Sep 19, 2014
Me llamo Lola, tengo 42 años y la vida no para de sorprenderme. Me parece que las sorpresas y los imprevistos son la chispa de la vida. Es verdad que no todo lo inesperado son acontecimientos afortunados, pero incluso de los infortunios se puede sacar algún partido. Porque una situación valorada como oscura puede dejar un aprendizaje, una enseñanza, pueden servir para cuestionarse cosas, y que ése sea el revulsivo para tomar decisiones o para emprender algo.
No hay edad donde paren las sorpresas. Acabo de descubrir algo de mi vida que me ha dejado atónita. Yo empecé siendo redactora de una revista y me propuse ser jefa de redacción. Lo conseguí, y estuve desempeñando esa función 5 años. El último año me permitieron trabajar desde casa, pero en lugar de estar más contenta por la facilidad que eso suponía –para organizarme en la casa, con los horarios de los niños, el tiempo de coche que me ahorraba, más tiempo para estar con mi marido-, me entró cierta pereza, llegaba a mal hacer los encargos, y hasta me invadía un desinterés por ese puesto.
Soy paciente de psicoanálisis y por eso he descubierto algo sorprendente, porque yo sola no sé a que tipo de conclusión hubiese llegado. Os cuento. Mi compañera Mónica siempre quería mi puesto, y constantemente hacía méritos. Yo ante el temor de perder mi puesto más me afanaba en el desempeño. Hace ya 7 meses mi compañera cambió de ciudad porque destinaron a su marido. Y ahora justo que yo lo tenía más fácil para desempeñar y ocupar mi puesto, más lo descuidaba. Es triste decirlo pero lo que me mantenía a pleno rendimiento era algo así como: “antes que para mi compañera, este trabajo es mío”, y también eso de “si ella lo quiere será que esto es bueno”.
Con las sesiones de psicoanálisis me he ubicado, he vuelto a poner cada cosa en su sitio. He admitido las ventajas que suponen para mí trabajar desde casa; y he recordado los verdaderos motivos por los que me gusta mi trabajo, porque se habían diluido bajo la sombra del deseo de mi compañera.
Quién me iba a decir a mí que yo sería tan pobre para trabajar sólo para que otro no consiga lo mismo que yo. Ahora respiro profunda y desahogadamente, trabajo porque me gusta mucho lo que hago. Me siento afortunada. Este descubrimiento me ha devuelto brillo. A ti también te puede sorprender la vida, pero quizá seas cobarde y prefieras esquivar.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga
Sep 10, 2014
Mucha gente se está incorporando a su trabajo después de las vacaciones, estos días. Los niños también se incorporan esta semana al nuevo curso escolar. ¿Siente un poco de pereza, rinde poco, remolonea, está desconcentrado, se siente cansado? Si la respuesta es afirmativa, yo le pregunto, ¿y no le parece normal con la climatología que hace? Desde luego estos días de intenso calor invitan poco al rendimiento y la plena dedicación. Espero que no dude que estos días en los que le ha tocado incorporarse, dificultan hacer con gusto nuestras ocupaciones habituales. Deje de sufrir porque le cueste un poco la vuelta al trabajo, y no consiga hacerlo celebrándolo con todo el paro que hay. Lo que intento decir es que se libere de ese mandato de que hay que estar feliz siempre y por todo.
Tal vez no sea sólo el calor lo que esté dificultando su incorporación, y a este respecto tendrá usted su propia hipótesis de por qué esto es así. Si siente que volver a trabajar le está costando más de lo que debería costar, no lo dude, es una ocasión perfecta para consultar a un psicoanalista, no demore más su bienestar, haga algo por usted mismo y disfrute plena y libremente de su existencia.
