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Dietas milagro

Aunque cualquier momento es bueno, se suele aprovechar el verano para ponerse a dieta. No muchos se preguntan qué es lo que le ha llevado hasta ese sobrepeso, o por qué constantemente tienen cambios de peso. Una vez tomada la decisión de adelgazar, cosa no fácil por lo general, lo único que les interesa ya, es perder peso y cuanto antes mejor.

Respecto a la rapidez en la pérdida de peso, el Ministerio de Sanidad ha hecho una lista con las «dietas milagro» más extendidas e informa de sus riesgos. Según indica este organismo, los signos que permiten reconocer una ‘dieta milagro’ son: la promesa de pérdida de peso rápida -más de cinco kilogramos por mes-, la afirmación de que se puede llevar sin esfuerzo, y el anuncio de que son completamente seguras, sin riesgos para la salud. Como la sabiduría popular indica: lo barato sale caro. En asuntos de salud rara vez los atajos son viables.

Adelgazar tiene que ir acompañado de un cambio de nuestra concepción sobre la comida y la alimentación. Si nos limitamos a ponernos a régimen un periodo de tiempo y luego volvemos a los hábitos de siempre, está claro que recuperaremos el peso. Cualquier transformación de pensamiento lleva su tiempo, por eso que la rapidez de las dietas, es sólo una medida momentánea.

Como decía al principio, pocos se preguntan qué es lo que les ha llevado hasta ese sobrepeso. Y es que las cuestiones de peso están muy vinculadas a la salud psíquica. La mayoría de las personas que tienen sobrepeso, mantienen una relación muy especial con la comida. Hay quien no distingue entre hambre y sed; hay quien utiliza la comida como calmante cuando tienen ansiedad; hay quien come cuando está solo, como si la comida les sirviese de acompañante; hay quien come para callarse la boca; o, por ejemplo, hay quien como porque tiene hambre de conocimiento. Detrás de la obesidad suele haber algún problema psicológico que también hay que tratar. Generalmente, quien goza de cierto nivel de salud suele estar en su peso.

Y aquí es justo dónde nos puede ayudar el psicoanálisis. Como vemos, la comida puede ser un sustituto de muchas cosas. En el tratamiento puede develarse qué posición ocupa uno frente a la comida, para que pase a tener un papel como alimento. También, aquellos para los que la comida supone un placer, y con ello justifican su sobrepeso, deben asumir que hay otros placeres más beneficiosos y por otro lado que la comida es un placer con límites, porque ¿se imaginan comer pollo asado hasta reventar?

El peso no es sólo una cuestión de estética. La obesidad presenta muchas enfermedades asociadas: esperanza de vida inferior a diez años respecto a la persona no obesa, diabetes, hipertensión, cáncer, enfermedades renales, gota, próstata, varices, enfermedades cardiovasculares… A los que les sobran más de unos cuantos kilos les animo que tomen la decisión de cambiar hoy mismo, porque hay otra manera de vivir la vida.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
Nº Colegiada AO- 5262
Telf 951 91 81 21
Málaga

La realidad no importa

Querido,

Andaba el otro día atrapada en pensamientos que nada bueno me aportaban. Yo sé que difícilmente me puedo aplicar los consejos de otros. Lo mejor son palabras que capten mi atención. Por eso, obedeciendo a ese principio, salí en busca de palabras que me liberaran.

Qué sorpresa, cuando escuché de otro, que la libertad no existe, entre otras cosas porque difícilmente puedo escaparme de mi ideología. Y que la realidad no importa, sino lo que cada uno piensa de la realidad. Y esas fueron las palabras que me sirvieron algunos días.

Qué más da tener un padre trabajador y educado, si yo pienso que es un amargado y que poco da a los que están a su alrededor incluido a mí. O que más da tener un trabajo de cierta consideración, donde se gana algo más que la mayoría y se trabajan justo ocho horas si yo pienso que el trabajo es una condena y que me quita la vida.

Y así, según lo que tú piensas, puedes llamar toda una vida a tu padre perro judío o dejar trabajos que en realidad te convenían.

Querido, la realidad da igual, es más, no sabemos si las cosas que han pasado son así o no, ni si son verdad o no, lo que importa es lo que tú piensas de la realidad. Por eso hay que analizar lo que uno piensa y no darle la espalda. Es con ayuda de otros que uno puede construirse un nuevo pensamiento y así poder tener nuevas relaciones con el padre, con el trabajo, con el novio, con la lectura o con lo que se tercie. Como te he dicho otras veces, en ocasiones lo más difícil es deshacerse del «qué pensarán» y del «qué pienso».

