de la repetición. El paciente no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto; lo repite sin saber.
Durante el tratamiento es fácil reconocer la participación de la resistencia: cuanto más intensa es ésta, más ampliamente quedará sustituido el recuerdo por la acción.
Cabe preguntarse, ¿resistencia a qué? ¿Y por qué habría de resistirse? ¿De qué formas se presenta la resistencia? ¿Qué se repite con hechos? Estos factores hacen que en ocasiones el tratamiento se haga complicado y trabajoso. Parte del tratamiento es precisamente elaborar estas resistencias. Además esto es una particularidad que diferencia al psicoanálisis de la sugestión.
Por parte del paciente, antes de llegar a alguna conclusión y tomar una decisión, es buena señal si cuando surgen dificultades con el tratamiento, puede preguntarse, si eso que le pasa tal vez pueda tener que ver con é mismos, si tiene algún tipo de responsabilidad en su propia incomodidad. Por parte del profesional también tiene que existir un correcto y preciso manejo de esas resistencias, para que el paciente pueda vencerlas y continuar con el curso del análisis, para reestablecer la energía y que quede libre para ser vinculada a alegría de vivir.
Justamente ser más pacientes, o mejores pacientes, permite dejar de ser tan pacientes con nuestro sufrimiento.
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 526

La vida es una cuestión de decisiones diarias. No es que se elige una sola vez en un momento dado. Iría un poco más lejos, se vive decidiendo.
Todos los días tienen en común que hay que decidir cómo vas a vivirlo. Y tú, ¿ya decidiste hoy?
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
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Otras colaboraciones: a pie de calle, problemas de pareja

A veces uno tiene experiencias difíciles, y es lógico sentirse triste, angustiado, con pena, malestar. Tratar de actuar como si no hubiese pasado nada, no conmoverse ni lo más mínimo, sería negacionismo.
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262

Lo hago porque me gusta. Me pregunto de dónde sacáis vosotros las coordenadas o inspiración para manejaros con vuestras vida. No digo encontrar las claves de vuestra existencia, pero si pinceladas que hagan los días más amables. Cuando uno no está ensimismado, es en la propia vida cotidiana que uno puede sorprenderse y empezar a tener nuevas consideraciones.
Hace unos días mi hija de 5 años me preguntó por unos puzzles que no encontraba. Le dije que los había quitado de ahí porque para ella ya eran muy fáciles. Y me contesto rápidamente: ¡y eso que importa si es fácil o difíci!
Para mi fue un revelación. Hacer las cosas por placer, porque se disfruta, porque si. Sin buscar justificaciones, sin buscar sentidos, sin que todo nuestros actos tenga que estar orientados por la productividad, la mejora constante, el esfuerzo. El gusto de hacer cosas porque te gustan.
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
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Otras colaboraciones: a pie de calle, problemas de pareja