¿Libremente? He elegido cuidadosamente esa palabra, para recordarle que usted va a trabajar porque quiere, ha elegido el trabajo que quiere, y nadie le coacciona para llevar la vida que está llevando. También los compromisos que tiene, que dice que son los que le obligan a trabajar, los ha elegido libremente. Elegir libremente quiere decir que hemos tomado decisiones por gusto, con gusto, porque queríamos, porque creíamos en eso, ¿lo entiende?, no se trata de una imposición. Esto es algo a tener presente para el momento de incorporarnos al trabajo, y tener más claridad sobre el sentimiento que nos produce la incorporación al trabajo. Cabe la posibilidad de que sienta que su vida no la elige usted. Sin duda, esa sería otra razón para consultar a un psicoanalista.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga
Ago 20, 2014
Para jugar al fútbol hace falta un portero, si no, no hay partido. Además el portero no puede ser cualquiera, no puede ser el malo del equipo como se hace cuando se juega en la calle, tiene que ser alguien bueno, muy bueno. Necesita una preparación específica, y unas habilidades determinadas. Siempre protegiendo la portería. Entrenamiento y técnicas para estar en todo momento a la altura de las circunstancias. Aún así hay goles que no se pueden parar de ninguna manera.
Con nuestra vida psíquica ocurre algo parecido. Podemos haber hecho un camino de investigación personal, más o menos profundo, durante más o menos tiempo, de un estilo u otro. Pero eso no es garantía de nada. Nada nos tiene a salvo de vivir situaciones desagradables, desafortunadas, incómodas, injustas, inesperadas, conmovedoras, desconcertantes… ¡Siempre se nos cuelan goles!
El partido no lo juega sólo el portero. Contamos con un equipo. Y lo que sin duda es una ventaja, a veces, inevitablemente, también conlleva complicaciones: falta de entendimiento, de implicación, de intereses. ¡Pero un partido se juega en equipo! Sabemos que las relaciones son necesarias, aunque no siempre son fáciles.
La vida es como un constante partido de fútbol en juego. Entonces es recomendable estar en forma y alerta, cada uno deberá encontrar su propio sistema de entrenamiento. Y de esta forma se podrá estar en las mejores condiciones para parar el máximo número de goles posibles. Pero siempre nos marcarán algún gol.
Hay porteros malos con avaricia. Porteros que no aman su posición. Porteros que no le dan importancia a los entrenamientos. Porteros que no reaccionan cuando le han marcado 20 goles todos de la misma forma. Porteros que se creen que porque entrenaron bien un tiempo pueden vivir de las rentas. Porteros que hacen responsable de los goles que encaja a sus compañeros. Pero también hay porteros que saben que hay algunos momentos más duros que otros, y aún así siguen cuidando con mimo y esmero su portería.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalisita
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga
Jul 29, 2014
Usted no dudaría que todos somos diferentes, ¿verdad? Aunque en un primer momento todo el mundo reconoce este hecho, cuando toca experimentarlo en las propias carnes no se admite con facilidad. Lo que se supone un conocimiento obvio para todos, queda muy cuestionado con las respuestas que se dan cuando la diferencia entra en juego. Se da en cualquier relación –de pareja, de amistad, familiar, entre vecinos, entre compañeros- y es el germen de los problemas de la vida cotidiana: mi padre no me entiende, mi madre es mala, mi hija es una egoísta, no le importo a mi novio, mi nuera solo va a lo suyo… Cada uno de nosotros cree que su forma de desenvolverse es la más acertada y que los demás están equivocados.
Es muy importan tener presente que cada uno ha encontrado una fórmula para vivir, y lo que a mí me vale no le vale a otro, y lo que a otros le sirve no me sirve a mí. Por eso no hay una postura mejor que otra, ni una mejor forma de hacer las cosas. Cada uno es como es, implica que cada uno tiene su propia historia y unas experiencias únicas, y por eso considera importante determinadas cosas y obra como obra.
