
¿Es destino lo que nos pasa? ¿O es que repetimos algo que nos pasa desapercibido? En la nota anterior, hablaba de la pulsión y que a la pulsión sólo le interesa satisfacerse. La pulsión puede tener distintos destinos, entendiendo esto por cómo cada uno se defiende de dicha pulsión.
Cuatro son los destinos de la pulsión: trastorno hacia lo contrario, la vuelta hacia la propia persona, la represión y la sublimación.
¿Y cómo se sustituye una satisfacción por otro tipo de satisfacción? A veces pueden ser justamente las palabras, hablar. Otro destino posible de la pulsión es la sublimación. Y si justamente uno toma la sublimación como destino de la pulsión, no pone el peso en lo que van a decir los otros de las producciones, sino que es un tratamiento.
Este último aspecto me parece muy importante, porque ayuda a orientarnos: ¿voy a quedar paralizado por el qué dirán de mi cuadro, de mi baile, de mi jardín? ¿O mejor seguir por lo que ese hecho produce en mi? Quien encuentra un amor que no consiste en simplemente en una satisfacción directa, en descargar tensión, es muy afortunado. Cumple una función subjetiva, porque si nos acordamos, un cambio en el destino de la pulsión puede influir en el destino de una persona.
Quizá una buena pregunta no sea preguntarse cómo sublimar, sino que es algo que quizá se vuelve posible cuando ya no necesitamos gastar tanta energía en sostener la defensa habitual. Para terminar, a modo de pincelada, decir que es diferente el deseo, que surge de una falta, y la pulsión que solo quiere satisfacerse y muchas veces desborda al sujeto.
Desear una cosa, gozar de otra, y amar una tercera. No hay armonía espontanea entre esos tres elementos. Cada uno hará a su forma.
Psicóloga Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Otras colaboraciones: a pie de calle, problemas de pareja, técnicas y pautas