Autoestima. ¿Crees que la causa de tus problemas es porque te falta autoestima? Quizás seas de los que piensa que te va mal tu relación de pareja y te dejas pisotear porque no te tienes suficiente amor propio y te falta autoestima; o que si fueses una persona más segura y te quisieses más, con más autoestima, te pasarían cosas mejores y serias más popular; o que si no te aplastase tu sentimiento de inferioridad y tuvieses más autoestima podrías tener un trabajo mejor.
La autoestima es un concepto que se escucha hablar de él por todas partes y no precisamente a cargo de profesionales: desde revistas, programas de radio, influencers, manuales de autoayuda, conversaciones de amigos, en el núcleo familiar… Es tan popular que parece que fuese una de las principales claves del bienestar. Pero hablar tanto sobre autoestima y hacerlo a la ligera favorece que se banalice el concepto, y también que se descontextualice información, y que de algún aspecto concreto se haga un mantra, como por ejemplo el “quererse a uno mismo” que se ha convertido en el motivo central sobre el que gira la vida de muchas personas.
Circulan muchas propuestas para mejorar la percepción que tenemos de nosotros mismo, y la verdad es que cuando uno se lo propone no es difícil encontrar rasgos positivos que nos describan. ¿Pero qué sucede? Poner todo nuestro esfuerzo en estos ejercicios para ganar autoestima no garantiza ni satisfacción ni éxito. No es sólo una auto percepción, ni se trata de cambiar pensamientos negativos por positivos, ni tampoco se trata de que toda nuestra vida sean autocuidados. La autoestima no es un concepto simple y está vinculado a otros muchos aspectos. Ubicar el foco del malestar en la falta de autoestima, desvía la atención de otros temas más cruciales y que podrían hacernos entender cuáles son las verdaderas dificultades que están impidiendo que nos sintamos bien.
Si crees que tienes baja autoestima o que te falta autoestima, te invito a seguir leyendo. La apuesta del psicoanálisis no va encaminada a fortalecer la imagen que tenemos de nosotros mismos sino a escuchar al sujeto, porque las respuestas que andamos buscando sobre lo que somos hay que buscarlas en otro sitio.
Para empezar a constituirnos como personas, nos vamos forjando a través de distintas identificaciones. Identificaciones que hemos adoptado de cosas que nos han dicho, de cosas que hemos escuchado, de cosas que son el resultado de nuestra interpretación. Otras veces nos identificamos con el lugar que “nos dan” en la familia y que adoptamos: el listo, el responsable, el fuerte, o incluso negativos: el tonto, el vago, el raro.
La incomodidad llega cuando se crea una distancia entre lo que dicen los demás de nosotros, y lo que nosotros somos realmente, eso genera inseguridad, malestar, falta de amor propio y de autoestima.
En un proceso terapéutico uno llega a descubrir qué identificaciones no le están funcionando y qué cosas si le describen y le sientan bien. No hay una identidad última que responda a la esencia de que es uno mismo. Uno se puede desprender de identificaciones y dejarlas caer, e identificarse a otras cosas.
La mayoría de las personas nos comparamos, y no precisamente para alegrarnos de las bondades de las diferencias y disfrutar del punto chulo de cada uno. No. Es una comparación en la que nos perdemos y en la que casi siempre suponemos que el otro es mejor. Frente a esa práctica perniciosa, uno se queda en menos: soy peor, no valgo nada, no soy suficiente… ¿por qué nos comparamos? ¿y por qué nos tragamos el anzuelo de que el otro es más y mejor?
Por un lado, nos produce tranquilidad que haya alguien que esté feliz y satisfecho para siempre. Por eso la tendencia es a suponer al semejante como un yo ideal. El problema es que frente a los ideales uno se ve miserable y se ponen en juego las pasiones y las rivalidades.
Y por otro lado estamos necesitados de que alguien nos diga cómo se hacen las cosas, así mientras supongamos gente mejor, estimamos que ellos sí tienen las claves, alguien podría decirnos cómo se hacen las cosas, que nos den esa seguridad que tanto gusta, pero esa garantía no hay. Solo hay jugársela, hoy día se hace insoportable elegir lo que está bien o no, lo que es ético o no frente a mi deseo, elegir es estar a solas.
Es frecuente escuchar cómo la gente pospone citas, búsqueda de trabajo, comienzo de aficiones para otro momento en que se encuentren mejor. ¿Y si yo os dijese que es justo al revés? ¿Qué tal si apostamos primero por el amor? Entendiendo el amor como un interés hacia las personas, estudios, trabajo, amor a todo, hacia la vida en general.
Lejos de potenciar el individualismo, la autoimagen, la autoayuda, tender al fortalecimiento yoico, el psicoanálisis apuesta por el amor. Tomar el camino del amor permite vivir con menos malestar, porque tener todo o casi todo el interés en uno mismo tiene la desventaja de que entraña mucha agitación y eso se vive con malestar, es algo muy intenso y angustioso. Freud en su texto “introducción al narcisismo” de 1914, señalaba:
– “el estancamiento de la libido en el yo ha de ser sentido como displacentero”
– “la vida anímica se ve forzada a traspasar las fronteras del narcisismo e investir de libido objetos exteriores”
– “un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero, al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar”
Esta última afirmación de Freud me encanta. Nos da la clave para sentirnos bien, entonces si lo que estás buscando es más autoestima, ¿en qué relaciones, proyectos… tienes puesta tu energía? Somos aquello por lo que nos interesamos. Pero hay que tener cuidado, porque pareciera que es excluyente amar –en su sentido más amplio- y el amor hacia uno mismo. Ni todo para los demás, ni todo para uno mismo.
Seguro que hay días que te vienes arriba y te sientes con buena autoestima, y otros días sin mucha explicación te sientes insuficiente o inseguro –aspectos relacionados con la autoestima-
En nuestra vida cotidiana podemos comprobar cómo muchas veces actuamos en contra de lo que queremos. Hay que estar advertidos y conocer los modos en que cada uno se pone la zancadilla. Creemos que somos dueños de todo lo que hacemos y decimos, pero todos hemos experimentado que hay veces que algo más fuerte que nosotros nos empuja a actuar contra nosotros mismos. El enemigo no está fuera, lo tenemos incorporado.
A veces el sentimiento de inferioridad parte de la premisa de que podemos con todo y que si uno se lo propone todo es posible. Eso, más que una falta de autoestima, es un exceso de estima. Partir de esa premisa es creer que somos omnipotentes, y eso es un delirio del yo que ante cualquier contingencia se verá fácilmente afectado.
Es conveniente valorar qué cosas si son posibles, y qué cosas no están bajo nuestro control y son imposibles. Así será más fácil librarse del sentimiento de impotencia, incapacidad.
Merece la pena tomarse el tiempo de conocer los entresijos de la autoestima y toda la sustancia que tiene. Y está bien saber y conocer, pero para que algo se transforme no basta acumular información, hay que hacer la experiencia del inconsciente. En este sentido, el trabajo analítico es muy enriquecedor porque permite detectar y cuestionar los axiomas con los que funcionamos e interpretamos los hechos, y que caiga el filtro de las malinterpretaciones aporta nuevos valores. También permite ubicar al “enemigo” y hacerse cargo de lo que ello supone, sin culpar a otros y sin autorreproches. Además, permite esclarecer y establecer qué entra dentro de lo posible y qué es del orden de lo imposible, aliviando de forma automática el sentimiento de incapacidad e inutilidad. Eso da una tranquilidad y una energía que no es a base de fortalecer el yo ni la imagen. Hay que tener disposición, ganas de confrontarse a uno mismo, tomar decisiones, sorprenderse y reírse de cómo uno hace ciertas cosas. Todo eso se logra hablando.
Os dejo un enlace a un artículo de Beatríz García, ella es psicóloga psicoanalista en Madrid
Genoveva Navarro
Psicóloga Psicoanalista
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