Sep 23, 2007
Queridos padres con hijos en edad escolar,
Estos días estoy muy conmovido porque no paráis de hablar de mí, de un libro de texto. Os quejáis mucho respecto de mi valor. Habláis de mi valor económico, pero del resto de mis valores no os pronunciáis mucho. ¿De verdad os parece caro invertir, que no gastar, unos 100 € en libros como yo y otros parecidos?
Cuál fue mi tristeza esta mañana, mientras yo reposaba en una estantería de mis favoritas, cuando una señora de unos 45 años se paró delante de mí, y le dijo a su amiga: «¡Menos mal que mi hijo no va a hacer 2º de bachillerato!, ¡si no, vaya gasto!» Me va a costar salir de mi asombro. A ver si encuentro las palabras justas para hablar en mi favor y en el de los míos: Señora, mis compañeros y yo servimos a su hijo durante todo un año. Su hijo va recibir de nosotros conocimiento, educación y le vamos a ayudar a formarse como persona, y eso le va a abrir muchos caminos, también vamos a contribuir a que su hijo sea más despierto. Y está claro que el tiempo que pase con nosotros, no lo va a pasar con otras cosas tal vez menos beneficiosas. Cien euros entre más o menos 170 días lectivos, no sale a más de 0.60 céntimos el día. Pongamos que no son 100 € sino 200 € entre libros y materiales, serían 1.20 € ¿eso le sigue pareciendo mucho?
Podrían ustedes, señores padres reflexionar y pensar cuanto se gastan al día en café, cigarrillos, gasolina, viajes, comidas en restaurantes, ropa innecesaria, productos de belleza, coches para aparentar, casa de campo… y todo eso sin protestar.
Queridos padres, no sé si sabéis que los hijos aprenden más de aquellas personas con las que comparten más tiempo. Esto no sólo lo digo yo, también lo dice el Ministerio de Educación, que ha hecho un anuncio con el lema «Si tú lees, ellos leen». Los hijos no aprenden sólo lo bueno, también lo malo y si vosotros pensáis que es un royo gastar en material escolar, que es un estropicio en vuestra economía, que vais a tener que pedir en la iglesia para comer… ¿qué creéis que les estáis transmitiendo a vuestros hijos? Pues un pensamiento malo acerca de la educación. Hasta podrías estar creándole un sentimiento de culpa por querer estudiar mientras la familia se arruina.
Me parece que no es cuestión de arremeter contra vosotros. Más bien habría que dejar claro que muchos padres estáis mejor preparados para pensar en ocio, que en educación, aunque no sé si esta cuestión es responsabilidad del sistema.
Por otro lado, parece que os quejáis por todo: si los niños montan en bici por las calle os molesta, si los niños piden actividades extraescolares os molesta, si los niños necesitan libros para estudiar os molesta, si los niños comen pipas sentados en un banco os molesta… ¿qué es lo que no os molesta? ¿que los niños se queden en casa viendo la televisión? Aunque también os quejáis de que ven mucha tele. ¿Quién os entiende?
Un saludo de un libro ávido de caer en las manos de un niño deseoso de descubrir mundo.
Sep 23, 2007
ELLA VINO Y ME ATACÓ
-el apéndice de él-
Era un día normal. Normal, quiere decir para mí que predomina la alegría sobre otros sentimientos, que me encuentro a gusto trabajando, que tolero los imprevistos, que aprecio a otras personas, que las cosas suceden de forma tan natural que la vida parece fácil. Pero de repente me atacó. Llegó la envidia y me atacó. Una picadura virulenta, que si quiere te ataca tres frentes. El psíquico. El físico. Y el social. Lo que más me fastidia es que Ella es muy independiente, siempre actúa por su cuenta. En esta ocasión su objetivo no era lo típicamente admirado por todos. Qué va, no se trataba de algo brillante, grande, magnífico, nada que se aproximase al sobresaliente. Y esso me sorprendió mucho. ¿Sabéis cual fue su objetivo? Una mujer que más que admirable era motivo de lástima. Su presencia casi era fantasmática, no mostraba nada malo, pero tampoco bueno. Y sin embargo, yo por un momento deseé ser una pobre mujer. La veía un ser absurdo insípido con suerte, y sin embargo, por un momento deseé ser como ella.