De este modo, las relaciones son peligrosas no porque el otro me vaya hacer una fechoría, sino porque ponen de manifiesto que no hay correspondencia simultánea porque cada uno tiene su propio ritmo, es único. Esto que se vive con un malestar considerable, no es algo a solucionar, sino que hay que aceptarlo y aprender a manejarse con ello. Por eso que no se trata de no tener relaciones, ni de cambiar constantemente de apoyos sociales, ni de una búsqueda para encontrar a nuestra alma gemela.
Las cosas son como son, y las gente es como es, y a partir de esa condición de no reciprocidad, se puede decidir hacer algo junto a alguien, ¿acaso no es una posibilidad maravillosa? Y que nadie piense que para eso es mejor solo. Solo se experimenta la misma falta de correspondencia y puede ser peor. Así que las relaciones son peligrosas porque constantemente remiten a la complejidad del ser humano, y este desconocimiento del psiquismo del ser humano es fuente de angustia y otros malestares.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Málaga
Jul 11, 2014
Son bastantes aquellos que piensas que no quieren ir al psicólogo porque éste no les va a decir nada nuevo, y a ellos nadie les va a decir lo que tienen que hacer: “yo ya sé lo que me pasa y sé lo que hay que hacer, sólo me falta hacerlo”.
Precisamente el psicoanalista no te va a decir lo que tienes que hacer. El estado ya nos dice que tenemos qué hacer, la sociedad también nos dice que tenemos que hacer, nuestra madre nos dice que tenemos que hacer, a veces también nuestra pareja nos dice qué tenemos que hacer. Lo que es verdaderamente difícil para el sujeto es escucharse a sí mismo y reconocer lo que él quiere hacer de verdad. Y aunque es muy frecuente que la gente se someta a la voluntad de otros, casi ninguno de ellos se da cuenta, con lo cual tampoco pueden reconocerlo.
No se puede esperar del psicoanalista que te diga qué tienes que hacer. Lo que si cabría esperar es la obtención de una serie de herramientas, que serán la brújula para orientarnos en nuestra vida.
Vamos a ver un ejemplo. Ana siempre había tenido una relación difícil con su padre. Ahora su padre se encontraba en una situación precaria de salud, y ella dudaba qué hacer. Por un lado sentía que su padre no era merecedor de sus cuidados. Por otro lado ella atravesaba un buen momento económico y personal. Lo que salió a la luz en una de las sesiones, es que Ana no se perdonaría jamás que su padre muriera y ellos siguieran tan distanciados. Entonces, conociendo ella desde este momento que la culpa marcaría el resto de su vida si algo no cambiaba entre su padre y ella, quedaba claro que este riesgo había que minimizarlo. Iba a tener una vida mejor si dejaba a un lado el rencor que sentía hacia su padre y le atendía en la medida que ella considerara.
Entre otras cosas, la terapia permite que uno conozca conductas, sentimientos, algún aspecto de su forma de ser que desconocía. Y eso ya es una herramienta muy valiosa a la hora de pensar, de tomar decisiones. Te da otra posibilidad de vivir la misma vida, pero de otra forma.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Málaga
Jul 3, 2014
Estaba en un bar desayunado, y no pude -más bien no quise-, dejar de poner la oreja en la conversación que mantenían tres amigas en la mesa de al lado. Una de las chicas estaba comentando que ir al psicólogo le había ayudado mucho. La otra asentía, y decía que a ella también le había servido. Sin embargo la tercera chica hacía sus matizaciones, “a mí me está ayudando, pero todavía no he conseguido subirme a un ascensor, y mira que yo vivo en un sexto y cada día subo varias veces por las escaleras, es que todavía no lo veo claro, sólo de pensarlo me pongo mala. Claro, es que es muy difícil seguir los consejos de un psicólogo porque él no ha vivido lo mismo que uno, y por mucho que él diga, él no lo ha pasado y así se me hace muy difícil seguir las pautas”.