Relacionado con el tema de cómo uno puede vivir su propia vida, cayeron en mis manos unas palabras de Almafuerte, que decían algo al respecto: «vive la vida como una vida ajena, es decir: como quisieras que tu compañero, que tu hermano, que tu hijo, viviera la suya». Esto también fueron palabras que me impactaron, porque es cierto que en ocasiones, uno es más considerado con la vida de los demás que con la de uno mismo. Como el típico ejemplo ese, de que se trata mejor y con más respeto al hijo del vecino que al tuyo propio.

Aunque la realidad nos parezca complicada, me he dado cuenta de que somos capaces de adaptarnos a cualquier circunstancia. Por ejemplo, yo puedo sentir pena por mi amigo que se ha quedado cojo, pero resulta que él ha rehecho su vida, ha encontrado mujer y es capaz de desenvolverse. Entonces la pena es mía, está en mí y no en la realidad del otro, que ha conseguido vivir feliz a pesar de las dificultades. En este sentido, todos somos fuertes. De esta forma la compasión o la autocompasión son más una cuestión de pensamiento que de realidad.

Sabiendo que todos somos fuertes, empieza el día para mí. Un beso.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Al desnudo

Querido,

Me juego en esta carta, no solo para mí, para mi posible satisfacción o para mi bienestar, sino que me juego para todos vosotros.

En mi error, en mi locura, en mis palabras, en mi forma de construir la vida os brindo la oportunidad de hacer cosas sin la necesidad de ser perfectos. Con esto quiero decir que mi imperfección os da paso para crecer. En los fallos que cometamos está lo auténticamente humano, y eso da más posibilidad de vida que ser como un robot mecanizado.

Por ejemplo, ¿tú te acercarías a tu madre si esta te mirara con ojos de doña perfecta?¿O tu podrías seguir con tu novio y contarle tu vida si este es una maquinita perfecta? En fin que no sólo daría mucho miedo acercarse a los perfectos sino que también nos limitarían el movimiento.

Antes de darme cuenta de que es la imperfección el motor de la vida, yo podía montar en cólera por cualquier hecho del otro que a mi no me pareciese, justo, correcto, adecuado, ideal…como si yo fuese alguien para juzgar a los demás. Ahora se que las diferencias con mi madre me permiten ser una hija que puede elegir su camino. O que las diferencias con mi novio nos hacen seguir creciendo como pareja. Es la imperfección de los que me rodean, la que me libera a mi de las exigencias de la perfección, vamos de ser divina y con ello rozar la locura. Otra batalla a saldar sería la de la autoexigencia y la lucha contra uno mismo, pero esto es tema de otra carta. A veces no sólo hay que librarse del «que dirán» o el «que pensarán», sino y sobre todo el «que digo» y el «que pienso.

Con mis cartas, te animo a que seas emprendedor, tanto en lo personal como en lo laboral. Que no tengas miedo a ser principiante, toda la vida, si hace falta. Una vez más, gracias por recibir mis letras. Y para que veas que nada nos viene dado, ni escribir, ni pintar, ni tener un novio, ni formar una familia, te mando estos versos de Antonio Machado:

Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Feliz año nuevo

Querido,

Acabamos de estrenar año. Pero no todo el mundo festeja este acontecimiento. Se celebra el Año Nuevo en las culturas que utilizan el calendario gregoriano.