Quiero explicar lo de la suerte. Ella hasta su treintena apenas había trabajado. Y simplemente con un trabajo de dependienta y ahora, con un hombre a su lado, le bastan para su felicidad. Como si el amor fuera suficiente para vivir. Siempre se muestra calladita y de acuerdo con todo, como el apéndice de ese hombre al que ahora ama. Pues yo, por unos instantes desee ser esa «sometida feliz».
Ojo, para colmo de esta envidia absurda, yo apenas conozco a esa persona, aún puedo contar las veces que la he visto. Me he envidiado sólo de una apariencia, supongo por aquello que siempre pensamos que el otro tiene lo que a mi me falta.
Curiosa la actitud de la envidia ¿verdad? Pero esta vez la picadura mordaz no ha traspasado los límites de la acción.
Aunque me atacó por sorpresa, tengo que decir que no sufro lesiones. El veneno de la mordedura de la Envidia no me ha hecho arremeter contra nadie. Tal como la vi venir la dejé marchar. Estoy contenta de poder contarlo, porque hay quien se muere envenado sin darse cuenta de que fue picado.
A consecuencia de ese ataque sorpresa, he querido poner algún sistema para eliminar la Envidia, pero luego lo he pensado mejor, y me da la impresión de que el factor humano no se puede hacer desaparecer. Como hoy lo cuento, parece que he conseguido burlarme de Ella. Existe un arte, o mejor dicho una ciencia, que te permite pasar siempre por delante de la Envidia.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga
Sep 22, 2007
Querido esposo,
Hoy vengo a contarte que estoy triste. El amor me ha decepcionado. Pero no todo el amor, ni tampoco nuestro amor, me refiero al amor de pareja en general.
¡Ay!, Luis, llevamos casi 10 años juntos, y hasta hace muy poco creía que el amor, que tener marido era algo más, o mejor dicho, que era lo más. Creía que me salvaría tal vez de trabajar, creía que me tendría siempre flotando a salvo de yo qué sé, creía que dos eran uno, creía que el amor era una especie de completud. En definitiva pensaba que podría salvarme hasta de hacer mi propia vida.
A mí me gusta mucho estar contigo. Pasamos muy buenos ratos juntos, conversamos tranquilamente aunque tengamos puntos de vista diferentes, nos apoyamos en nuestras decisiones y también tenemos palabras para llamar las cosas del mundo que nos hemos creado. Supongo que estamos juntos por todas esas cosas y también por cosas que ni nos imaginamos, quiero decir que algún motivo inconsciente también nos mantiene unidos.
Al principio no entendía por qué te brillaban los ojos cuando no estabas conmigo. Ahora me encanta el brillo de tus ojos aunque no me mires, y aprovecho hoy para agradecerte esa libertad que te has tomado siempre, porque al fin y al cabo eso no es más que un gesto para darme a mí la misma libertad. Al fin, después de unos cuantos años, a mí los ojos me brillan por múltiples razones. Es muy gratificante crecer contigo.
Te preguntarás entonces, qué es lo que me pasa. Y yo te respondo triste y tranquila, que he descubierto que el amor es eso, sólo amor. No es ningún antídoto contra la soledad, ni ninguna vacuna contra el aburrimiento, ni un remedio para el mal carácter, porque mira que conozco yo gente casada que se siente sola, aburrida y encima voluble. Después del amor, más amor y otras cosas.
Poner el amor en su sitio, es un paso más que he dado para entender que las cosas no se consiguen una vez y para siempre.
Como ves no sólo nos divertimos juntos, sino que también aprendo. Luis después de todo este tiempo juntos, no sólo soy un poco más vieja y arrugadita, sino un poco más conocedora de las cosas que nos pasan a los humanos.
Un beso, tu siempre inquieta Laura.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Málaga
Sep 22, 2007
Querido indeciso,
No sé a qué esperas. Decídete y vive. Las cosas nunca se pueden saber de antemano. Hay que saber asumir cierta cuota de riesgo y sólo después sabremos, ¿tú estás dispuesto a renunciar a anticiparte? El otro día escuché una frase preciosa, era algo así: «hay que aprender a vivir ese vacío que es la vida, y que hay que producirla».
Siempre esperas el momento oportuno para hacer las cosas, pero ese momento no existe. O mejor dicho, el mejor momento es justo cuando haces las cosas. Ya dijo Voltaire: «No se puede ser absolutamente feliz, ni absolutamente sano, ni absolutamente inteligente». Así que si estás esperando una certeza absoluta para decidirte, tampoco existe.
