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25 aniversario de mi promocion

Se ha celebrado el 25 aniversario de mi promoción de la carrera. Me gusta mucho acudir a ese tipo de eventos, donde me puedo encontrar con personas que en algún momento formaron parte de mi vida y de las que hace mucho tiempo no he sabido nada. Me gusta acudir no por la diversión, la juerga o el colocón, sino por ver qué ha hecho cada uno con su vida.

En la celebración me encontré después de muchos años sin saber de ella, a Laura. Seguía igual. No físicamente, que está mejor que antaño, está más delgada y ha sabido dar con un corte de pelo con estilo y favorecedor. En otro sentido, sigue llegando tarde, sigue poniendo excusas para mantener el deseo a raya y no verlo cumplido nunca. Se queja de lo mismo que en aquella época: de lo difícil que es encontrar pareja, y de la mala suerte que tiene con los hombres. Los allí reunidos le deban consejos y la compadecían. Yo después de 25 años no le decía nada, a ella no le sirve ninguna propuesta, a todas les pone pega, además ¿es que 25 años no son suficientes para haber hecho algo satisfactorio con la vida?

También estaba Mónica, que desde que íbamos juntas al colegio, ha estado encadenando dolores y enfermedades y toda su existencia gira entorno a eso. Y no ha podido hacer existir nada más en su vida. También estaba Jorge que sigue mal de los nervios porque no sabe qué hacer con su mujer, que es irrespetuosa, controladora, dictadora, irritable, y muy gastosa.

Pero en las reuniones también hay ese tipo de personas que yo llamo triunfadoras. Triunfadoras no porque sean ricos, tengan un buen coche, un chalé con jardín, dos niños y un perro. Me parecen triunfadoras porque han sabido hacer algo digno con sus vidas. Estaba Fátima que fue capaz de dejar a su novio con el que se iba a casar porque en el último momento se dio cuenta de que a ese hombre le gustaba mucho la fiesta y que nunca iba a cambiar, y eso a ella le hacía infeliz. O Sergio, que dejó su trabajo fijo, aún a pesar de no contar con el apoyo de su familia, porque vio que podía ganarse la vida de otra forma menos convencional pero más de su agrado.

¿Tú te sientes a gusto con tu vida? ¿Tienes muchos altibajos y crees que es cosa de la mala suerte? Si estás cansado de tener malas rachas, y crees que puedes hacer algo con tu vida pero no sabes el que, el psicoanálisis te brinda una oportunidad.

 

Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 605 963 410

 

 

Quiero ser madre

Para el ser humano nada está fijado en un código de instintos. Los animales  no se tienen que plantear cuándo tienen que tener relaciones sexuales, tampoco reflexionan si dichas relaciones les han gustado o no, o si el otro ha disfrutado. Los animales tampoco comen por placer ni para celebrar nada. Y los animales tampoco se cuestionan si es el momento de ser padres o no, si quieren o no quieren. Los animales no tienen que tomar decisiones. Para nosotros, los seres humanos entran en juego el deseo y las decisiones.

Se puede tomar la decisión de tener un hijo pero no tener el deseo, si no ¿cómo se podría explicar que haya parejas que sin tener problemas físicos no puedan concebir un hijo? Y se puede desear tener un hijo sin haberlo decidido o sin tener una gran explicación para ello.

Frente a la maternidad o la paternidad, nos encontramos con una amplia variedad de situaciones y emociones. Hay mujeres que quieren justificar su deseo de ser madres diciendo que tienen mucho instinto, o al revés, en lugar de decir que no quieren un hijo queda más suavizado, incluso aceptado socialmente si dicen “no tengo un hijo porque no tengo instinto maternal”. No hay muchas parejas que tengan un hijo sencillamente porque sí, con esa única justificación. Lo hacen por otras razones: para salvar la relación, para contentar a la pareja, por presión social…

Una dificultad humana es que la relación que tenemos con el deseo no siempre es directa y lógica del tipo: lo quiero, lo consigo y soy feliz. Cada uno tiene una forma particular de relacionarse con el deseo: se puede esquivar el deseo porque para conseguirlo uno tiene que manifestarse, apostar y arriesgar; se puede mantener el deseo insatisfecho para así tener siempre algo que alcanzar; puede entrar pánico en el momento de conseguirlo por si eso no era lo que uno realmente quería…

Además del deseo hay otros factores en juego, una del lado del ser –ser madre-, y otra del lado del tener –tener un hijo. Como podemos ver, hay razones suficientes para entender que abordar  la maternidad o la paternidad no es algo sencillo.