Mucha gente piensa así: voy a elegir una psicóloga mujer porque así me va comprender mejor; no voy a ir a ese psicólogo que es muy joven y no tiene hijos y no debe saber mucho del tema; cómo voy a ir a ese psicólogo para que nos vea a mí y a mi mujer si el ya ha separado tres veces…
Es una suerte que el psicólogo no haya pasado por todas esas experiencias. No se trata de que el psicólogo compadezca al paciente desde el dolor que sabe que se siente cuando hay una pérdida, en una crisis de ansiedad, en una separación, ante una duda existencial (hechos a los que llamamos imprevistos por el efecto que causan en nosotros). Es más, el psicólogo tiene que evitar hacer de su experiencia un ejemplo ejemplar, y tiene que evitar decirle al paciente cosas del tipo: yo he pasado por lo mismo que tú y sé que se pasa muy mal; yo sé que es difícil pero haciendo esto y lo otro…, y si yo pude salir yo sé que tú también vas a poder salir…
El valor del psicólogo no reside en las experiencias que él haya vivido. Si no que por su recorrido profesional, su formación, y su propia experiencia ante de lo incontrolable de la vida, sabe que no hay dos casos iguales, aunque la sintomatología sea en apariencia la misma. Y sabe precisamente que a pesar de esa exclusividad, cada paciente encuentra un modo único de poder superar esa situación. Tener en cuenta esa originalidad es lo que hace que cada paciente sea tratado de un modo nuevo y no como un número más.
No hay dos formas iguales de crisis de ansiedad, ni de llevar un duelo, o cualquier otra cosa, cada uno lo vive de una forma única. Precisamente esa exclusividad es para el ser humano algo difícil de encajar. Rápidamente queremos establecer leyes universales y darle un sentido a todo: hay cosas que sólo le pasan a uno, y hay cosas que pasan sin explicación y punto. Es imposible evitar los imprevistos, pero lo que sí podemos es desarrollar un estilo de vivir que nos permita recibir lo inesperado sin desestabilizarnos a pesar de que sea algo molesto.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Málaga
Jun 25, 2014
Lucía espía a su ex novio por Facebook, dice que le gustaría no hacerlo pero lo hace casi de modo impulsivo y no lo puede controlar. Luis intenta controlar no salir tanto de borrachera, pero no sabe cómo acaba siempre bebiendo más de lo que quisiera. Andrés intenta controlar la comida, pero siempre se encuentra que come lo que no debe y en lugar de frenarse se deja llevar escudándose con la frase “ya de perdidos al río”. Y como estos casos, seguro que se le ocurren muchos otros ejemplos: controlar arrancarse pelos de la cabeza, controlar no discutir, controlar la inseguridad, controlar la apatía.
¿Es cuestión de controlar y tener mucha voluntad? A veces se trata de una falta de información o educación, y aportando unas breves pinceladas la “conducta problemática” o síntoma remiten. Sin embargo, otras veces conocer la teoría no es suficiente, cuantas veces habrán escuchado: “si yo la teoría me la sé, pero no consigo llevarlo a la práctica”, ¿qué pasa en estos casos?
No sólo se trata de tener o no tener conocimiento teórico. Por ejemplo, en el caso concreto de la comida la mayoría sabe que es mejor comer 5 veces al día para luego no darse atracones en las comidas principales, que es mejor comer integral porque es más saciante, que mejor que comer un snack es tomarse una pieza de fruta porque además de evitar grasas se está aportando vitaminas, fibras. A pesar de estos conocimientos populares, para muchos se torna imposible tener un peso saludable. La gente rápidamente trata de buscar una causa externa: es esta sociedad, la moda, el ritmo de vida estresante… Pero realmente la mayoría de las veces la explicación hay que buscarla en lo más íntimo y a la vez desconocido de cada uno, pero esta es una aventura a la que no todo el mundo está dispuesto a embarcarse. Se trata de entender qué función cumple para nosotros esa conducta que no nos hace bien. Aunque mucha gente coma en mal o en exceso, cada persona lo hace por una razón distinta que tiene que ver con la historia que le precede, con la historia que está viviendo, es decir con su experiencia vital única.