Querido indeciso, pareces un cartesiano: «dudo, luego existo». Pues más bien eres un… un…un muerto en vida. Dudando sólo consigues eternizarte. Si sólo piensas, no llegas a hacer nada, todo permanece igual, te crees que nada cambia y que tú eres inmortal. Pues no. Siento decirte que no eres divino y que una vida sin movimiento no es vida, es otra cosa. Además, que todo permanezca igual resulta siniestro. Te aconsejo que te leas el texto de Freud «lo siniestro» de 1919.
Muchas veces estamos entregados a cavilaciones, y la duda se apodera de tal forma de nosotros que toda la energía se consume en ese mecanismo. Si estuvieras paralizado de esta forma, estarías siendo preso de una neurosis obsesiva, que no sólo se caracteriza por la duda, sino también por otros síntomas.
No sé si a ti te está pasando eso, pero si en lugar de «hacer» sólo puedes «pensar», te recomiendo que visites rápidamente a un psicoanalista.
Tampoco te asustes, no toda duda es patológica. Hay una duda normal como paso previo a la aceptación de algo.
Lo que sucede muchas veces es que mientras estamos inmersos en la duda estamos evitando tomar decisiones, que pueden llegar a ser importantes para el desarrollo de nuestra vida. Por ejemplo ante la elección de estudios, la elección de un trabajo, ante una boda.
Tendría que hablar más contigo para saber qué es exactamente lo que te pasa. Pero según se trata, hay veces que podemos salir de la duda, si en lugar de elegir, aprendemos a sumar. Es decir, que en lugar de que te plantees «esto o aquello», puedes quedarte con «esto y aquello».
Querido indeciso, si tu miedo es a equivocarte no pasa nada. La ciencia sólo avanza a través de errores. Un fuerte abrazo y ten cuidado porque a veces la vida se adelanta y decide por ti.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Málaga
Sep 20, 2007
Querida hija,
Sé que no he sido una madre perfecta, aunque para ser honesta hasta hace poco no me había dado cuenta. Mi tendencia ha sido darte todo, casi más que pensando en ti, lo hacía pensando en mis carencias y por qué no decirlo, en mi satisfacción de pensar que de esa manera era mejor madre. Suena fuerte ¿verdad?, he tardado 43 años en verlo. Pero por lo menos me dado cuenta porque hay quien permanece ciego siempre.
Hija mía, sueles echarme la culpa de lo mal que te va. Y lo poco que te va bien es mérito tuyo, ¿no te parece que algo no encaja? Estos días he aprendido que en toda relación, todo lo que pasa, para bien o para mal es al 50%, es decir, es cosa de dos. Nunca toda la responsabilidad ni toda la culpa es del otro. Incluso aunque yo te hubiese malcriado, tú siempre podrías haber reaccionado de otra manera.
Freud ha venido a liberarme. Ya no puedes culparme de tus traumas actuales, ni de tus desdichas. Deja de engañarte y haz algo por vivir la vida, lejos del sufrimiento. A cierta edad lo que nos pasa es decisión nuestra, inconsciente, pero decisión nuestra. Y eso quiere decir que nada de lo que le pasa al sujeto le ocurre sin su participación.
Frente a posibles traumas el psicoanálisis permite entrar en un nuevo mundo sin salir del mundo, porque facilita una nueva manera de pensar que hace surgir en cada uno un nuevo hombre, una nueva mujer, un nuevo padre, una nueva madre, una nueva manera de vivir y morir. Hija, si quieres te regalo tu primera sesión. Tal vez así te liberes de tus tendencias más intimas, que esas sí que son las que te están matando.
Un día me dijeron que en las relaciones familiares a veces había que poner distancia. Pero distancia emocional y no distancia geográfica. Te digo esto porque aunque hace tiempo que te fuiste de casa, me temo que aún no has sabido separarte de esa ideología familiar, que según dices tanto te perjudica. Como estarás viendo, tienes que hacer un trabajo para que las cosas te vayan de otra manera. A mi me costó aprenderlo, pero la vida es un trabajo.
Que sepas, hija mía, que con lo que te estoy diciendo, soy más joven que tú. A mis 43 me he permitido cambiar de pensamiento, y cambiar de pensamiento siempre rejuvenece. Algo sí que podrías aprender de mí, a pesar del sermoncito que te estoy dando.