Los diferentes calendarios indican entre otras cosas que no todo el mundo es igual que nosotros. Existe vida, fuera de nuestra familia pero también fuera de nuestro país. A veces fenómenos como el de la inmigración son hechos interesantes porque nos despiertan de nuestro acomodamiento y nuestra idealización y nos muestra que existen muchas vidas y muchas realidades.
El calendario gregoriano es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en la mayoría de países. Se llama así porque su promotor fue el Papa Gregoriano XIII, que sustituyó al calendario juliano que fundó Julio César.
La creación de este calendario permite que las cuestiones religiosas dejen de tener importancia y el calendario pase a ser un instrumento de medición universal.
Como te he dicho, estamos hablando de un instrumento, y su utilidad es más bien la de organizarnos. Pero más allá de los días, los meses, las semanas, el tiempo es inconsciente.
Claro, todos hemos experimentado que a veces 5 minutos nos parecen eternos y otras veces esos mismos 5 minutos nos parecen 10 segundos.
Todo esto para decirte que no tengas prejuicios. Que aunque quede una semana para volver a encontrarnos, lo mismo te parece que era ayer cuando nos abrazábamos.
Esta presentación del tiempo inconsciente es también para animarte con la entrada del año nuevo y los típicos propósitos, a que emprendas muchas cosas. Por que igual, querido, eres de esos que van diciendo por ahí que no hace cosas porque no tienes tiempo, pero ya ves, uno puede tocar el piano 5 minutos y puede quedarle la satisfacción de haber tocado el piano toda la tarde. O uno puede leer aunque sea el prólogo del libro y le queda la satisfacción de ser un lector.
Con el Año Nuevo te he presentado una nueva forma de ver el tiempo con la que podrías mejorar tu calidad de vida. Porque no vayas a pensar que el simple cambio de fecha produce algún cambio personal. Tenemos que pensar que ni las cosas ni el tiempo se tienen o vienen de antemano, todo se construye. Es cuando quiero hacer algo, que seguro que encuentro el tiempo necesario. Es cuando quiero algo, que seguro que pongo todo el trabajo necesario para construirlo. Por eso que no se trata de ser super-personas, sino de que con deseo uno encuentra un tiempo para cada cosa.
Un beso, y ya ves que si quieres crecer, la verdad, es que pocas excusas te van quedando.

 

Genoveva Navarro
Psicologa Psicoanalista
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Carta de Navidad

Querido,

Estamos en fechas señaladas. No sé si sabes que el Psicoanálisis, además de tratar cuestiones patológicas, es también una forma de interpretar la realidad. Por ello casi me veo obligada a hablar de la Navidad.

A mí me gustan estos días: las luces, las compras, ver a gente que no sueles ver, reunirte con la familia, hacer balance del año. Pero yo sé que a muchas personas estas fechas le dan tristeza o justo encuentran en Navidad el momento perfecto para pelearse.

Las reuniones familiares traen a más de uno por la calle de la amargura, porque a veces uno se lleva bien con su familia y otras veces… Son días de mucha proximidad entre suegras, cuñados, yernos… lo que suele suceder es que se reúnen varias familias distintas y, claro, nos cuesta tolerar que cada una tiene su forma de hacer y entender las cosas. Por eso, sobre todo hay que tener educación y ser capaces de aceptar las diferencias. Se trata, porque no decirlo, de saber estar en compañía de otros y ser capaces de celebrar lo bien que estamos.

Me pregunto por qué nos peleamos con quien nos importa. Y es que creo que justo somos menos permisivos con la gente cercana, como si esa cercanía nos diese licencia para ser más exigentes con el otro.

Yendo más allá, tengo que decir que no sólo atentamos contra seres queridos, sino contra todo pacto, por ejemplo contra el trabajo, contra las aficiones, es decir, contra todo lo que nos conforma. A este respecto, Freud ya habló del concepto de ambivalencia, la relación de amor-odio respecto a un mismo objeto. Habló de una presencia simultánea, ya sea en relación a personas, objetos o situaciones, de tendencias, actitudes y sentimientos opuestos. Hay personas que por no resolver el tener dos sentimientos contrarios hacia la misma persona, se van quedando solos, aislados. Ermitaños.

Volviendo a la Navidad, también hay que decir que es una buena ocasión para pensar en los demás, no sólo en uno. Buena idea es regalar palabras y afectos, porque no sabemos si a alguien, algún día le vendrán bien. Hecho este, todos habremos pensado alguna vez, podría trasladarse a todos los días del año. Más que tratar de aparentar cierta felicidad estos días, cada cual podría tratar de ser feliz cada día.

Un beso y espero que te permitas pasar unas buenas fiestas y que tengas capacidad de disfrutar, porque yo sé que hay mucha gente que siempre va en contra de sí misma.

Felices fiestas.

Carta a un impuntual

Querido impuntual,

Casi siempre llegas tarde, a citas de trabajos, a citas con chicas, con amigos, con la familia. Lo que se repite es que llegas tarde.

Tu acto de impuntualidad lo veo un doble atentado. Por un lado es como si no tuvieses en cuenta al otro y no fueses capaz de valor su tiempo. Por otro lado y evidentemente, tampoco eres capaz de administrar tu tiempo.