En el momento que cada cual entiende qué papel juega esa conducta casi impulsiva en su vida, estos hábitos suelen ceder. Al conocer la causa de esas actitudes, ya deja de ser algo automático, y se cobra una libertad para obrar de otra forma.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga
Jun 3, 2014
Es pertinente cuestionarse qué es una “experiencia de grupo”, y si tales experiencias son posibles: ¿Un viaje en grupo es una “experiencia de grupo”? ¿Existe un viaje que pueda gustar a todo un grupo? ¿Existe un libro que garantice un éxito de ventas, y que a todos les guste por la misma razón? O en la vertiente más dramática y dolorosa: un accidente ferroviario, un derrumbe, un terremoto, ¿deja a todos los afectados con el mismo nivel de traumatismo?
Hay que reconocer que hay viajes que gustan a la mayoría, o que hay taquillazos, y que también hay best sellers. Generalmente los éxitos masivos responden a productos anestesiantes o incluso calmantes. ¿Qué características tienen estos productos? No molestan a sus consumidores en ningún sentido, no les hacen pensar, no les hacen reflexionar, procuran no despertar sentimientos ni emociones difíciles de digerir, suelen mostrar que casi todo es posible, que existe un ideal de vida a conseguir. En general las personas están ávidas de encontrar algo con qué identificarse; están ávidas de ver cómo desean los otros para tener referencias o para ubicarse; ávidas de ver cómo hacen los demás con la vida, con esa vida que muchas veces es más grande que uno mismo y nos supera. Y en esta sed del consumidor reside parte del éxito.
Si analizamos detenidamente, a cada viajero le ha gustado el viaje, el libro, o la película por un aspecto distinto. A dos personas les puede gustar lo mismo, pero generalmente por aspectos diferentes, porque a cada uno le toca en un punto distinto de su propia experiencia, porque a cada cual le remueve algo distinto en función de su recorrido vital. Con la misma explicación, para las experiencias menos agradables, tampoco supone para todos el mismo dolor y traumatismo enfrentarse a un imprevisto desafortunado. En cada caso hay que ver cómo se articulan los hechos en las coordenadas únicas de cada sujeto, según sus experiencias previas, según sus marcas familiares, sus expectativas, o sus deseos.
Aunque sean eventos vividos en grupo, los efectos no son colectivos ni grupales, sino individuales, originales y únicos. Estas consideraciones pueden servirnos a la hora de pedir a otros recomendaciones: ¿Me recomiendas este viaje? ¿Qué restaurante me recomiendas? ¿Tú me aconsejas este libro? Hay que tener a quién le hemos pedido tal recomendación, y por qué para él es interesante. No hay fórmula, lo que vale para uno, no necesariamente vale para todos.
Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 605 963 410
May 21, 2014
Hay personas que ante la más mínima dificultad sienten un mar de emociones negativas. Hay otras personas que aunque les caiga una bomba encima no tienen ninguna reacción. Hay personas que por lo general no abrazan nunca a aquellos que quieren. Hay personas que solo puede hacer cosas si cuentan con la autorización paterna…
Muchos de ellos no se hacen ninguna pregunta a cerca de por qué son así. Por un lado porque a veces no han identificado ni reconocido que eso que les pasa les ocurre de esa forma determinada. Y por otro lado, es probable que se justifique diciendo “yo soy así”, “siempre he sido así”. Son personas que han incorporado este comportamiento como un rasgo de personalidad, y lo viven sin mucho problema, como algo normal.
En cambio hay otras personas que un buen día se dan cuenta de que esto no les gusta, que les genera situaciones incómodas e insatisfactorias, se hacen preguntas del tipo: ¿a mí por qué me pasa esto?, ¿por qué seré así? En este caso es posible comenzar una terapia. A veces la demanda no es directa, sino que son aspectos que están velados por alguna urgencia, es decir, que a veces uno va a terapia porque lo está pasando muy mal porque le ha dejado su pareja, pero al hablar en sesión van saliendo otros síntomas.