Un beso de tu madre, que tiene tanto poderío porque tú se lo das, y no porque yo lo tenga.
P.D.
Ni yo soy tan buena ni tu eres tan mala, ni cualquier combinación posible de esas palabra. Se trata de querer lo mejor para uno mismo, y esto que parece tan obvio, me parece que para ti no lo es tanto.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Ago 2, 2007
Querido,
Me hallo pobre de espíritu, como si dijéramos enfermo del alma.
Me encuentro torpe para decir lo que me pasa, impotente diría yo. Tengo muy pocos recursos para ver la vida de otra manera. Y esa es toda mi pobreza. Además, seguro que esta burda fragilidad, también me está afectando al bolsillo.
Me cuesta escribirte y he pensado en ir al médico por ello. Hay días en que no atino ninguna combinación de palabras, parezco un disco rayado. Claro, a mí apenas me han enseñado a escribir, apenas uno letras, letras que hagan palabras, palabras que hagan frases, frases que construyan mi vida. Lo que mejor he aprendido es a tomar café. Y para ser feliz me hace falta el café, pero también algo más.
Estaba escuchando en la radio, un programa que se llama una Cita con la palabra, y han dicho que lo que me pasa no es una cuestión de médicos sino de psicoanalistas. Decían que no hace falta estar en cuarentena para conocer la peste, que se puede leer La peste de Albert Camus o Muerte en Venecia de Thomas Mann. Y que la cultura es salud y la lectura nos salva de alguna ignorancia y de algunos prejuicios.
Leer es como vivir varias vidas, eso decían en el programa, y la verdad es que me ha hecho reflexionar. Entiendo que el arte, más allá de cumplir una función lúdica o estética también sirven de ejemplos de vida. De esta forma ya nadie puede decir que no hace cosas porque nunca han tenido nadie de quien aprender. No tener ejemplos cerca ya no es una excusa, porque el mundo es mucho más que el pequeño entorno que nos rodea. No todo se aprende en la familia, se aprende también de los compañeros de trabajo, la televisión, la literatura. Pero claro, uno se resiste a hacer las cosas de manera distinta a su familia.
Me ha convencido eso de que si leo, veo cuadros, películas, mi vida serán más vidas. Tal vez de la literatura, la pintura, las películas, pueda captar otra visión del amor, otra visión de la guerra, otra visión de la política, la amistad, el dinero…
Así, acompañada de la historia, espero que más tarde lleguen los días donde yo me enfrente a la página en blanco o a la tela. Y a ver si desarrollo esta facultad que dicen que está en nosotros. Claro que ya sé que no es sin trabajo. El secreto dicen, es practicar.
Leer y practicar para que mi vida cobre otra dimensión. Para que mi mirada deje de ser pobre. Para ver más allá de mi carne. Para como decía el Marqués de Sade saber sobre mis deberes con la sociedad, lo que me debo a m mismo o lo que le debo a los demás.
Un escueto saludo para ti.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Jul 30, 2007
¿Es verdad que existe la depresión de los 40? ¿es mentira? ¿es una verdad a medias? Hace unas semanas le hicieron una entrevista a Alejandro Sanz donde le hacían la siguiente pregunta: «¿Y qué tal lleva la crisis de los 40 que se acerca?». A lo que Alejandro Sanz contestó lo siguiente: «No he notado crisis en ningún momento de mi vida. Tengo amigos que con 18 años han tenido crisis, porque es gente que tienen crisis, ya sea a los 30 ó los 40. Habrá personas a las que la crisis de los 40 les ataque, pero a mí por el momento no».
Temo que no es una cuestión sólo de este periodista, sino de la gente en general. El periodista con su pregunta da por sentado que a esa edad hay una crisis. Es como tener un pre-juicio de lo que puede pasar cuando uno cumple los 40. Y suele pasar que cuando un piensa mal, al final uno está más predispuesto a encontrarse con eso que pensó.
Como acertadamente señala Alejandro Sanz, hay gente que tiene crisis, independientemente de si llega a los 30 ó los 40. Puede decirse que la depresión no es una cuestión de la edad sino más bien de lo que cada uno vaya pensando con la edad que tiene. Por ejemplo, no es lo mismo tener 40 años y pensar que ya uno no sirve para nada; o pensar qué hace uno si ya ha tenido hijos y lleva media vida trabajando. Que tener 40 años e iniciar un proyecto nuevo y pensar que queda mucho por hacer. Evidentemente no es lo mismo vivir pensando una cosa que otra.
