Para la cenicienta el hechizo se rompía a las doce de la noche. Para el protagonista de la última película de Woody Allen, esa es la hora en la que comienza el encanto. En este largometraje, “Midnight in Paris”, entre otras cosas reina la insatisfacción de los personajes: siempre falta algo para ser feliz. El protagonista, un escritor de este siglo, piensa que la vida en los años 20 es lo que a él le hubiera gustado vivir. En su encanto de medianoche, conoce a una chica de esa época, también cree que otros tiempos, en este caso La Belle Epoque eran mejores. En nuevo viaje al pasado, juntos, conocen a escritores y pintores de esta época, quienes a su vez creen que el renacimiento era mejor. La cinta aborda la idea que tiene la gente de que una existencia distinta a la suya, les haría sentirse más completos. Como vemos a lo largo de la historia, y no en un momento puntual, son muchos los que albergan cierta cuota de insatisfacción. ¿Será una cuestión constitucional del sujeto?
Trasladado a su vida cotidiana, tal vez usted piense que su infancia fue mejor que la actual; o que sus 20 años son mejor que sus 30; o que la vacaciones del 96 fueron mejor que estas. Todo tiempo pasado no fue ni mejor ni peor, distinto. ¿Por qué tendría que ser mejor el pasado que el presente, con todo por venir? ¿Qué ha hecho usted o que ha dejado de hacer para que la vida no siga tan bien como la recuerda?
Pensar que todo tiempo pasado fue mejor, es un doble escape. Por un lado escapar de la realidad que nos toca vivir. Y por otro lado escapar de la muerte que nos espera. En cualquier caso, un obstáculo que invita a quedarse inactivos, lo cual puede traer complicaciones. El pasado es mejor elaborarlo u olvidarlo, la felicidad está en el presente y en el futuro. No hacen falta hechizos ni delirios, sólo su trabajo y su constancia pueden bastar para vivir a gusto.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Málaga