Por ejemplo Ana era una chica rara, siempre decía que era solitaria, que no era afectiva, que no quería tener novio, ni hijos. Empezó la terapia porque presentaba una angustia e insatisfacción constante pero sin motivo aparente. Una palabra llevaba a otra, y sesión tras sesión fue desplegando su historia mientras elaboraba algunos aspectos de su deseo. Un día Ana se quedó embarazada, y observó algo al contar la noticia a sus familiares y amigos: es curiosa la reacción de la gente, hay quien se alegra y se queda tieso como un palo, hay quien se alegra y te da dos besos, hay quien se alegra y te da un abrazo que te hace sentir el choque de dos cuerpos y un impacto de sentimientos, hay quien te da la enhorabuena y no deja ver ningún sentimiento más. Así Ana descubrió que le gustaba mucho la gente que podía manifestar abiertamente –con palabras y gestos- su emoción… Acto seguido reflexionó: claro que en mi casa nadie ha sido así, no me extraña que a mí nunca me haya gustado saludar a la gente con dos besos ni ser afectuosa, ni si quiera tener novio ni hijos.
Ana no había tenido unos referentes muy expresivos y eso hacía que todo lo referente a las relaciones humanas se presentara como un enigma, y su consecuente rechazo. La terapia entre otras cosas le ha permitido desmarcarse de ese estilo familiar que ha ella no le gusta.
Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 605 963 410
May 14, 2014
Hasta mis 45 años yo no festejaba mis logros, ni tampoco hacía a nadie partícipe de ellos. Tampoco eran muchos esos logros porque yo no me permitía casi nada. Era más bien solitaria, huraña, exigente, y mi respuesta a casi cualquier propuesta era un no o un discurso de defensa. No deseaba otra vida a la que tenía, pero tampoco disfrutaba de la que tenía. Me retiraba a mi habitación con frecuencia, otras veces utilizaba cualquier descuido de mis seres queridos para desatarme, se me cruzaban los cables, me daban neuras. Pero no me conformé con ninguna frase del tipo: “es normal, son bajones que todo el mundo tiene”, “es que voy a tener la regla”, “siempre he sido así”. Busqué ayuda y ahora las cosas son muy diferentes. Las cosas no, que siguen siendo prácticamente las mismas que siempre conformaron mi vida, yo.
Soy abogada y hasta que no empecé con la terapia, siempre dudaba de mi profesión, no tenía claro si me gustaba o si quería dedicarme a otra cosa, y nunca me terminaba de ir bien económicamente. De mi pareja hablaba regular pero tampoco me separaba. Y de hijos no quería saber nada.
La terapia me ha permitido aclarar mi posición en la vida, me ha servido para tener en cuenta mi deseo y tener las agallas de hacer algo con él. ¿Por qué le quitaba valor a la mayoría de las cosas? Yo sólo consentía a ser hija, y así no había lugar para el área profesional, ni para desarrollar con plenitud mi faceta de mujer ni de madre, y aunque iba haciendo pequeñas conquistas, lo menospreciaba todo. Además descubrí que necesitaba el permiso de mi madre para poder disfrutar de mis elecciones como si fuese una niña pequeña, era incapaz de autorizarme yo misma. También descubrí que esa forma de desaparecer de lo más vivo de mi vida, cuando me metía en mi habitación, no era una actitud original mía, desaparecer de su vida ya lo hacía mi madre.
Han pasado algunos años desde que empecé a psicoanalizarme y ahora mi profesión me gusta. Consiento a disfrutar plenamente de mi relación. Y aunque siempre dije que no quería hijos, si hubiese iniciado la terapia antes, sé que los hubiese tenido.
Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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