La depresión, o las crisis, no son una cuestión tan sencilla ni vinculada a los años que se tienen. La depresión está más bien relacionada con la ideología que nos sostiene, las experiencias que se han vivido, o la forma en la que se vive la vida. Quizá lo que hace que la depresión de los 40 sea una verdad a medias, es que muchas personas se dan cuenta de que no tienen la vida que ellos esperaban, se sienten desilusionados porque no han conseguido lo que querían, o porque pensaban que el destino les daría algo que nunca les termina de llegar. Pero esto puede pasar a los 40, a los 50 ó a los 30. De todos modos, darse cuenta de las cosas, o de que nuestra vida no se corresponde con nuestros ideales, no es un motivo para deprimirse, sino una oportunidad para seguir creciendo y vivir la vida de otra manera.
No es obligatorio tener crisis a ninguna edad, pero el que las tiene, las puede utilizar para crecer y no para quedarse paralizado. Crecer da mucha satisfacción. En cualquier caso, ya sabemos que las cosas no pasan de repente. Tenemos que ocuparnos de cómo queremos vivir el mañana para ir construyéndolo desde hoy.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Málaga
Jul 12, 2007
Querido lector,
Ante todo, gracias por ser un amante de la lectura. A mí, algo que me gusta, es cuando lees mis cartas con atención y un día te acercas a mí, y me comentas algo de lo que te he dicho. Porque la verdad no todos los que leen, leen con atención.
La actualidad siempre está presente en nuestras vidas, y a veces con noticias un tanto surrealistas, como la de la astronauta que da a entender que por tener esa profesión uno está libre de sentimientos como los celos, la envidia o el odio. La actualidad para mí hoy, es que llevo tres años fiel cada viernes a mi cita con la escritura. Hago referencia a mi realidad porque uno raramente tiene visión de la propia realidad. Necesitamos un tercero para que nos dé cuenta de ello. Nosotros, de nosotros mismos, lo que solemos tener son creencias, sensaciones, rara vez nos damos cuenta de la posición que ocupamos.
Entre otras cosas, escribo porque existe en mí una especie de deuda. Todo el conocimiento que he recibido, a través de la lectura, los profesores, la experiencia, no se pueden, ni quiero, que queden en mí. Escribirte es una forma de dar cuentas de mi aprendizaje. Y por qué no, una forma de dejar crecer a aquel que pueda sacar algún provecho. Respecto a eso de poder crecer, a veces el camino para avanzar es permitirnos escuchar cosas con las cuales estamos en desacuerdo, pero es bastante habitual que seamos poco tolerantes para escuchar cosas que no nos gustan. Por eso sé, que hay a quien puede leer 1000 libros o escuchar 100 interpretaciones y permanecer idéntico a sí mismo. Para cambiar, sobre todo hace falta mucho deseo y trabajo.
Son tres años escribiendo semanalmente, y la verdad es que la mayoría de las veces disfruto haciéndolo. Aunque también puedo reconocer que no siempre me resulta una tarea fácil. No todo es fortaleza y pasión. El problema llega cuando me paro a pensar y por ejemplo, me digo que para qué hago las cosas. La cuestión es que si uno incorpora las cosas a su vida como una tarea más no las nota, y se trata de ir haciendo porque eso es lo que hace nuestra vida, y no para nada más. La cuestión es que el humano suele necesitar un «para qué». Nuestra vida, sin nuestros compromisos, prácticamente no es nada.
Seguramente todos tenemos algo que decir, algo que escribir. Te regalo esta frase de Charles Dickens: «El hombre nunca sabe de lo que es capaz, hasta que lo intenta».
Una vez más, gracias por recibir mis letras.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Jul 10, 2007
Martes 10 de julio. Pleno verano y ayer me di un festín. El festín no fue de pescadito y cerveza sentada a orilla del mediterráneo. Tampoco fue de helado de chocolate. Ni de hombres que bebían los vientos por mí.
Fue un festín de palabras. Escuché muchas cosas entre ellas que era mejor vivir acompañados que solos. Que a los hijos es mejor tratarlos como personas pequeñas, luego como adolescentes y luego como adultos, y no tratarlos como «mis hijos», como si de una posesión se tratara. También me impactó otra cosa de las que allí se dijo: hay veces en la vida, que hay que reconocer cosas horribles, por ejemplo que gracias a mi compañero maniático y maltratador yo me fui del trabajo y ahora me he conseguido otro trabajo mejor, casi se podría decir que estoy en deuda con ese sin nombre porque gracias a su sadismo yo he mejorado mi calidad de vida.
Cuando terminó el acto yo me sentía cargada de energía, ilusionada, con otra visión de algunas cosas. Ni alcohol, ni sexo, ni tampoco drogas. Fueron suficientes unas palabras para producirme esas sensaciones. Me di cuenta que no hace falta ser joven para disfrutar, ni para sentirse vivo.
Claro, en defensa de mi emoción tengo que decir que me entregué a la charla, estuve allí escuchando. Porque había una pareja que no paraba de hablar, hacerse carantoñas y hablarse al oído, ¿no hubieran estado mejor en un parque? También había gente que salía cuando quería porque sus teléfonos no paraban de sonar. Sonaban durante al menos un minuto, torpes para encontrarlos e incapaces de apagarlos hasta que llegaba a la puerta de salida. Respecto a lo de los teléfonos, merece que le dedique unos cuantos párrafos.
Cuando un móvil suena en un sitio que no debe sonar ¿qué pasa? Se me ocurren muchas cuestiones. ¿Se trata simplemente de personas despistadas?¿son personas tan imprescindibles que no pueden apagar su móvil? ¿o se trata de personas que están allí de rebote y su verdadero interés es otro? No puedo evitar atender a las explicaciones que tienen en cuenta el inconsciente. ¿Son personas envidiosas que quieren sabotear el encuentro? ¿son personas generosas que quieren invitar a la charla al que está al otro lado del teléfono? Supongo que cada uno tiene su excusa de la que difícilmente se hace responsable.
Sea cual sea la razón, me parece una falta de consideración hacia el toro. Y hay que decirlo, se trata de personas mal educadas que no les importa molestar a los demás con esas músicas estrambóticas.
En fin, «un festín en el que todos los corazones se abrían», si uno quería. Un subidón a base de palabras que ni el más zafio de los politonos podía estropear.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
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Jul 4, 2007
Querido,
Siempre encuentras un motivo para discutir. Además pocos escrúpulos tienes a la hora de enzarzarte, con tu pareja, con tus hijos, con tus amigos, con tu jefe, hasta con el pescadero. A veces me has dicho, que verte metido en tanta discusión te hace considerarte una persona con mala suerte y con cierto gafe.
Sé que hay veces que, no sólo tú, sino también tu entorno, te ven como una persona incomprendida y que todo el mundo está contra ti. Pero sería más acertado pensar que en lugar de considerarte una persona desafortunada, tienes cierto gusto por la discusión y sólo te interesa batallar y no sólo expresarte.
Querido, te cuesta reconocer que tienes gusto por algo que socialmente no está bien visto. Los humanos tendemos a ponernos de buenos, tranquilos, amorosos y casi nos aterroriza reconocer que también podemos sentir odio, celos, envidia, tristeza o lo que se tercie. No voy a entrar a decirte si es bueno o no tener sentimientos hostiles, pero sí que hay que aprender a arreglárselas con ellos.
Retomo la idea de que lo único que te interesa es discutir. Claro que puedes hablar, expresarte, o decir lo que piensas. Pero una cosa es exponer tu idea y poder conversar sobre un tema, y otra cosa bien distinta es querer convencer a toda costa al otro.
Atendiendo a la doble acepción de algunas palabras, ya todos sabemos que «no tener razón» o «perder la razón» también significa estar loco. Me pregunto si tus frecuentes discusiones vienen por el miedo a que te quiten la razón, la cordura. Esto tiene que ver con tu dificultad para aceptar las diferencias. Cuando hablas y ves que el otro tiene una postura distinta a la tuya, crees que te está quitando la razón. No aceptar esa diferencia puede hacernos llegar a la locura. Claro, ante este peligro que vives de forma inconsciente, actúas tratando de convencer al otro a toda costa, para al final quedarte con tu razón.
En fin, ninguno de los dos podemos olvidarnos de que hay que ser más tolerantes para escuchar cosas que no nos gustan. Porque a veces el camino para avanzar es permitirnos escuchar cosas con las cuales estamos en desacuerdo.
No quiero yo tener la última palabra, ni que esto sólo sea cosa mía. Espero una contestación tuya.
Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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