De verdad estoy cansada de que siempre tengas una excusa para justificar tu impuntualidad: un día es el tráfico, otro día el teléfono, otro día se te avería el coche, otro día es un olvido, montones de factores externos que parecen que atentan contra ti. Pero, ¿dónde queda tu responsabilidad? Es más lógico pensar que hay algo en ti que te hace llegar tarde. Pensando de esta manera estás dejando a un lado la mala suerte, y así puedes hacer algo para que las cosas te ocurran de manera diferente.

Yo, que quedo contigo muy a menudo, tengo que tener muy claro donde posicionarme: si enfadarme o no enfadarme. Por mi forma de afrontar la vida cotidiana, tengo muchos factores a mi favor para no enfadarme aunque la situación no sea justificable.
Por ejemplo, entiendo que no puedes hacer las cosas igual que yo, y que tengo que ser tolerante y pedir las cosas con modales y educación. Porque hay que ser respetuosos para que los demás te puedan respetar. Tal vez enfadarme sólo sirva para invadir tus límites, acaso para hacerte daño, hacerte sufrir; o acaso para modificar tus formas; o acaso para manipularte. Seguramente recurrir al enfado no es más que una forma de exigencia.

Ya ves que enfadarme sería exagerado y además no serviría de nada porque una reprimenda exterior no cambia ningún funcionamiento interior. Por todo eso, he preferido interpretar tu impuntualidad, ese hecho tan característico tuyo. Y es que a veces tengo la impresión de que con esa impuntualidad quisieras jugar al despiste. Pero puedes preguntarte ¿despistar a quien? Sin duda, a la muerte.

El impuntual trata de escabullirse de su hora. Se cree que por no llegar nunca a tiempo también podrá ser impuntual a la hora de la muerte. Y lo que no sabe es que la hora de la muerte es la que te busca.

Ya sé que sólo puedo comprometerme con mi deseo y no con los tuyos ni con los de nadie. Cada cual sólo está en condiciones de exigirse a uno mismo.

Así que un beso y trata de manejar tu tiempo, en lugar de que el tiempo te plantee tantas contrariedades.

Carta a la vida

Querida vida,

Llamarte bonita es aceptar que eres caprichosa. Sometida a la tiranía de tus caprichos y sabiendo que pocas cosas siguen una lógica consciente y racional, entenderás que vivirte no resulta nada fácil.

Me haces con celos, con envidia, con cabezonería, me haces con un montón de sentimientos y yo tengo aprender a arreglármelas con ellos. Esto tampoco es fácil. Lo peor de todo, es que una vez que he descubierto el funcionamiento humano ya no puedo hacerme la inocente. Por ejemplo, ahora que sé que el humano es envidioso, tengo que entrar yo primero por la puerta y que la envidia se quede fuera.

Además me haces mortal, y si no lo acepto rápido, te maltrato y no aprecio el tiempo que me das lo suficiente como para aprovecharlo cada día. No aceptar la mortalidad conllevaría vivirte insatisfecha, llorando por lo que nunca tendré, triste casi sin saber porqué. Con todo esto, para verte bella me haces amar lo perecedero, me haces amar los cambios. Y una vez más, eso tampoco resulta fácil.

También me haces llena de palabras, y una por una tengo que ir conquistando significantes para no tener una vida de 800 palabras sino de 5000. Ir conquistando palabras para saber que el tiempo es mucho más que el clima, por ejemplo. Y más me vale aplicarme porque la única diferencia entre el resto de seres vivos y los humanos es el lenguaje. Así que si no quiero ser un borrico de oro…

Sobre todo, de todas las vidas posibles me haces elegir la mía propia. Me haces decidir y a veces tanta libertad me pesa en lugar de hacerme ligera como una paloma. Dijo Alberti: «se equivocó la paloma, se equivocaba…». Te confieso que no me termina de gustar que todo se sabe a posteriori y que no hay decisión perfecta. Casi me obligas a la salud, porque no elige igual una persona que goza de salud psíquica que una persona neurótica. No elige igual quien conoce no todas, pero sí muchas de las posibilidades reales, que quien elige entre opciones imaginarias o fantaseadas.

Para colmo además de tus caprichos, tengo que soportar los míos propios que no son pocos. Si un día estoy triste, todo mi pasado lo pinto triste y si un día estoy alegre, todo mi pasado lo pinto alegre, un poco injusto ¿no?