 

Escrito por Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 605 963 410

 

Ropa interior nueva

He tardado 41 años en saberlo. Las cosas podrían haber sido de otra forma, pero han sido como han sido. Nuestra relación puede decirse que era buena. Salíamos de compras. Si no podíamos vernos un día nos llamábamos y hablábamos de nuestras cosas. Nos hacíamos favores. Y a veces también discutíamos, porque ya se sabe, todos somos raros. En realidad yo me enfadaba mucho cuando la diferencia que existía entre nosotras se hacía evidente, no puedo negarlo. A mí me gustaba más cuando parecíamos casi idénticas. Tengo que decir también que había algo de lo que nunca se hablaba y no sé explicar por qué, ¿habría preferido yo que hubiese sido diferente? No lo sé. Claro, que esto puedo decirlo ahora que tengo 41 años. Antes más que saber cómo eran las cosas, las vivía, a veces con alegría, a veces con un sufrimiento desconcertante.

Ropa interior nueva. Ropa que sin ser sexy era cuidadosamente elegida para resaltar el color de sus ojos. Era capaz de olvidar mi cumpleaños, y también era capaz de no venir al cumpleaños de mi única hija. Se pasaban los días y no se acordaba de llamar. También, ahora cuando la llamo y escucho su voz, suena más melódica. Más entradas y salidas. Cuchicheos. ¿Qué más necesitaba para saber que algo estaba pasando? Mi madre, también era una mujer.

Yo que nunca había visto un centímetro de más de la piel de mi madre. Yo que no me permitía pensar si mis padres además de padres eran pareja, entre otras cosas porque ellos no dejaban caer ni la más mínima caricia. Cómo he podido vivir 41 años sin saber que mi madre ya era una mujer antes de que yo naciera, y que seguía siendo una mujer.

Ese descubrimiento no es cualquier cosa. Ahora la vida tiene otro color distinto al de un agujero negro enigmático. Por ahora no sé qué hacer con este descubrimiento, ¿me tiene que dar igual? ¿Me tiene que dar alegría? ¿Me tiene que parecer extraño? ¿Sería todo más fácil si mi madre siguiese siendo sólo una madre?

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga

No te puedo tratar

¿Alguna vez su médico le ha dicho que su problema no tiene solución? ¿Su fisioterapeuta le ha dicho que ya no le puede ayudar y que tiene que dejar de tratarlo? ¿Su psicólogo le ha dicho que el tratamiento que le puede ofrecer no es adecuado para usted? Esta situación es extensible a todas las profesiones, toparse con un límite, con algo imposible, no es sólo una cuestión de las profesiones sanitarias sino de todas: la enseñanza, el arte, la construcción, la administración… lo que sucede es que en las profesiones sanitarias está implicado el cuerpo, nuestro propio el cuerpo, nuestro vehículo para existir, y eso no es cualquier cosa.

Los profesionales tienen que saber cuando decir no: por la falta de conocimiento, porque es complicado abarcar todas las especialidades; por las limitaciones de la propia práctica, que no es una fórmula con garantías para todos los problemas; o por otros motivos. Pero, ¿por qué hay profesionales que no pueden decir no? Porque de verdad creen que pueden con todo o porque se les impone la idea de que tienen que poder con todo; porque se creen que así le hacen un favor al paciente; porque se apodera de ellos la vergüenza y temen quedar mal si reconocen que no pueden o no saben.

Profesionales y pacientes tenemos que saber que no hay doctor ni ciencia todopoderosa. Que el profesional pueda decir y diga, en un momento dado, no, es una actitud que reporta un doble beneficio. Por un lado para el propio profesional que verá rebajado el nivel de exigencia de tener que ser omnipotente. Y por otro lado también reporta beneficio al paciente, que sentirá como el profesional le atiende con toda honestidad, lo cual añade calidad y excelencia, ¿o esto no es un beneficio para el paciente? ¿Cómo llevaría usted que le digan no, no se puede? Puede que le sea intolerable, o quizá despertaría en usted una mezcla de sentimientos contrariados. Indignación por pensar que el profesional que le trata es un incompetente. O alegría porque percibe que no le están engañando. O pena por experimentar que existe la imposibilidad.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga