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Antidepresivos por Navidad

Ya son varias personas las que se han acercado a mí, y me han preguntado si en Navidad tengo más trabajo de lo habitual. Lo cierto es que nadie viene a consulta diciendo “mi problema son las Navidades”. Si bien es verdad que estas fechas a muchos producen tristeza, ansiedad, incluso angustia. Lo que sucede muchas veces es que las Navidades suponen la gota que colma el vaso, pero entiendan, el vaso estaba lleno.

Las Navidades pueden no gustar, pueden producir añoranza o cierta tensión, pero no por eso se tiene una depresión que tenga que ser tratada. Un poquito de tolerancia a la tristeza, por favor. No son pocos precisamente, los que recurren al alcohol, las drogas, o a los medicamentos para poder convivir con la tristeza o la frustración. El pasado 6 de diciembre se publicó en un periódico un artículo que se titulaba “Pastillas para el dolor de la vida”. He extraído algunas frases del artículo que invitan a pensar: “se medicaliza el sufrimiento cotidiano”, “la efectividad o el beneficio de los antidepresivos para combatir los síntomas leves o moderados de la depresión es muy limitada”, “se están patologizando emociones normales”, “bajo el paraguas de la depresión se mete cualquier sintomatología de tristeza o desánimo que se pueda tener, aunque sea sana, legítima y proporcionada”.

Me alegra leer esta información en un noticiero. Y no es la única información de esta índole que ha aparecido. El pasado día 17 también podíamos leer “¿Un lexatin? No, mejor váyase a sudar al parque”. No es que todo se pueda solucionar haciendo deporte, pero sí produce bienestar, relaja o regula el organismo entre otros beneficios. Sin duda, un recurso a tener en cuenta para pasar estas Navidades de una forma más agradable. Porque es exagerado recurrir a fármacos para poder transitar estas fiestas.

¿Usted toma medicamentos ansiolíticos, hipnóticos o sedantes? ¿Cuánto tiempo lleva tomándolos? ¿Se siente mejor? Si no consigue la mejoría que desea, tal vez sea hora de que considerar que le hacen falta otras herramientas para abordar la vida cotidiana.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga

Suspenso por Navidad

Acaba el primer trimestre del año. Y otra vez más llegan las notas. Hay padres que dicen, “mi hijo me ha sacado una notas buenísimas”, o “o mi hijo me ha suspendido dos asignaturas”. Esto que puede resultar una forma simpática de hablar tiene su importancia. Son muchas las veces en que no queda claro para quién se aprueba y de quién es el interés por aprobar. Es clave diferenciar de quién es el deseo.

Muchos padres ante las malas notas de sus hijos recurren al castigo. Así que muchos estas Navidad les quitarán la paga a sus hijos, les retirarán los videojuegos por un tiempo tan largo que ni ellos mismo se van a acordar, les dejarán sin entrenar un tiempo o incluso les quitarán definitivamente del deporte. La estrategia que toman muchos padres es infundarles motivación a base de apartarles de todo aquello que les gusta y beneficia. Tras un tiempo con esta práctica esos mismos padres se cuestionan: ¿si yo les castigo, por qué no reaccionan?

Antes de recurrir al castigo o a las clases particulares, primero hay que valorar distintos aspectos. Habrá que diferenciar si se trata de una cuestión de mala suerte, falta de esfuerzo, o es que ese chico no sabe aprender; también habrá que ver cómo es ese profesor y que relación tiene el alumno con él; qué está ocurriendo en la vida emocional de ese estudiante, si tiene dificultades con los amigos, si está descubriendo sentimientos como el amor, la decepción, el miedo; o por ejemplo si es una personas que tiene problemas con el manejo del tiempo. También hay que tener muy en cuenta qué situación hay en la familia: si los padres son una pareja bien avenida, qué relación existe con los hijos, si en casa se favorece, se valora y se participa de los estudios de los chicos, si hay un clima de tranquilidad y paciencia o imperan las prisas, los nervios, y cierta despreocupación.

Hay que escuchar en cada caso qué nos está diciendo cada suspenso. Escuche también, lo que su hijo tiene que decir.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Málaga

Felices fiestas

Estamos estrenando diciembre, el mes que más días festivos del año tiene. Mientras unos reniegan, otros muestran alegría. Y la realidad es que ya estamos viviendo la previa de Navidad, ya contamos con luces, dulces, adornos, y felicitaciones. Sí, muchos de nosotros ya estamos recibiendo las primeras felicitaciones. En papel, virtuales o de viva voz. Algunas de esas felicitaciones tendremos la fortuna de que no sean sólo un papel que arrugar, o un email que marcar como spam. ¿Por qué digo que una felicitación puede ser una fortuna? Entre otras cosas, porque pueden contener algo que se quede resonando en nuestra cabeza.

Hay felicitaciones impersonales que se nota que las ha impreso aleatoriamente una máquina. Hay felicitaciones que son un chiste y se reenvían con mucha ligereza. Y hay algunas felicitaciones muy personalizadas. Ésas son las que me gustan a mí, y seguramente a usted también, y no aquellas que sólo son palabras frías articuladas como un formalismo o una estrategia de marketing. ¿Por qué gustan más aquellas felicitaciones que incluyen nuestro nombre, y alguna palabra significante para nosotros? Porque no nos tratan como a uno más, porque nos dan nuestro lugar único y original, porque se han acordado de nosotros, y porque es incalculable el valor que tiene que alguien nos dirija una mirada de amor.

“Que recibáis muy bien el 2014. Que disfrutéis de las fiestas, y de la vida”. De las felicitaciones que he recibido, ésta va ganando. ¿Es posible que alguien que no disfruta de la vida pueda disfrutar de las fiestas? Entiendo que hay circunstancias puntuales y difíciles en las que cuesta inmensamente dirigir la mirada hacia el color y la belleza. Pase las fiestas lo mejor posible. Pero tal vez tenga usted un estilo vital apesadumbrado, farragoso, cascarrabias, así que para usted no hay felices fiestas por mucho que yo se lo desee. Tal vez para el próximo año usted desee para sí mismo otra cosa. Entonces algo distinto tendrá que hacer.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Te pido perdón

Perdón, te he pisado sin querer. Perdón por llegar tarde. Perdón, me he equivocado dándote el número de teléfono. Perdón, hice un comentario desafortunado. Perdón, ya no volveré a ser infiel. Perdón ya no voy a beber más. O como en la canción de Antonio Orozco “pido perdón, por no haber escuchado tus ruegos”.

Podríamos considerar muchos aspectos del perdón, por ejemplo, ¿por qué cosas tengo que pedir perdón?, ¿hay que perdonar?, ¿hay hechos que sean imperdonables?, ¿pedir perdón garantiza que las cosas sigan como antes?, ¿qué significa que yo perdone?, ¿qué implica que yo pida perdón? Nos quedamos con este último interrogante.

Pedir perdón ante otro cuando sabemos que hemos causado alguna molestia a propósito o sin querer, es un gesto de educación, sensibilidad y respeto. Pero hay sujetos que casi siempre se sienten inocentes de todo, y no consideran que tengan que disculparse, se sienten impunes, pero esta es una postura que no está libre de consecuencias.

Si he decidido disculparme, además de ser un gesto considerado, puede ser algo positivo si conduce a reflexionar y buscar remedio. Pero es frecuente encontrarnos con sujetos que piden perdón casi de forma automática, como una costumbre, sin asumir ninguna responsabilidad. Entonces, ahí, pedir perdón sirve de poco, sería solamente una buena intención sin consistencia, sin consecuencias. Nos encontramos entonces, con que no hay garantía de que pedir perdón implique un cambio: me disculpo pero sigo haciendo lo mismo una y otra vez.

Entonces cuando el pedir perdón se convierte sólo en palabras vacías hay que pensar que el otro no quiere o no puede cambiar. Puede que tengas alguien cercano y apreciado que pida perdón de forma muy sincera pero con ninguna transformación en la realidad, entonces ¿qué quieres hacer tú? Si estas cansado, desorientado, ya no puedes más, y no puedes tomar ninguna decisión para tener una vida más amable, consulta a un psicoanalista.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Testimonio: mi vida empieza a vibrar

“Mi vida es una vida normal: tengo un trabajo agradable, estoy casado, tengo un hijo, y me gustan los coches. Hay un pero: tengo rachas malas, me pongo depresivo, pierdo el interés de todo, empiezo a cuestionarme y a quitarle valor a la vida que me he construido, y me pongo de mal humor. La gente me dice que qué me pasa si lo tengo todo. Me hacen pensar, pero lo único que consigo es ponerme peor, aparece la angustia y otros malestares físicos. ¿Qué fácil es la vida de uno a ojos de los demás, verdad?

Ahora las cosas empiezan a ser de otra manera. Con la terapia estoy descubriendo cosas muy valiosas, estoy descubriendo mi propia historia, cómo he llegado a ser quién soy, qué me ha llevado a hacer las cosas que hago. Estas aclaraciones me están permitiendo ordenar mi vida y saber hacia dónde me quiero dirigir. Después de 11 meses de terapia puedo decir que el trabajo que tengo actualmente me lo buscó mi cuñada, a mí no me parecía mal y de hecho me ha permitido hacer muchas cosas, pero no lo elegí yo, y ahora quiero dedicarme a otra cosa que me gusta a mí y he elegido yo. Respecto a tener un hijo, mi mujer y yo estábamos de acuerdo, pero no fue como un orgasmo simultáneo, sino que ella me lo propuso y yo lo único que hice fue sumarme a esa propuesta. Eso sí, a mi mujer la elegí yo porque sí, a pesar de que al principio mis allegados me decían que no me convenía”.

La vida puede resultar muy pesada, y sin brillo, si las decisiones las toman otros, si son fruto de una casualidad, si son decisiones fuertemente determinadas por la historia familiar. La vida vibra cuando uno toma decisiones y las toma teniéndose en cuenta a si mismo, teniendo en cuenta el deseo y no sólo la razón. Jose Luis ahora ve su vida más fácil, es él quien palabra tras palabra le ha dado un nuevo sentido a su vida, se siente liberado, ligero. Y aunque sabe que la vida presenta sinsabores e imposibilidades, también sabe que hay algunas cosas que sí son posibles.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Málaga