Querida vida, a ver si tú y yo nos vamos entendiendo. Porque en definitiva, odiarte no es más que una forma negativa de amarte, y la indiferencia me parece una práctica imposible porque los días con sol al final me llegan al corazón.

Quiero cambiar

Querido, a ti que quieres cambiar.

Decir «quiero cambiar» implica muchas cosas. Pero por ahora sólo hay constancia de que lo has dicho, habrás de someterte a la incertidumbre para saber si de verdad lo deseas y pasas a la acción. «Vives como deseas» y si aceptas la regla del deseo, quiere decir que si quieres vivir de otra manera tienes que cambiar el deseo, tienes que articularte en otra estructuración significante. Tienes que introducir un nuevo pacto en tu vida.

Sé que a veces quieres cambiar pero no puedes. Existe una ambivalencia en ti. Y es que no podemos olvidar que en todo acto está implicado el aparato psíquico, no podemos olvidarnos del inconsciente. Aun así, tengo que decirte que si las cosas no te marchan bien, no es por ningún trauma físico o psíquico, nada de eso, es únicamente por tu manera de concebir lo humano. Por eso que cambiar es sencillamente, ir incorporando cosas nuevas a la vida hasta hacerlo parte de la vida cotidiana. Nada de grandes revoluciones. Muchas veces un pequeño cambio de pensamiento, permite grandes cambios en el exterior. Una nueva posición psíquica coloca al sujeto en una nueva posición en el mundo, lo que conlleva un cambio de la realidad sin que la realidad haya cambiado, porque en ocasiones no se trata de cambiar la realidad sino de transformarse respecto a las verdades humanas.

Darse cuenta de las situaciones es el primer paso. Luego también hay que ver que uno está implicado en las cosas que le pasan, y que nada es aleatorio y casual. Lejos de ser algo fatal, los errores o las equivocaciones, son una manera de crecer. De nada sirve lamentarse y arrepentirse. Para que las cosas sean distintas hay que ocuparse de hacerlo diferente la próxima vez.

Por supuesto que todo esto es con trabajo. Pero no te creas que estar mal no te lleva trabajo. Es más, supone el mismo gasto de energía estar mal que estar bien. Y todavía más, ni si quiera necesita más energía, es sencillamente poner la que ya tienes en otra parte. Y no me pongas por excusa que no cambias porque no tienes ninguna razón para hacerlo: ni pareja, ni hijos… Para cambiar no necesitas ser importante para tal o para cual, tienes que ser importante para ti mismo, porque las cosas no hay que hacerlas por necesidad, sino por deseo.

Empiezo a pensar que si no te gusta la vida que llevas y no buscas soluciones, ¿no será que en el fondo te gusta estar insatisfecho? En definitiva, ser una persona nerviosa, triste, un solitario, un depresivo, es una decisión de la persona. De las situaciones problemáticas o de las enfermedades sólo se cura el que quiere salir de ahí. Los que le encuentran un beneficio secundario nunca van a querer salir.

Un beso sin compasión. Un beso más bien deseante de que cambies de verdad, porque yo ya me aburro de escuchar tu lista de males, tus desgracias y desaventura. A ver si me quieres como dices, o mejor dicho a ver si te quieres bien tú mismo y empiezas a hablarme de proyectos, de deseos, viajes y amores.

Adictos al trabajo

Mucha ambición y poca capacidad de trabajo, es malo y enferma,
mas mucha capacidad de trabajo y poca gratificación,
no sólo enferma, también es estúpido
Pensamiento Grupo Cero

Las vacaciones son la época perfecta para hacer esas cosas que siempre queremos pero que nunca tenemos tiempo. Hacer cosas diferentes, aprender, cambiar de actividades… Lo único que no se va de vacaciones es el aparato psíquico, por eso, para que nuestro psiquismo no pase hambre y no nos aburramos podemos jugar con la palabras. Hablaremos de los «wokholic» o en español, de los adictos al trabajo.

La mayoría de nosotros, daríamos lo que fuese por unas vacaciones, sin embargo hay personas que las evitan. En esta vida hay que aprender mucho. Hasta hay que aprender a tomar vacaciones. Romper con lo cotidiano implica una ambigüedad, por un lado es un balón de oxígeno para salir de la rutina, pero por otro lado se abre un vacío que si no sabemos llenar puede producirnos angustia.

Quienes evitan tomar vacaciones puede que sólo sepan trabajar, y puede que el resto de su vida sea pobre. Parece que esta adicción tiene mejor consideración social que ser adicto a una sustancia, pero hay que entender que como cualquier adicción es una forma de refugiarse en el trabajo y huir de situaciones personales, sociales, familiares.

Resulta curioso que hay personas que justo se enferman o se lesionan cuando llegan sus vacaciones. Seguro que conocéis algún caso de fulanito que se rompió la pierna y no pudo hacer su viaje. Parece que hay personas a las que les cuesta disfrutar o que necesitan cierta dosis de castigo.

¿Quién es un adicto al trabajo?
A estas alturas no podemos negar todos los aspectos positivos que aporta el trabajo a una persona. Pero como cualquier cosa en exceso, puede ser perjudicial. Cuando cometemos excesos quiere decir que hay mucha pulsión de muerte en nosotros. Son acciones que ponen en peligro nuestra integridad y supervivencia: arriesgarse con el coche, con el trabajo, con el sexo, fumar en exceso, comer en exceso… A veces trabajamos demasiado a favor de nuestro propio perjuicio.

No hay que confundir a las personas trabajadoras y responsables o a las que trabajan más de 8 horas al día por necesidad económica o profesional de manera temporal con las que realmente sufren una adicción al trabajo. Trabajar muchas horas no es sinónimo de adicción. Los adictos al trabajo, son personas que siempre dedican a su trabajo más tiempo de lo que exige la situación.

Esta situación afecta negativamente a muchas relaciones de pareja, está claro que hay que saber distribuir el tiempo, poder amar más de una cosa, ni sólo a mi pareja ni sólo a mi trabajo. No hay que estar escasos en amores. El ser humano tiene la virtud de desear más de una cosa. Anímense a desear, que el humano está hecho para sumar y sumar. Podríamos decir a menos deseos mayor malestar y desánimo.

Telerrealidad

La actualidad al diván: «unos van al psicólogo, otros buscan ese apoyo en la televisión»

Hace unos días aparecía en el periódico un titular que decía: «unos van al psicólogo, otros buscan ese apoyo en la televisión». En el artículo se hablaba, entre otras cosas, de un programa de televisión, de esos en los que los invitados tratan de solucionar ante las cámaras y delante de todo el país, las desavenencias de sus vidas. Aunque yo diría, que más que solucionar sus preocupaciones, las muestran.

Por qué alguien podría elegir un programa de televisión para intentar mejorar su vida, en lugar de un consultorio, habría que preguntárselo a ellos. Pero lo que está claro, es que los resultados de ir a un sitio u a otro, no son los mismos.

En el artículo, se explicaba algo así: «muchos de los que vienen al programa se animan, dicen que se hacen más fuertes al decir lo que sienten delante del público». Lo importante para el ser humano es hablar, pero no de cualquier manera. A modo de comparación: uno tiene derecho de comer y de dormir y muchas otras cosas, pero uno no come ni duerme de cualquier manera, ni en cualquier sitio; ¿por qué entonces, aún teniendo derecho de hablar, hay que hablar de cualquier manera y en cualquier sitio?

Para la transformación de las personas no es bastante la mera comunicación de los problemas. Freud en 1900 se dio cuenta que la simple comunicación, el simple conocimiento, no exime a la persona de sus padecimientos, y que si hubiera algún efecto, estos serían poco duraderos. Renunció con ello al método catártico y al método hipnótico, produciendo un nuevo método, la asociación libre, que en el campo de la transferencia psicoanalítica, permite la transformación del paciente. No sólo basta el mero desahogo, sino que lo terapéutico lo constituye el desarrollo de la capacidad de transformar el discurso, es decir, poder hablar de otras cosas. El discurso de la mayoría de las personas está recortado de una manera particular que le hace vivir la vida de ese modo.

Estos «programas de las sillas» como se les suele llamar, más allá de que sean un espectáculo, un entretenimiento o una terapia, cumplen también otra función. Sirven como ejemplos de vida. Y es que, mucha gente dice no hacer cosas, porque nunca han tenido nadie de quien aprender. No tener ejemplos cerca no es una excusa, porque el mundo es mucho más que el mundo que el pequeño entorno que nos rodea. No todo se aprende en la familia, se aprende también de los compañeros de trabajo, la televisión, la literatura. Pero claro, uno se resiste a no hacer las cosas de manera distinta a su familia.